Los Procesos de Moscú y el de Managua

El proceso político que la Fiscalía de Nicaragua está siguiendo contra diversas organizaciones y personas que —por ahora— en su mayoría pertenecen a la izquierda no orteguista, motivan a evocar los tristemente célebres, escandalosos, ignominiosos y funestos Procesos de Moscú de la época estalinista.

El país, las circunstancias históricas y los procedimientos son distintos, sin duda. Hay siete décadas de distancia entre los Procesos de Moscú y el proceso de Managua y muchos cambios de todo tipo han ocurrido en el mundo desde entonces. Pero en su carácter de inquisición política y por su propósito represivo, el proceso de Managua y los Procesos de Moscú son básicamente iguales o parecidos.

Como los Procesos de Moscú se conoce en la historia a los tres juicios realizados entre 1936 y 1938, contra numerosos comunistas connotados, como León Trotsky, Nicolás Bujarin, Gregorio Zinoviev, Lev Kamenev, Karl Radek y muchos más. A los procesados de Moscú se les acusó de ultraizquierdistas o derechistas, de haber querido asesinar a Stalin, de tentativa de restauración del capitalismo, de asociación con la contrarrevolución, de agentes del imperialismo, etc. Las “pruebas” que se aportaron eran falsas y las confesiones de culpabilidad fueron obtenidas mediante torturas y represalias contra familiares de los procesados. Una comisión internacional que fue organizada posteriormente y presidida por el eminente filósofo de izquierda estadounidense John Dewey (1859-1952), demostró que todos los procesados eran absolutamente inocentes de los cargos que les imputaron.

Sin embargo los acusados en los Procesos de Moscú fueron declarados culpables, algunos de ellos condenados a muerte, otros a largas penas de prisión y destierro en Siberia, a base de confesiones de culpabilidad que les fueron arrancadas mediante torturas, o por la promesa de las autoridades estalinistas de no causar daños a sus familiares, compromiso que de todas maneras el poder comunista no cumplió o sólo lo hizo a medias. De allí que la Comisión Dewey expresara en las conclusiones de su investigación: “Que la conducta de los Procesos de Moscú fue de tal manera que cualquier persona sin prejuicios queda convencida que no se intentó conocer la verdad. Que las confesiones contienen imposibilidades que convencen a la Comisión de su falsedad, sin importar cómo se obtuvieron. Que (el señor) Trotsky nunca instruyó a ninguno de los acusados para entablar acuerdos con potencias extranjeras en perjuicio de la Unión Soviética; que Trotsky nunca recomendó, planeó, o intentó la restauración del capitalismo en dicho país. Y que, por lo tanto: Encontramos que los Procesos de Moscú fueron montajes”.

Ahora en Managua se está realizando un juicio político contra intelectuales de izquierda que fueron destacados cuadros del FSLN y del régimen revolucionario sandinista de los años ochenta, como Sofía Montenegro, Patricia Orozco y Carlos Fernando Chamorro. La Fiscalía no ha presentado contra ellos ninguna acusación específica fundada en la ley penal, mucho menos pruebas de que hayan cometido delito. Lo que ha hecho la Fiscalía es secuestrar documentos y computadores, así como hurgar en las cuentas bancarias de los procesados, lo que con toda razón hace temer que (la Fiscalía) trata de encontrar algo que le permita tener un caso, un delito que imputar, una acusación que hacer a sus víctimas.

El proceso de Managua tiene varios tentáculos. Por un lado lo ejecuta la Fiscalía contra las personas antes mencionadas y otros dirigentes de organizaciones civiles, mientras que jueces politizados juzgan a otra personalidad de izquierda desafecta a Daniel Ortega, como es el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, lo mismo que a periodistas independientes como Jaime Chamorro y Eduardo Enríquez, director y jefe de redacción de LA PRENSA respectivamente. También la renuncia pública del periodista Edgard Tijerino a seguir criticando en sus espacios mediáticos los abusos del régimen de Ortega, para que no continúen amenazando a su familia ni conviertan las amenazas en agresiones , hay que verla como parte de este siniestro proceso de Managua.

El objetivo del orteguismo es amedrentar a los críticos, obligar a los medios y periodistas independientes a autocensurarse, imponerse mediante el miedo. Como dijera Natán Sharanski, disidente del comunismo soviético y sobreviviente del Archipiélago Gulag, “el silencio y el miedo van siempre de la mano y basta con que aparezcan por la puerta para que la libertad se precipite a saltar por la ventana”. Por eso querían meter miedo con los Procesos de Moscú. Por eso quieren meter miedo con el proceso de Managua.

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