El suizo Roger Federer celebró a lo grande su victoria sobre Andy Murray en el US Open. (LA PRENSA/AFP)

Federer pulveriza

[doap_box title=»Dominio total» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Pulverizando las pelotas con precisión, Roger Federer barrió los últimos cuatro juegos del primer set para cerrarlo en 26 minutos frente a un Andy Murray despistado. Murray insinuó más en el segundo set, logró remontar un 2-0 en contra y se puso 0-4. Ese tercer juego debió haber sido para […]

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Pulverizando las pelotas con precisión, Roger Federer barrió los últimos cuatro juegos del primer set para cerrarlo en 26 minutos frente a un Andy Murray despistado.

Murray insinuó más en el segundo set, logró remontar un 2-0 en contra y se puso 0-4. Ese tercer juego debió haber sido para el nacido en Escocia. Luego que Federer levantó la primera bola de quiebre, una de sus devoluciones en el siguiente punto —dirimido en 14 golpes— picó afuera, según se pudo apreciar por televisión. La misma no se cantó y Federer sobrevivió.

“Ése fue el momento clave”, dijo Federer. “A partir de ahí empecé a jugar suelto, como acostumbro hacerlo”.

Federer pisó el acelerador a fondo, acaparando nueve de los primeros 10 puntos del tercer parcial para el 5-0. Se tardó un poco en liquidar el partido al sufrir un quiebre cuando sacó 5-1, pero el desenlace ya estaba cantado. Murray sacó varias pelotas exigidas hasta que finalmente enterró una devolución de derecha en la red.

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Suma su quinta corona del US Open

NUEVA YORK/ AP

El Expreso Suizo volvió a rugir. Roger Federer humilló ayer 6-2, 7-5, 6-2 a Andy Murray para proclamarse por quinto año consecutivo campeón del Abierto de Estados Unidos.

Federer sumó su 13 corona de Grand Slam y quedó a tan sólo una más de empatar el récord histórico de Pete Sampras.

Fue su primer título en uno de los cuatro torneos grandes, teniendo que esperar hasta el último de la temporada para salvar un año que sólo para un tenista de su sublime estirpe podría considerarse como fatídico.

Ya son 34 triunfos y cinco coronas consecutivas en Flushing Meadows, esto último un hito que no se lograba desde que Bill Tilden se consagró pentacampeón entre 1920-25.

Con 27 años, alcanzar y dejar atrás los 14 Slams de Sampras parece un hecho inevitable.

¿Supersticioso con el número 13?

“Una cosa es segura. No me voy a parar en los 13. Eso sería fatal”, declaró Federer en la cancha del estadio Arthur Ashe, justo cuando empezaba a ser arropado por la noche neoyorquina.

Federer llegó aquí sin su aureola de invencibilidad, desbancado por Rafael Nadal del puesto número uno del ranking mundial que había ostentado durante cuatro años y medio.

Sólo había ganado un par de títulos en torneos de tercera categoría (Estoril y Halle), su menor cantidad a esta altura del año desde 2002 y ninguno en canchas duras, la superficie del Open estadounidense.

Se comentaba que ya no era el de antes, que había caído un declive irreversible. Todo por un año irregular, aunque cualquier otro tenista se moriría por tener una campaña como la de Federer.

Se clasificó a tres finales seguidas de Grand Slam, perdiendo ante su némesis español Rafael Nadal en Roland Garros y Wimbledon, y cayó ante Novak Djokovic en la semifinal de otro (Australia). Corría el riesgo de completar su primer año desde 2002 sin un título grande.

Pero Murray sorprendió a Nadal en las semifinales aquí y Federer se dio gusto con la inexperiencia del británico de 21 años en su primera final de un Slam.

Tal vez la manera más apropiada de describir el año de Federer es que simplemente, por lo menos hasta ahora, no jugó a su estándar habitual.

Apenas 1 hora y 51 minutos le tomó para subyugar a Murray, quien intentaba convertirse en el primer varón británico en ganar un Slam en 72 años.

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