Ni Carlos Santana, ni las carreras de caballos, ni las temerarias motos, ni las montadas de toro… Absolutamente nada ha provocado emociones más excitantes en el Estadio Nacional que aquello para lo cual se construyó: el beisbol.
Lamentablemente no se guardan registros de la cantidad de personas que han pagado una entrada para un partido, pero fácilmente más de un millón han dejado su corazón en el coloso de concreto, con los dramáticos sucesos de innumerables encuentros.
Desde la Selección Nacional hasta el equipo símbolo y eterno inquilino del coloso, Indios del Bóer, han impreso imborrables huellas en el campo.
Ese partido de Nicaragua contra Cuba en el Mundial de 1972 es sin dudas el suceso más emotivo, enloquecedor, dramático… Reúne lo que ha significado este edificio para el país.
Su misma inauguración, para el Mundial de 1948, atrajo una de las taquillas jamás vistas, unas 30 mil personas reunidas en una sola estructura.
Y qué decir cuando en 1957 se encendieron las luces de las primeras torres. Una locura.
Se han celebrado las series mundiales de 1948, 1950, 1972, 1973 y 1994. Willie Mays, Roberto Clemente, Orlando Cepeda, son apenas algunas de las muchas estrellas que alguna vez estuvieron ahí.
El ex pelotero Nemesio Porras tendría que ser considerado el hijo por excelencia. Por 20 años, de los 60 que cumple el estadio, fue un digno anfitrión.
Colombia contra Guatemala fue el partido que inauguró el estadio. Nicaragua jugó hasta el 21 de noviembre, un día después, y se perdió ante Panamá.
El estadio ya no ruge como en ese entonces, ahora agoniza.