Vicente Suazo Gutiérrez. (LA PRENSA/J. MORALES)

Alimentos absorben el presupuesto familiar

Cuatro familias, cuatro casos. Ya no importa tanto cuánto se gana. La clase media —baja o alta— está resintiendo los altos precios de la comida [doap_box title=»Urge que el Gobierno actúe» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El economista Alejandro Arauz explica que la principal causa de la crisis familiar, por los altos precios de los alimentos, se debe […]

  • Cuatro familias, cuatro casos. Ya no importa tanto cuánto se gana. La clase media —baja o alta— está resintiendo los altos precios de la comida
[doap_box title=»Urge que el Gobierno actúe» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El economista Alejandro Arauz explica que la principal causa de la crisis familiar, por los altos precios de los alimentos, se debe a que en Nicaragua el salario promedio es muy bajo. En cambio, los alimentos están “por las nubes”.

“Lo que pasa es que en Nicaragua la estructura de su alimentación permite que el peso de los alimentos sea lo más preponderante, eso significa que salarios medios o de menor tamaño a nivel regional tengan que destinar mayor recurso para los alimentos”, indicó.

El experto explica que en el país, el mayor efecto lo resienten los pobres. “Aquí lo que quiere decir es que a los ricos, la inflación en los alimentos les representa el 31 por ciento; en cambio a los pobres el 62 por ciento”, dijo el economista.

Arauz recomendó que para hacer frente de forma efectiva a esta situación, el Gobierno tiene que implementar una política para detener la inflación, “porque ya con una inflación menos fuerte, los precios no van a subir tanto y el salario puede cubrir en alguna medida o recuperar un poco lo que se ha perdido”, añadió.

A criterio del economista, el Gobierno ha venido dando una respuesta al problema, pero no la suficiente. “Lo que se necesita acá es que se necesita generar más empleos y mejores ingresos, se necesitan proyectos muy específicos, pero no se puede hacer en un país con una situación de convulsión política como la que estamos viviendo, donde la inversión se ahuyenta, donde los recursos se desperdician”, afirmó.

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    La más reciente encuesta de CID-Gallup mostró que el 61 por ciento de los nicaragüenses tiene como principal preocupación que sus ingresos no cubren las necesidades básicas de sus familias.

    En lo que va del año, la canasta básica de 53 productos ha incrementado su precio en casi un mil córdobas. Mientras, el salario promedio nacional ha aumentado apenas en 400 córdobas, según cifras del Banco Central de Nicaragua.

    LA PRENSA consultó a cuatro jefes de familia, con distintos ingresos y estilos de vida, pero con un mismo problema en común: los altos precios de los alimentos consumen cada quincena sus ingresos.

    Por respeto a la privacidad de los entrevistados, no se les cuestionó cuánto ganaban, pero sí se les pidió que dijeran con detalle, en términos porcentuales, su distribución regular del presupuesto familiar.

    Cada uno de los jefes de familia cuenta cómo les ha afectado la crisis generada por los altos precios, y qué han tenido que hacer para enfrentarla.

    COMIDA, EL 65% DE LOS GASTOS

    Vicente Suazo Gutiérrez tiene 41 años, dos hijos y se gana la vida como contador general en una microfinanciera.

    En su casa es el único que trabaja y este año uno de sus hijos entró a la universidad. Por suerte, no paga alquiler, porque tiene casa propia en Villa Libertad.

    Cuando se le pregunta qué tanto ha cambiado su presupuesto familiar en el último año y medio, con las constantes alzas en el precio de los alimentos, su rostro indica resignación y empieza a sacar cuentas.

    Hace año y medio, relata, la comida para él y su familia representaba un 40 por ciento de su salario. Hoy con facilidad le quita cada día de pago el 65 por ciento de sus ingresos.

    A esto se suma que hace año y medio gastaba aproximadamente mil córdobas en la educación de sus hijos. Actualmente, cada mes debe desembolsar cuatro mil 500 en pagos de la universidad de su hijo mayor y el colegio del menor.

    Para soportar esta situación, cuenta Suazo, ha tenido que adquirir más trabajos. Paralelo a su trabajo en la financiera lleva la contabilidad a otra empresa y no rechaza ningún trabajo que le “caiga de repente”, en cuanto a contabilidad se refiere.

    “Esto, en lo que me afecta es que paso menos tiempo con mi familia”, lamenta.

    MÁS DEUDAS Y MENOS AHORROS

    El caso de Jorge Conrado, experto en terminales en una empresa de celulares del país, es distinto. Para él, los alimentos no han absorbido tanto sus ingresos como a Suazo, pero han deteriorado su estilo y planificación de vida.

    Confiesa que el impacto lo ha sentido más directamente en el precio de los combustibles, ya que vive alejado del centro de la capital, y trasladarse, él y su esposa, diariamente representa un considerable porcentaje de sus ingresos, respecto a lo que gastaba antes.

    “Hace dos años llenaba mi tanque de gasolina con 500 córdobas, y me duraba como 10 días; ahora me gasto un tanque a la semana y lo lleno con 1,200 córdobas”, explica.

    Asimismo, en alimentos, antes separaba aproximadamente un 25 por ciento de sus ingresos. Ahora debe destinar un 40 por ciento para cubrir las necesidades de él, su esposa y sus dos pequeños hijos.

    “Antes salíamos todos los fines de semana a comer a un restaurante con los niños, ahora no”, dice a manera de ejemplo de que su presupuesto para esparcimiento o recreación se ha reducido a su mínima expresión, pasando de un aproximadamente diez por ciento de sus ingresos, a un dos por ciento.

    “Mi presupuesto en los últimos meses ha sido increíble. Una costumbre que teníamos con mi esposa es que mensualmente celebrábamos nuestro mes de casados, íbamos a ‘restaurantear’, un gustito, gastaba como 700 córdobas; ahora no, te gastás 1,500 ó 1,300 córdobas en un restaurante bonito”, lamenta Conrado.

    Para el experto en terminales, lo más triste de la crisis causada por los altos precios de los alimentos y los combustibles es que ha tenido que dejar de ahorrar par cubrir sus incrementados gastos, y por el contrario, ha adquirido más deudas.

    “Antes destinaba un 30 por ciento a los ahorros, ahora ya no puedo… El 50 por ciento de mi salario es para pagar tarjetas (de crédito). En lo que he sentido que más me ha dolido es cortar mis ahorros, para pagar deudas”, sostiene.

    ADIÓS, PASEOS FAMILIARES

    De tres mil a cinco mil córdobas pasó el presupuesto que la contadora Claudia Tórrez Vanegas destina para los alimentos.

    Esta mujer de 33 años y habitante del Reparto Schick cuenta que hace poco más de un año destinaba tres mil córdobas para la compra quincenal de las provisiones, que representaba un 25 por ciento del total de sus ingresos. Ahora debe gastar cinco mil, que viene a ser un 40 por ciento de los mismos.

    Tórrez explica que para amortiguar ese cambio en sus finanzas familiares ha tenido que dejar de usar su vehículo, y limitar su uso a los fines de semana o para hacer diligencias, como ir al médico.

    “Lo que hacemos mi esposo y yo es resolver con la moto, y el carro guardado”, dice.

    De momento, explica, no queda más que ajustar los ingresos a los nuevos precios, y para ello, la familia de Tórrez dejó en el olvido los paseos. “Antes íbamos todos los fines de semana, ahora una vez al mes”, comenta.

    “YA NO ALCANZA”

    El relacionista público Martín Garache relata que en su caso el dinero que gana regularmente ya no le alcanza. “Yo ya estoy pensando conseguir trabajo sábado y domingo”, asegura.

    Cuenta que el alza de los precios la siente cada quincena, cuando va al supermercado. “Antes compraba con 1,600 córdobas, ahora gasto 2,300 y eso que voy con una lista”, ejemplifica.

    “Ahora hago un listado de qué es lo que en realidad se necesita comprar. Antes no me importaba comprar el más caro; ahora yo compro el producto sustituto”, agrega.

    A consecuencia de esto, dice, ha tenido que pensar más en ahorro. Ahorra en todo lo posible. “Ahora, cuando compro ropa, busco las tiendas que digan rebaja o descuento”, comentó Garache.

    Actualmente el relacionista público destina el 45 por ciento de sus ingresos a alimentos, el 15 por ciento en combustible, un 25 por ciento en la educación de sus dos hijas; y con el resto le toca cubrir servicios básicos, servicios domésticos y vestuario.

    “Ya no alcanza, y qué hemos hecho. Yo consigo trabajos extra, mi esposa está dando consultas en una clínica médica para ganar otros ingresos, además del hospital, y consiguió trabajo en una empresa para dar consultas los sábados”, detalló.

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