Ayer se conmemoró el Día Nacional del Empresario Nicaragüense, una celebración de amplia dimensión nacional considerando que empresarios son todos los propietarios y ejecutivos de empresas, desde las más grandes corporaciones hasta los más pequeños negocios informales.
La conmemoración del Día Nacional del Empresario Nicaragüense se instituyó oficialmente hace cuatro años, mediante Decreto Presidencial que fue publicado en La Gaceta No. 142, del 22 de julio del 2004. De acuerdo con dicho decreto, esta celebración tiene el propósito de “reconocer el valioso aporte que brindan los pequeños, medianos y grandes empresarios nicaragüenses al progreso social y económico de la Nación”; así como “conmemorar el natalicio del distinguido empresario nicaragüense Jorge Salazar Argüello, quien por la labor patriótica realizada desde el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) en la promoción y defensa del Estado Social de Derecho, constituye un ejemplo para los empresarios nicaragüenses”.
Por cierto que en dicho Decreto presidencial no se dice, pero es necesario recordarlo siempre, que Jorge Salazar Argüello fue asesinado por la dictadura sandinista en noviembre de 1980, cuando él era vicepresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y fue acusado de participar en un supuesto complot contrarrevolucionario.
Ahora bien, se conoce que el deber básico de todo empresario es el de procurar que su empresa sea rentable y competitiva. Pero esto no depende sólo del espíritu emprendedor del empresario, ni de su capacidad de trabajo, ni de su habilidad para hacer negocios, ni de la magnitud de sus inversiones financieras y tecnológicas. La rentabilidad y competitividad de las empresas y por lo tanto su capacidad efectiva de crear empleos, generar riqueza y producir desarrollo económico y progreso social, depende también de que haya en el país seguridad jurídica, estabilidad política, solidez institucional, garantía del cumplimiento de los contratos, política fiscal razonable, sanidad macroeconómica, justicia independiente y jueces neutrales en los conflictos entre los particulares y de éstos con el Gobierno, etc.
Por otro lado, junto con el deber de procurar que sus empresas sean rentables y competitivas, los empresarios tienen también la obligación de promover y respetar los principios de la responsabilidad social empresarial, la cual no sólo se refiere a la primordial responsabilidad de crear empleos, pagar los salarios que manda la ley y los impuestos debidos. La responsabilidad social empresarial consiste también en el manejo transparente de los negocios, la protección del medio ambiente, la promoción de los derechos humanos y la defensa de los valores de la libertad y la democracia. Y esto último es particularmente importante en las condiciones actuales de Nicaragua, debido a que el ambiente sombrío que hay en el país “se puede convertir en tiniebla y sombra de muerte”, tal como lo advirtieron los obispos nicaragüenses en su Exhortación pastoral del 15 de agosto pasado.
En estas circunstancias, la sociedad espera de los empresarios acciones concretas en defensa de la libertad, pero no sólo de la libertad para hacer negocios sino también para asegurar la convivencia política democrática, libre y pacífica de todos los nicaragüenses. La sociedad espera que cada empresario, a título personal, apoye a los partidos y las opciones electorales democráticas; y que sus organizaciones gremiales, no obstante que por su propia naturaleza tienen que ser apartidistas, sigan defendiendo las libertades y las instituciones democráticas, como lo han hecho el Cosep y Amcham la semana pasada al demandar a los diputados que discutan y aprueben pronto las disposiciones legales que son indispensables para la protección de la libertad de comunicación y de prensa.
En realidad, los empresarios conocen muy bien sus propios problemas y los de Nicaragua, saben cuáles son sus causas, cómo se pueden resolver y qué hay que hacer para solucionarlos. Los empresarios son parte vital de la nación y por lo tanto sienten sus necesidades y comparten sus aspiraciones. Por eso estamos seguros de que los empresarios están y estarán al lado de las fuerzas democráticas del país, en el esfuerzo por sacarlo adelante y en la lucha por salvar la democracia y defender la libertad.