Norma Helena Gadea con su hija María Candelaria, juntas durante la Nochebuena del año pasado. LA PRENSA/CORTESÍA

¡Que viva la tradición!

Aferrada a las tradiciones Norma Helena Gadea Cada Navidad Norma Helena Gadea se traslada a Ocotal, su tierra natal, ya que desde niña la tradición familiar es celebrar juntos la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. La cantante nicaragüense cuenta que varios de sus hermanos están regados por el mundo, pero los que están en el […]

  • Aferrada a las tradiciones

Norma Helena Gadea

Cada Navidad Norma Helena Gadea se traslada a Ocotal, su tierra natal, ya que desde niña la tradición familiar es celebrar juntos la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. La cantante nicaragüense cuenta que varios de sus hermanos están regados por el mundo, pero los que están en el país se reúnen donde su padre. “Nos juntamos con nuestros hijos, esa fecha es sagrada, todos vamos para Ocotal a acompañar a mi papá”.

El relleno es una receta que Norma Helena heredó de su madre y ésta de sus antepasados. Cuenta con orgullo que es una receta que por años ha pasado por las manos de las mujeres de su familia y que hoy ella elabora con tanto gusto.

“Soy aferrada a las tradiciones de mi infancia. Venir acarreando una receta de cocina de quién sabe cuántos años atrás y lograr hacerla, esperarme todo el año para hacerla ese día, es algo increíble, me encanta sentir que mi madre está presente no sólo en el espíritu que es omnipresente en nuestra mesa cotidiana, sino que está ahí con el sabor”, señala.

Norma Helena se declara una soñadora y aferrada a las tradiciones. Afirma que diciembre es el mes más hermoso del año, por la fantasía, la magia y el espíritu navideño que se vive. “La Navidad es una cosa que se lleva por dentro y si todos los seres humanos viviéramos con el espíritu de la Navidad, no existieran las guerras”.

Para esta fecha especial la música de temporada no falta en la casa de la familia Gadea y desde que la cantante sacó su disco de música navideña lo suenan una y otra vez la noche del 24.

“Este año la Navidad no será igual”, dice Norma Helena, con lágrimas en sus ojos, ya que se han ido dos de sus seres queridos.

La carta no podía faltar

Hasta los 12 años de edad Norma Helena le escribió cartas al Niño Dios. Cuenta que se aferraba a su fantasía, pero fue cuando su Niño Dios le regaló un disco de Juan Manuel Cerrato que perdió la fantasía. “Mi padre nos enseñó —por eso debo hacerle una reverencia— muchos valores, pero además nos enseñó a pedirle al Niño Dios por la paz del mundo, la salud y el bienestar de la familia”.

En la casa de Norma Helena eran siete hermanos y todos hacían su carta al Niño Dios desde un mes antes. Recuerda que la ponían detrás de un cuadro del Corazón de Jesús, que estaba en la sala y diario iban a ver si las cartas ya se habían ido. Una semana antes de la Navidad el Niño Dios llegaba por ellas y cuando esas cartas no amanecían era todo un jolgorio en la casa, así que el siguiente paso era poner una enorme caja a la par de su cama para esperar los regalos. Además, recuerda que su mamá siempre les hacía —por lo menos a las dos niñas— un camisón para dormir esa noche; todo era parte del ritual.

“Mi hermano mayor siempre estaba espiando a ver si miraba al Niño Dios y el 25 salía jurando que lo había visto, era mágico. Mi niñez fue excelente, llena de fantasías y parte de la felicidad de mi niñez era diciembre, las purísimas, la Navidad y de remate mi cumpleaños. Nosotros luchamos en la casa para que la tradición se mantenga. A nuestros sobrinos, el Niño Dios les pone los regalos en la cama e igual lo hice con mi hija, María Candelaria, quien durante muchos años también siguió la tradición de hacer la carta al Niño Dios”.

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