- Más de 400 tiendas han sido incendiadas tras la muerte de un adolescente a manos de la Policía
EFE
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Las escuadras antimotines libraron ayer nuevas escaramuzas con manifestantes después del funeral de un adolescente cuya muerte a manos de la Policía desencadenó los peores disturbios en décadas en Grecia.
Los policías dispararon gases lacrimógenos para dispersar grupos de jóvenes que arrojaban piedras y palos e incendiaban cestos de desperdicio. No se informó de heridos en los choques que comenzaron en las afueras del cementerio y se propagaron a un distrito cercano.
Decenas de residentes locales se congregaron en las calles para gritar a la Policía que dejara de disparar gases lacrimógenos en esa zona residencial.
Unas 6,000 personas asistieron al funeral ayer y aplaudieron cuando los restos de Alexandros Grigoropulos, de 15 años, fueron transportados desde la iglesia en un féretro blanco cubierto de flores.
Cientos de adolescentes apedrearon y chocaron con la Policía el martes frente al Parlamento antes del funeral.
Las circunstancias que rodean la muerte del joven no están claras, pero los dos policías involucrados han sido arrestados; uno fue acusado de asesinato y el otro como cómplice. El informe de un forense indica que el joven recibió un balazo en el pecho.
CENTROS CERRARON
Las escuelas y universidades de toda Grecia cerraron ayer sus puertas y miles de estudiantes se unieron a las marchas de protesta por la muerte de su compañero, inundando las principales avenidas de la capital.
Pero la protesta pacífica estuvo empañada por la violencia, y muchos de los manifestantes se vieron atrapados en los enfrentamientos entre los radicales y la Policía, que lanzó gases lacrimógenos para dispersar a la multitud. Un grupo de incontrolados destrozó varios escaparates con piedras y causó daños en los vehículos aparcados.
“Es una vergüenza. Me podrían haber matado a mí”, declaraba Diana, una muchacha de 16 años de uno de los colegios que junto a unas 10,000 personas se acercó al centro de Atenas para protestar pacíficamente acompañada por sus padres y profesores.
Los comentaristas dicen que la creciente hostilidad de los jóvenes griegos hacia la autoridad es alimentada por el descontento público por los bajos salarios, la corrupción y una arraigada desconfianza del Gobierno debido a conmociones políticas en el pasado.