Votar o no votar, recompensa o castigo

En un reportaje de televisión sobre las elecciones municipales del próximo 9 de noviembre, una joven señora de la ciudad de Chinandega aseguró que ella no irá a votar porque ninguno de los candidatos que resulte electo la va a mantener. Cabe preguntarse al respecto, ¿qué tan generalizado en la población estará este criterio de la joven trabajadora chinandegana? ¿Cuántas personas, en todo el país, estarán pensando igual que ella? Es muy difícil responder a estas preguntas, pero con frecuencia se puede escuchar la frase común de que: “si no trabajo no como”.

En realidad, los ciudadanos no ejercen su derecho de votar a cambio de que quienes ganen las elecciones los mantengan de alguna manera, ya sea proporcionándoles un empleo o suministrándoles los medios necesarios de vida, en dinero o en especies. Otra cosa, muy diferente, es que los ciudadanos no emiten su voto por uno u otro candidato o partido político a cambio de nada. De hecho antes de votar los electores valoran a los distintos candidatos y a los partidos políticos que los postulan; analizan sus cualidades y sus defectos personales, sus antecedentes políticos y sus propuestas y programas. El hecho de que el voto sea secreto no significa que el derecho a votar se deba ejercer a ciegas.

Precisamente por eso es que la Iglesia católica le está indicando a sus feligreses qué requisitos morales, políticos y profesionales deben buscar en los candidatos, antes de votar por ellos, e incluso ha especificado cuáles son los pecados electorales que se cometen o es factible cometer en el ejercicio del derecho al voto, o absteniéndose y votando nulo. Sin embargo, no es una simple gratificación, recompensa o retribución personal, la que debe esperar el ciudadano a cambio de su voto. La recompensa del ciudadano que vota bien es la satisfacción por el deber cívico cumplido, por su contribución a elegir a funcionarios que espera van a actuar de manera favorable a la comunidad, en beneficio de cada quien en particular y de todos en general.

La joven trabajadora chinandegana a la que nos hemos referido, dijo con plena convicción que si ella no trabaja nadie le da de comer. Pero también los ciudadanos que votan son personas que trabajan o necesitan tener un empleo remunerado, para ganarse el sustento propio y de sus familias. De allí que el ciudadano deba votar por el candidato y el partido que con sus actuaciones y mediante la aplicación de su programa de gobierno, puedan crear las mejores condiciones posibles para la creación de empleos y la generación de riqueza. Y por eso mismo es que el ciudadano consciente y responsable debe rechazar al candidato y al partido que derrochan demagogia populista, pero con sus programas, discursos y acciones anticapitalistas ahuyentan las inversiones nacionales y extranjeras, amenazan y ofenden a los inversionistas, generan más desocupación y pobreza, hacen todo para impedir la creación de nuevos empleos, que es la única forma posible y eficaz de reducir la pobreza.

Precisamente en la edición de ayer de LA PRENSA se publicó una importante noticia de portada, que fue titulada Industria maquilera se encoge en el país. De acuerdo con esa información , miles de puestos de trabajo se han perdido en las zonas francas en el curso de los últimos dos años, y no tanto por la crisis financiera de Estados Unidos y otros países altamente desarrollados, sino por las políticas erróneas e irresponsables del gobierno de Daniel Ortega. Y hay que agregar que no sólo en las zonas francas el gobierno de Daniel Ortega ha causado desocupación, sino que en todos los ámbitos económicos y en todo el país.

De manera que la retribución que espera recibir el ciudadano por votar en favor de la alternativa democrática, es el mejoramiento de las condiciones para la creación de empleos y riqueza social. En cambio, quien vota por el candidato y el partido violento, dictatorial y anticapitalista, actúa contra sus propios intereses, se convierte en cuchillo de su propia carne. Y lo mismo hace el que se abstiene o anula su voto. Todos necesitamos trabajar para vivir, cualquiera que sea el ámbito social al que pertenecemos. En consecuencia hay que votar por la libertad, por la democracia y por más trabajo, no por un sistema que reduce el empleo y cancela toda posibilidad de vivir con dignidad.

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