- Matan a jefe policial un día después de asumir su puesto; las autoridades capturan a sicario
[/doap_box]
La Policía mexicana informó que capturó a un presunto sicario del narcotráfico y su cómplice en un atestado casino de Tijuana tras una persecución por las calles de la ciudad, en una operación en la que obligó a cientos de apostadores aterrados a tenderse en el piso.
La Secretaría de Seguridad Pública dijo que los agentes detuvieron a un hombre que creen es Rubén Ríos Estrada, un sicario del poderoso cártel de narcotráfico Arellano Félix, en el casino Caliente de Tijuana. También detuvo a Héctor Manuel Mora Mendoza, otro presunto miembro del cártel.
Fuerzas federales y policías persiguieron a los sospechosos por las calles hasta que entraron al casino, dijo la Secretaría. Testigos de la escena dijeron al diario San Diego Union-Tribune que los federales los sorprendieron apostando.
La compañía dueña del casino, cuyo propietario es el ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon, dijeron que el allanamiento por policías enmascarados y fuertemente armados sembró el terror y puso en peligro a unos 1 mil 300 apostadores.
La Policía dijo que halló una escopeta, dos pistolas, cientos de municiones y cientos de camisas con insignias policiales en el vehículo de los sospechosos.
En varios tramos de la frontera, las autoridades mexicanas enfrentan una dura lucha para mantener un mínimo de orden frente al poderío de los cárteles.
SÓLO MANDÓ UN DÍA
Horas después de la redada, la Policía del estado de Chihuaha encontró el cuerpo acribillado del nuevo jefe de Policía de Villa Ahumada, Jesús Blanco. Un vocero del representante regional de la oficina del fiscal general dijo que el cuerpo se encontró en una hacienda a unos 130 kilómetros al sur de El Paso, Texas.
Blanco, de 40 años, trabajó sólo un día en su nuevo puesto antes de ser golpeado, vendado y asesinado a tiros con las manos atadas a la espalda. La Policía encontró 12 cartuchos de balas en la escena del crimen.
El jefe de Policía anterior, otros dos agentes y tres residentes fueron asesinados en mayo cuando 70 hombres armados asaltaron Villa Ahumada, un pueblo de 1 mil 500 personas dominado por las pandillas que manejan drogas.
El resto de la fuerza policial, unos 20 agentes, abandonó el pueblo por miedo, forzando al Ejército mexicano a retomar control.
La población ha reclutado gradualmente a nuevos agentes y los soldados se han ido.
Cinco de los ocho “vigilantes” o agentes de Policía sin armas renunciaron a sus puestos el viernes por la noche por miedo, según José Aguilar, uno de los tres que quedan.
Soldados de Ciudad Juárez patrullaron la zona después del descubrimiento del cuerpo de Blanco.
El alcalde de Villa Ahumada, Fidel Chávez, había huido tras el ataque de mayo, refugiándose en la ciudad de Chihuahua, la capital del estado del mismo nombre, pero regresó cuando los soldados recuperaron la población.
Los poderosos cárteles de las drogas mexicanos han incrementado sus ataques contra la Policía en respuesta a una ofensiva de fuerzas militares y policiales en su contra, decapitando a algunos elementos de la Policía y asesinando a otros frente a sus casas.
Millares de soldados fueron enviados a puntos conflictivos de México para enfrentar a las bandas de las drogas en una campaña puesta en marcha por el presidente Felipe Calderón.
Pero la violencia persiste y aumenta como el número de muertos: al menos 780 en Ciudad Juárez este año, la mayor parte relacionados con las drogas.
Además de la guerra de los narcos, en México también afectan los secuestros: un total de 327 personas fueron secuestradas entre enero y julio, aunque organizaciones civiles elevan la cifra a unos 400.
El Gobierno, el jueves, firmó un acuerdo nacional con todos los poderes del Estado, que incluye al menos 80 puntos para combatir la delincuencia.