- Su tiempo de reinventarse
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Para el estándar al que había acostumbrado a sus seguidores, haber llegado a las finales de Roland Garros y Wimbledon, y a las semifinales del Abierto Australiano, no encajaba en el currículo de Roger Federer.
Su majestad tiene una facilidad fuera de serie para jugar tenis. Todos sus golpes son muy naturales, parece no tener que esforzarse para ejecutarlos y, lo más importante, sabe cuándo hacerlos. Muchos jugadores saben golpear desde cualquier punto de la cancha, pero no todos saben usarlos en el momento apropiado.
EL ANTÍDOTO NADAL
Muy pocos tienen la inteligencia emocional, que es saber descifrar cuándo y qué golpe realizar en el momento exacto. A muchos les tiembla la mano, otros no tienen la paciencia, pero Federer, tal como lo hizo durante el Abierto de Estados Unidos de sobremanera contra Andy Murray, se crece en los juegos importantes. Lo anterior es muy cierto, siempre y cuando su rival en turno no se llame Rafael Nadal.
El ex número uno del mundo pierde la lucidez cuando quien está del otro lado de la red es el zurdo de Manacor. Contra el resto de los jugadores tiene la guerra ganada antes de pelearla. El general estadounidense Thomas Jackson dijo: “Alguna vez no se deben tomar consejos de los temores que tienen los individuos”, y Federer, por más insólito que parezca, no ha podido descifrar a Nadal.
Federer parece haber recobrado la confianza, que es vital en el deportista, el alimento que mueve a todo atleta, y que se construye con base en triunfos y aciertos a lo largo de un largo periodo, pero se puede perder en un instante. Roger lo sabe, pero por más que trata, sus esfuerzos son en vano.
CON NUEVOS AIRES
El año que parecía perdido lo rescató con el título en Nueva York, y esos nuevos bríos son los que hacen pensar que habrá Federer para rato, pero, ¿hasta dónde puede llegar?
Para el ganador de 13 coronas de Grand Slam, el principal oponente había sido la historia, hasta que surgió la disyuntiva de cinco letras que se ha convertido en una obsesión.
Lo acepte o no, es otra cosa. La raíz del problema Nadal no la ha atacado Federer. La contratación de José Higueras para que lo ayude a ganar el Roland Garros indica que no ha detectado su contrariedad.
Rafa es sin duda el mejor arcillista de la actualidad, pero Roger y sus secuaces no se han percatado, y pareciera que el segundo mejor es él mismo. Higueras llegó para ayudar a Federer a ganar en arcilla, pero la urgencia apunta en otra dirección: Nadal tiene la ventaja psicológica frente a Federer todo el tiempo, aun en Wimbledon.
En la final de 2007, ganada por Federer, la obtuvo por la mínima diferencia. Sí, Nadal se ha adaptado a las características del pasto del All England Lawn Tennis Club, pero su crecimiento se debe más al dominio que tiene sobre Federer.
Federer conoce mejor que nadie a Rafa. Esta temporada en dos ocasiones sobre polvo de ladrillo, previo a Roland Garros, el helvético cedió grandes ventajas que tenía sobre el español. De nuevo la palabra confianza fue el obstáculo.
REDEFINIRSE A SÍ MISMO
Todos los seres humanos van cambiando conforme pasa el tiempo; es un proceso que no se puede interrumpir. El cambio es automático, pero no así el progreso. Se requiere de un esfuerzo inteligente para mejorar. Por esta misma razón, pienso que los mejores atletas son los que se reinventan. Federer es, sin lugar a dudas, uno de los mejores en la historia, pero está en un periodo en que necesita reinventarse.
Por ejemplo, en su primera etapa Andre Agassi era más que nada apariencia y menos contenido. Ivan Lendl se refirió a él como una derecha con melena. Sus primeras tres finales de Grand Slam las perdió contra jugadores que estaban debutando en una final; su reputación entonces era la de que no podía ganar uno de los grandes.
El cambio drástico vino cuando su entrenador, Brad Gilbert, le enseñó a conocerse a sí mismo, a que valorara su situación, y sobre todo lo convenció de que podía ganar.
Y eso es lo que necesita Federer, alguien que lo ayude a superar el obstáculo español.
El tenis es como cualquier otro deporte: cuando ganas es sólo un juego, pero un infierno cuando pierdes. Y para Federer esas derrotas contra Nadal lo han llevado a perder confianza, y a veces ha estado vulnerable ante jugadores que normalmente no le darían pelea.
En este año difícilmente volverá a ser el número uno del mundo. Ya no sólo está en sus manos, pues depende de lo que haga Rafa y tal vez hasta de lo que logre Novak Djokovic, pero quienes lo marcaron como desahuciado están equivocados.
La genialidad tenística e intelectual de Federer lo ha mantenido en la cima, pero incluso alguien tan grande como él necesita ayuda para volver a ese sitio.