- El cuestionamiento de Dreyfus en su obra plástica se expresa en una multitud de siluetas, ahora con tonos grises, apartando el colorido
Los personajes de Bernard Dreyfus son sombras de seres desposeídos de ellos mismos y poseídos por fuerzas ocultas.
Cada personaje, criatura engendrada por un cerebro, tiene una doble existencia de sombra soñada y de soñador de sombras. Esta extraña palabra de sombra se volvió una palabra importante de la ciencia psicoanalítica que designa el psiquismo oscuro, aún inconsciente. Al espectador le llamará la atención la insistencia de Dreyfus en afirmar la existencia de sombras. En los primeros lienzos vemos las sombras refluir del mundo del olvido hacia la luz. Las sombras circulan según una doble topografía: la de las oscuras aguas del Leteo y la de la conciencia profunda.
¿Qué trata de transmitir Bernard Dreyfus en la fijación obsesiva de sus criaturas, fijación a veces alucinada, pero siempre con una gran intensidad plástica? Un asombro visionario cercano al vértigo ante lo trágico de la condición humana, ante las dobles profundidades del cosmos y del alma humana, repitiendo la bella expresión de Bachelard.
Sensación de extrañeza, incluso de fantástico; esta sensación, ¿de dónde viene? Sin duda de los mitos de las primeras culturas. Es un universo onírico, sin duda, pero que es verdadero en el sentido que es auténticamente precedido por una conciencia y esto lo hace único e inclasificable.
¿Cuáles son los principales datos de este universo onírico? Su característica general es que proviene de una subversión del espacio habitual. Las sensaciones pierden su marco usual. Se dislocan, se agrandan al infinito. La noción de mundo cerrado, medido, enmarcado, terminado, resulta abolida.
Alrededor de esta sensación de un espacio segundo aparecen las sensaciones de dilatación, de ascensión y de caída en el espacio. Es una sensación de expansión en el vacío.
El espacio de los lienzos de Bernard Dreyfus es a menudo un vacío cósmico.
Quizás se pudiera aplicar a esta obra lo que dice François Cheng de la pintura china: Yo pienso que (esta pintura) no es un adorno como a veces se pudiera concebir, sino un pensamiento.
Bernard Dreyfus es una cierta mirada sobre la condición humana, un cierto acercamiento a la belleza con un gran dominio del espacio y de la materia que también invitan a un cuestionamiento metafísico.
El cuestionamiento de Dreyfus se expresa en una multitud de siluetas, ese torrente miriápodo, ese ciempiés humano, esas formas humanoides que se pierden en el limbo de lo increado del silencio de una noche del génesis, sombras luminosas torcidas en el área de la espiral que tratan de escaparse del pozo de Saturno, de la fatalidad del tiempo, dislocadas en una especie de vacío, siluetas trágicas torcidas por vientos milenarios que exhala la boca de sombra de Cronos en el infinito del tiempo.