La Rebelde Símone de Beauvoir

No quisiera que terminara este año sin recordar a una de las iniciadoras de la lucha por la igualdad de las mujeres como fue la francesa Simone de Beauvoir. Nacida en París en 1908, fue una de las figuras más comprometida con los problemas de la sociedad occidental y se ha convertido en punto referencial […]

No quisiera que terminara este año sin recordar a una de las iniciadoras de la lucha por la igualdad de las mujeres como fue la francesa Simone de Beauvoir. Nacida en París en 1908, fue una de las figuras más comprometida con los problemas de la sociedad occidental y se ha convertido en punto referencial obligado de la cultura europea del siglo XX. Originaria de una familia burguesa y católica, estudió filosofía en la Sorbona, donde conoció a Jean Paul Sartre, la otra gran figura de la literatura y filosofía europea.

En 1929 inició su relación amorosa con Sartre, la que se caracterizó por ser libre y moderna y a veces incluso escandalosa. Esta relación duró prácticamente toda su vida. Gracias a esto se unió al grupo de su compañero, a la vez que daba clases de filosofía en distintas ciudades de Francia como París o Marsella.

La Segunda Guerra Mundial influyó notablemente en su manera de ver la vida y en 1943, en plena invasión de la ciudad de París, por el ejército alemán, Simone de Beauvoir decidió abandonar la docencia optando por dedicarse exclusivamente a escribir. En este momento comienza su nueva vida. Se unió a la Resistencia francesa y además escribió su primera novela La invitada (1943) en la que trata el tema de la libertad y la responsabilidad individual. También aborda este tema en sus siguientes escritos como son La sangre de los otros, (1944) y Los Mandarines (1954.)

Desde ese momento emprendió una intensa vida intelectual, jalonada por ensayos que marcaron una época, como: La vejez o La ceremonia del adiós; relatos como los reunidos en La mujer rota, novela de gran éxito. Todos los hombres son mortales e imágenes. Escribió, además, una extensa biografía compuesta por Memorias de una joven muy formal, La plenitud de la vida, la fuerza de las cosas y Final de cuentas.

Con La mujer rota, Beauvoir incursiona en una literatura descarnada, la que está presente también en Una muerte muy dulce, memoria escrita después de la muerte de su madre. En ésta abundan las descripciones crudas, sin maquillaje, del proceso de la enfermedad de la Sra. Beauvoir:

A las seis y media tomó con placer un poco de caldo y una crema. Y bruscamente se puso a gritar, con la nalga izquierda ardiendo. No era nada de extrañar. Tenía el cuerpo despellejado y mojado por el ácido úrico que se filtraba por la piel; las enfermeras se quemaban los dedos cuando le cambiamos la sábana (Beauvoir: 482)

Es un texto duro y descarnado. Lo que más sorprende es su capacidad para decir las cosas tal como las vio o sintió: “Cuando volvió el doctor P. ella le dijo: “¡Le he visto el vientre! ¡Es espantoso!”. “No, es normal, respondió un poco incómodo. Poupette me dijo “Se está pudriendo viva”… (484) se refiere al cáncer que padeció su madre, y la reacción de su hermana, de horror y asco.

Al terminar la guerra Simone comenzó a trabajar en la revista Les Temps Modernes, cuyo director era Sartre. Durante estos años realizó numerosos viajes recorriendo gran parte de Europa y también visitando países como Cuba, China o Estados Unidos. Toda su literatura se verá influenciada por los postulados del existencialismo, que era la filosofía defendida por Sartre.

Pronto comenzó a escribir sobre las mujeres y en 1949 publicó El segundo sexo. Con este escrito nació el ensayo feminista más importante del siglo XX, en el que la autora trata de analizar la condición de la mujer occidental desde un punto de vista histórico, filosófico y político. De Beauvoir sostuvo que lo determinante en la construcción de la feminidad es el conjunto de procesos culturales y psicológicos que marcan con determinadas atribuciones y prescripciones a las personas con sexo de mujer.

Al tomarse a ella misma como referencia explicativa, le dio a su argumento un etnocentrismo cuestionable desde una perspectiva antropológica, pero también le otorgó la inspiración que conmueve a sus lectoras. La fuerza de El segundo sexo radicó en su capacidad para responder a las inquietudes femeninas del momento y la consagró como la pionera de ese campo de investigación llamado estudios de género.

Cuando le preguntaron “¿Cómo se siente en la vida una mujer de letras?”. Ella responde: “¡Una mujer de letras es una expresión rara!”, y más adelante dice: “No pienso que haya diferencia entre vivir la vida como escritor o como escritora… se me ha reprochado mucho el no haber tenido hijos, mientras que nadie se lo ha reprochado a usted, aunque sea tan normal para un hombre como para una mujer tener hijos y se los pueda querer tanto siendo padre como madre. Pero el reproche ha caído sobre mí porque se piensa que una escritora es, ante todo, una mujer que se distrae escribiendo, lo que no es cierto, porque es el conjunto de una vida que está estructurada por y sobre la escritura y, por tanto, aquello implica montones de renuncias, montones de elecciones también, y éste ha sido mi caso. He vivido verdaderamente en la medida en que quería escribir”.

Tal vez lo verdaderamente impresionante de Simone de Beauvoir es que se trata de una mujer que tempranamente tomó conciencia de su deseo, y aunque éste iba en contra de las tradiciones y de la lógica cultural de la sociedad que le tocó vivir, tuvo la voluntad y la fuerza para convertirlo en realidad. Por eso su importancia no sólo radica en lo que escribió, sino también en su vida, pues, con todo y sus contradicciones, ésta es el testimonio de una mujer que se rebeló contra el statu quo planteando su realización personal a través del trabajo.

En sus memorias se aprecia cómo ella deseaba romper con lo establecido y la vida burguesa, odiaba los clichés, los lugares comunes. En su comportamiento había un rechazo hacia las palabras huecas, las falsas morales. “Yo juzgaba a los demás según esas normas: sólo existían para mí las personas que miraban de frente, sin hacer trampa … un escritor debía ser maldito; todo éxito daba pie a la sospecha… temía que si me dedicaba a escribir me dejaría arrastrar por la sed de éxito, la celebridad, cosas que despreciaba”. (Beauvoir: 266-291) expresa en sus memorias. Muy temprano, casi en la adolescencia, confiesa haber perdido la fe, lo que ella guardó muchos años como un secreto, por no contrariar a sus padres.

En 1947, su relación amorosa con Sartre se rompió. Él mantenía una romance con la actriz Dolores Vanetti. Todo esto provocaba en ella estados de ansiedad. Pero ese mismo año tuvo que viajar a Estados Unidos para dar unas conferencias y allí conoció al escritor Nelson Algren. Con él comenzó una relación que duró hasta 1964. Aunque ella sabía que el amor que sentía por él nunca sería igual al que sentía por Sartre, por ello Algren le pidió en numerosas ocasiones que dejase completamente a Sartre, pero Simone nunca accedió a hacerlo.

En 1954 publicó Los mandarines. Gracias a esta novela Simone fue galardonada con uno de los premios más prestigiosos de Francia, el Premio Goncourt. A los 48 años decidió escribir su biografía. La llamó Memorias de una joven formal. Fue publicada en el año 1958. Esta primera publicación forma parte de otras tres obras más llamadas La fuerza de la edad, publicada en 1960. Tres años más tarde se publicó La fuerza de las cosas y por último, en 1972, Final de cuentas. Estos cuatro tomos sirvieron a muchas mujeres de la época, convirtiendo a Simone en una figura simbólica para todas sus lectoras. Ella era la mujer que había conseguido emanciparse, tomar las riendas de su propia vida. En 1970 escribió un ensayo, La vejez. En él afirma que los ancianos se han convertido en un sector de la sociedad marginado, al igual que los inmigrantes o los pobres. Cuidó a Sartre durante su enfermedad hasta su muerte el 15 de abril de 1980. Un año más tarde Beauvoir publicó un libro para homenajearlo llamado La ceremonia del adiós. Simone de Beauvoir murió el 14 de abril de 1986 en la ciudad donde nació, París.

Lo impresionante de Simone de Beauvoir es que se trata de una mujer que tempranamente tomó conciencia de su deseo. Por eso su importancia no sólo radica en lo que escribió, sino en su vida, con todo y sus contradicciones, ésta es el testimonio de una mujer que se rebeló contra el statu quo planteando su realización personal a través del trabajo

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