- Después de robar 73 bases este año, más que ningún otro pelotero en las Ligas Menores del beisbol organizado de Estados Unidos, Everth Cabrera dejó de ser “alguien más” en la organización de los Rockies de Colorado, para convertirse en un legítimo prospecto, obteniendo un nuevo fruto de su trabajo arduo
Everth Cabrera,prospecto nicaragüense de los Rockies de Colorado
Everth Cabrera buscó a los scouts, porque nadie andaba detrás de él. Su baja estatura y menuda figura no eran un atractivo para los cazadores de talentos de los equipos de Grandes Ligas. Cuando llegó en busca de una oportunidad a la antigua academia de beisbol de Denis Martínez, el famoso big leaguer le preguntó que si de verdad era pelotero, y de inmediato lo descartó. No muchos han creído en él, pero siempre ha tenido la inspiración de la persona más importante de su vida, él mismo.
Cabrerita no acepta un no. Cuando los scouts de los Rockies de Colorado lo vieron por primera vez no le hicieron caso, pero preguntó qué debía hacer para mejorar.
Para salir de él, le dieron un par de consejos a la ligera, pero el chavalo nandaimeño los tomó en serio, tanto así que en la segunda oportunidad, comenzó a llamar la atención.
Ese espíritu de gladiador sigue vigente en Everth, quien cuatro años después de su firma con los Rockies, tuvo una de las mejores temporadas de su carrera, con el equipo Turistas de Asheville, cuyo nivel es Clase A, algo así como cuatro categorías debajo de las Grandes Ligas, lo que significa que aún tiene mucho camino por recorrer.
Cabrera fue el jugador sensación de la Liga Suratlántica, gracias a su asombrosa velocidad, que lo llevó a ganar el liderato de bases robadas con 73. Su defensa sigue siendo uno de sus principales atributos y el bateo lo ha ido mejorando año a año.
LA PRENSA visitó en Nandaime al jugador nica más destacado este año en las Ligas Menores y esto dijo:
Debés sentir mucho orgullo después de un gran año en las Menores…
Gracias a Dios me fue muy bien y me siento feliz. Trabajé duro porque quería tener un buen año y cumplir con todas las cosas que mi organización esperaba de mí.
¿Esperabas robar tantas bases?
El robar bases era una de las metas que llevaba, pero no tenía idea que iba a ser el líder de la liga y mucho menos de todo el sistema de Ligas Menores. Esto me estimula muchísimo, porque no es lo mismo tener una temporada regular que tener una buena, y me obliga a que el próximo año sea igual o mejor.
Además de robar bases, ¿qué fue lo mejor que te pasó?
Disfruté mucho de mi juego. El manager que me tocó (Joe Mikulik) fue excelente desde la primera vez que me vio en el spring training, y el coach mexicano (Houston Jiménez) valoró mi trabajo. Ambos me dieron mucho ánimo y me dejaron jugar libremente al beisbol.
¿Ahora cómo ves tu futuro?
Creo que tengo más oportunidades. Ahora depende de mí. Cada año me piden que vaya mejorando algunos aspectos y lo he conseguido. Espero seguir así porque aquí no hay nada escrito. Hay gente que no ha sido prospecto y se meten en las Grandes Ligas, en cambio hay otros que han sido bien valorados y no llegan. El próximo año aspiro a jugar en Doble A, aunque lo más seguro es que me van a poner en Clase A fuerte.
¿Qué te dijeron tus entrenadores acerca de tus habilidades?
Me dicen que tengo una cosa muy importante y es la astucia para el juego. Por eso me dejaron correr solo, era como un segundo capitán del equipo, pero tengo muchas cosas que mejorar, como poncharme menos y por eso el próximo 20 regreso a Estados Unidos para una Liga Instruccional.
Pareciera que fue un año perfecto para vos. ¿Tuviste algunos momentos difíciles?
Siempre tengo la mente positiva, pero a veces uno cae en momentos bajos, entonces yo mismo me digo: yo puedo, y eso me inspira. Voy a tratar se seguir haciendo las cosas y trabajando duro como lo he venido haciendo y que pase lo que Dios quiera.
¿Cómo es tu vida cuando estás jugando en Estados Unidos?
Allá, uno tiene que vivir en apartamentos. Yo vivía con dos venezolanos compañeros de equipo. Uno de ellos era tremendo cocinero y a los otros dos nos tocaba la limpieza. Después, me tocó cocinar porque se aburrió quien lo hacía y así uno va aprendiendo de todo.
¿Cuál es tu menú?
Sé hacer arroz, cocino carne de res, pollo y pescado. Lo que mejor me queda es la carne tapada.
¿No había nicas por ahí?
En el equipo no, y en toda la liga solamente estaba uno (David Fonseca) con West Vriginia, pero luego lo cambiaron de categoría. Fuera del terreno, una familia mexicana nos ayudó mucho a los latinos del equipo. Y por teléfono siempre me mantuve en comunicación con Bayardo Morales, quien es nicaragüense y vive en California, y se mantiene en contacto con la mayoría de los jugadores nicas en los Estados Unidos. Él se ha convertido en un gran amigo y consejero.
Después de tantos sacrificios, ¿alguna vez has pensado en dejarlo todo y regresar a Nicaragua?
He pasado momentos duros, pero yo mismo me doy ánimo y cuando estoy en el terreno olvido todo y me dedico a jugar. Yo sé que voy a pasar muchas pruebas, pero si llego a las Grandes Ligas la recompensa va a ser buena para mí y mi familia.
A propósito, ¿cómo está compuesta tu familia?
Vivo solamente con mi mamá (Xiomara Membreño). Soy hijo único.
Antes vivían dos primas con nosotros. Una se casó con un canadiense y se fue a Canadá y mi otra prima vive en Managua, porque allá trabaja.
¿Qué le decís a tú mamá cuándo estás fuera del país?
Siempre le digo que se aguante lo más que pueda, porque si Dios quiere y me da la bendición de subir (a las Grandes Ligas) el sacrificio va a valer la pena.
El beisbol consume mucho tiempo, sobre todo cuando querés ser un profesional. ¿Qué tanto avanzaste en los estudios?
Fui un alumno regular, pero me logré bachillerar. Después no pude seguir estudiando.
¿Cómo te iniciaste en el beisbol?
Comencé a jugar a los cinco años en un equipo de Pedro Torres hijo. Era bien rigioso y algunas veces hasta faltaba al colegio por jugar. Era un dolor de cabeza para mi mamá. A los 15 años jugué en la Mayor A y después Hubert Silva me llevó al Bóer de la segunda división y me dijo que me podían firmar. Él era scout de Boston, pero al final no me vinieron a ver.
¿Cómo fue que te firmaron los Rockies?
Cuando Boston no me vino a ver, me decepcioné un poco, pero luego abrieron la academia de Denis Martínez y yo me presenté. Denis me pregunto si de verdad era pelotero, porque me miraba muy bajito y frágil. Entonces no me aceptó en la academia, pero el cargabates Álvaro Rubí me contó que en dos días iban a llegar los Rockies de Colorado para hacer pruebas a unos jugadores. Ahí me animé, porque vi una oportunidad.
¿Cómo te fue con los Rockies la primera vez?
El scout Rolando Fernández no me vio mucho talento, pero le pedí algunos consejos y los seguí. Cuando me dí cuenta que iban a llegar a Nandaime me fui a meter a las pruebas. Le dije que había hecho todo lo que me aconsejó y le pedí la oportunidad para que me probaran de nuevo. Esta vez sí le gusté y entonces me propuso llevarme a República Dominicana. Si en un mes no me firmaban, me enviaban de regreso a casa.
Ahí la echaste toda…
Esa fue una experiencia bien dura, porque nunca antes había salido del país ni había jugado contra peloteros profesionales y de remate me pusieron a batear a la zurda para sacar provecho a mi velocidad. Yo nunca había bateado a la zurda, aunque había tenido la inquitud de hacerlo. El competir ante jugadores más grandes y fuertes fue mi principal motivación. Tres días antes de cumplir el mes, me ofrecieron cinco mil dólares por firmar y acepté.
“SI HAGO EL TRABAJO NO IMPORTA EL TAMAÑO”
Un grupo de chavalos del barrio interrogan a Everth Cabrera en la acera de su casa. Todos quieren conocer más del versátil pelotero de 21 años que ha transcendido en la organización de los Rockies de Colorado y que es un modelo a seguir, tanto como atleta como persona.
En un país de escasas figuras, los atletas como Cabrera automáticamente se convierten en portadores de múltiples esperanzas y muchas veces se les pone encima mucha carga. Sin embargo, él está acostumbrado a pelear desde abajo, de venir de menos a más, de aprovechar cualquier oportunidad para hacerse notar.
Su esfuerzo de esta temporada le valió un reportaje de cuatro páginas en la revista del equipo de Grandes Ligas de los Rockies.
En el escrito, su manager se desvive en elogios y además de su talento físico, hace énfasis en su sexto sentido como pelotero, su capacidad para desequilibrar al equipo contrario y su liderazgo en el terreno. Sus instintos e inteligencia son atributos que también lo van a llevar lejos. Fue el único jugador de las Menores que alcanzó en la revista.
Este año tuvo un acercamiento a las Ligas Mayores al enfrentar a John Smoltz y Fausto Carmona, en juegos donde estos big leaguers se encontraban en rehabilitación.
Todavía es muy temprano para calificarlo como una apuesta segura como big leaguer, pero va en el camino correcto.
¿Ves tu baja estatura (5’9 pies) como un obstáculo?
Es un obstáculo de alguna forma, pero no es lo determinante para cumplir mi sueño. Si hago el trabajo, no importa el tamaño. Me dijeron que no le daba duro a la pelota o que era muy pequeño, pero nunca le he puesto mente y seguí mirando hacia adelante.
A pesar de que sos pequeño, este año conectaste muchos extrabases, incluso seis jonrones, que hasta cualquiera creerían que fueron de piernas o batazos que con las completas vencieron la barda.
Hice buenos contactos. Ahora le doy más duro a la pelota, pero trato de poner esos batazos en segundo plano, porque mi tipo de juego es otro. Esta temporada fallé algunas veces con lanzamientos que usualmente conecto bien porque tal vez había pegado un jonrón y entonces me ponía a buscar otro. Me emocionaba y creía que podía darle más duro, pero mi manager me ponía los pies en la tierra y me hacía saber que lo mío es tomar base.
Si llegas a las Grandes Ligas, ¿qué metas tenés cifradas?
Quiero hacer una casa para mi mamá.
¿De verdad creés que vas a llegar a las Grandes Ligas?
He comprobado que tengo el corazón para hacerlo. De ahí nadie me saca, y si no llego, voy a tener el orgullo de decir que hice todo lo posible por conseguirlo.