La nota de los músicos
A Carlos Quinto Altamirano, Andrés Sánchez y Weimar Serrano Caldera, todos músicos
El latido de mi guitarra es corroborado como un infinito saludo y pleitesía al sentimiento humano, y como contrariedad del tiempo, por la diversidad en la unidad de los sonidos que emite, les comentaba Andrés a Carlos y a Weimar. Bástame en esta calle secreta tomar posesión inocente como que fuese el repetidor de mentiras, pero la verdad es el cascabel del balcón, inquirió Carlos. ¡Oh!, infalible y delicado humor humano, que con mi piano mitológico has sido el aliento para aquellos ojos ciegos y oídos que coronan la terneza, replicó Weimar. Entonces, todos en esa noche repleta de neblina y llovizna se lanzaron estruendosas carcajadas y risas al compás de la imaginación que les dictaba su mente elástica y musical. Entonces vino el gran gato del tejado, pero esto no es el final, es el prefinal, y lo ubico en el tratado del verismo de la vida, concluyó Carlos, el músico tumbero por excelencia.
Interferencias y máscaras
El teléfono en la madrugada timbraba incesantemente, Danilo a regañadientes tomó el auricular y escuchó una voz extraña que decía: Cuando uno está con gran alegría, no se puede estar en vela, pero vas a llevar la máscara, le decía esa voz al escucha. Claro, sólo espero amanezca y se la llevo al pintor para que me la retoque, la embellezca, el uno le contestaba al otro. Danilo, que había atendido el teléfono, estaba asombrado de semejante plática y dilucidaba mentalmente: Pero, qué es esto que estoy escuchando, quiénes serán esos de las máscaras a esta altas horas de la noche. Bueno, volveré a dormirme. Pero aproximadamente a los treinta minutos volvió a repicar el teléfono, Danilo lo atendió y ahora escuchaba: No, ahí no es, métela por aquí y etcétera. Qué perturban estas interferencias.
Veremos más
José le comentaba a su hermano: Lo que más me llama la atención de los actos sociales es que el arte de la conversación ha muerto. Es que desde hace algún tiempo dejamos de leer, es por eso que ahora se nos ha olvidado hablar y relacionarnos, le replicó el hermano a José. Todo es cuestión de interpretación, no de imaginación, inquirió José. El hermano asintió con un meneo de cabeza y espetó: Es que la vida es como un anagrama en un laberinto dístico.