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Andy Murray mostró una cuota de aplomo y oficio que rayaron en lo sublime al finiquitar ayer su partido de dos días sobre Rafael Nadal y se metió a la final del Abierto de Estados Unidos.
El británico Murray venció al número uno del mundo por 6-2, 7-6 (5), 4-6, 6-4 para avanzar a su primera definición de un torneo grande y a costa de un adversario que le había vencido en los cinco enfrentamientos previos.
Ahora, le tocará vérselas hoy con el suizo Roger Federer, quien había certificado su pase el día previo al derrotar en cuatro sets al serbio Novak Djokovic justo antes que la lluvia interrumpió la jornada sabatina. Murray, sexto cabeza de serie, goza de una ventaja 2-1 sobre Federer (2) en el historial entre ambos.
“Es probablemente el mejor jugador de la historia. Ya es un honor enfrentarlo en la final de un Slam”, dijo Murray en una entrevista en la cancha. “Pero no me ha ido mal contra él en el pasado y ojalá (…) pueda repetir eso mañana (hoy)”.
Apoyándose en un saque efectivo, cambios de ritmo y cubriendo a gusto toda la cancha en varios peloteos de alta intensidad, Murray puso fin a una racha de 19 victorias sucesivas de Nadal en los Grand Slams.
“Me costó mucho dormir pensando que estaba dos sets arriba, así que estoy aliviado de haber podido responder al final”, indicó Murray, quien es un año menor que Nadal.
El nacido en Escocia busca convertirse en el primer tenista británico que se consagra campeón de un torneo grande desde que Fred Perry lo logró en el Open estadounidense de 1936.
Quizás sea algo sacrílego para alguien proveniente de la tierra anfitriona de Wimbledon, la catedral del tenis, pero Murray consideró al torneo en Nueva York como su “favorito”.
Jugado al apuro en una cancha secundaria, el partido no pudo completarse el sábado cuando las lluvias de la tormenta tropical Hanna empaparon el complejo de Flushing Meadows, con Murray arriba por dos sets y 2-3 en el tercer set frente al campeón este año de Roland Garros y Wimbledon.