- De la Hoya debe pensar en el retiro
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Para el pugilista filipino Manny Pacquiao hubo una llamada telefónica de su presidenta y la sobrecogedora gratitud de un país que finalmente tiene algo que celebrar.
Para Oscar De la Hoya hubo un viaje al hospital y la inexorable realidad que todos los boxeadores deben enfrentar a la larga.
Un peleador está a un paso de convertirse en el siguiente súper astro del pugilismo. El otro deberá contentarse con el hecho de que su cuenta bancaria está bastante robusta, aunque su reputación haya quedado manchada permanentemente.
Pacquiao probablemente continuará con cosas aún mayores, con grandes combates y hasta más dinero por venir.
Asumiendo que aún le quedan algunas neuronas luego de la paliza que recibió la noche del sábado, De la Hoya continuará una vida como empresario y olvidará cualquier pensamiento de regresar al cuadrilátero.
“Sus amigos cercanos y familiares deberían decirle que se acabó”, dijo su entrenador Freddie Roach. “No quiero que termine con alguna enfermedad como la de Parkinson. Él tiene una mente muy clara en este momento, pero eso podría cambiar”, señaló.
Los boxeadores rara vez escuchan tales argumentos. Siempre piensan que aún les queda una pelea pendiente, y casi siempre realizan esa última demasiadas veces.
Desafortunadamente, esas últimas peleas pueden se costosas para su salud, como Roach lo sabe demasiado bien.
Roach entrenó a De la Hoya para el combate que perdió ante Floyd Mayweather Jr., donde vio por primera vez que De la Hoya no pudo lanzar golpes cuando vio posibilidades.
En la esquina contraria en esta ocasión, Roach vio a su peleador dar a De la Hoya tal paliza que éste se rindió luego de recibir golpes en la cara durante ocho asaltos.
Además, el consejo resulta más significativo: el mismo Roach padece el mal de Parkinson.
Nadie lo sabe con certeza, pero es probable que lo obtuvo por recibir demasiados golpes en la cabeza. A Roach también le dijeron que se retirara; pero peleó cinco veces más luego de eso y perdió cuatro de esos combates por sendas golpizas.
Los medicamentos le ayudan a controlar los movimientos involuntarios y evitan que su hablar sea demasiado confuso. Pero Roach no necesita que le recuerden que el boxeo es un negocio que lesiona.
“Espero que Oscar tenga suficiente sentido común para darlo por terminado”, señaló. “Sé que no se quiere ir así, pero si no se va, podría retirarse realmente dañado”, agregó.