- Afrontando peligros, una microfinanciera lleva soluciones a gente pobre en barrios peligrosos de Managua, donde los negocios dependen de préstamos de mil o dos mil córdobas
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Bajo láminas desgastadas de zinc, sostenidas por cuartones de madera, Jéssica Escalante Rodríguez vende todos los días verduras en el patio de su casa, en el barrio Milagro de Dios, en Managua.
Diario hace compras en el Mercado de Mayoreo e invierte entre 800 y mil córdobas de capital propio en verduras. Con este negocio se mantienen cinco personas: sus tres hijos menores de edad, su esposo (desempleado) y ella.
El negocio le da para vivir, dice, pero no es suficiente para hacer mejoras necesarias en su casa, por lo que decidió pedir un crédito a la financiera Fundación para el Desarrollo Socioeconómico Rural (Fundeser), de cuatro mil córdobas, con lo que ha comprado perlines y bloques y ha empezado a mejorar la vivienda.
Ahora, ella paga 285 córdobas a la semana y tiene una casa mejor que hace tres meses, antes de recibir el crédito.
Fundeser abrió hace un año una sucursal en el barrio La Fuente, para atender a los barrios del Distrito Cinco, como el Reparto Schick, Francisco Salazar, 30 de Mayo, Germán Pomares y Milagro de Dios, entre otros.
“Estamos dirigidos a la base de la economía nacional, como las personas con negocios pequeños, microempresarios, por ejemplo pulperías, gente que elabora melcocha, tortilleras…”, explica la gerente general de la sucursal La Fuente, Karla Blandón Hernández.
La sucursal La Fuente, de Fundeser, cuenta con 970 clientes distribuidos en 275 grupos solidarios. De ésos, más de 900 clientes, el 90 por ciento, son mujeres, según detalla Blandón.
SATISFECHA CON INTERESES
La gerente de Fundeser-La Fuente añade que el promedio de crédito es de dos mil 500 córdobas y en algunos casos hasta cinco mil.
“Ahorita nuestra cartera activa anda en más de dos millones de córdobas y se presta principalmente para capital de trabajo”, afirma.
Rosa Argentina Marenco Jiménez es una de las clientes de Fundeser-La Fuente que invierte su préstamo en capital de trabajo. En su casa vende cerveza y licor para llevar, pero según dice, esos productos requieren gran inversión.
El préstamo que recibió fue de tres mil córdobas, los que usó para completar su capital y pudo comprar más productos.
Ella está afiliada a la financiera con otras dos mujeres; una de ellas vende medicamentos en Masaya y la otra vende cosméticos y ropa de forma ambulante.
Marenco dice estar satisfecha con los bajos intereses de su crédito. “Yo lo miro bien, para otros que he tenido (créditos)”, comenta al compararlo con préstamos de casas comerciales informales.
Fundeser-La Fuente le cobra el uno por ciento de interés por cuota.
De igual manera piensa Jéssica Escalante, quien relató que hace cinco años trabajó con otra financiera que prestaba en dólares, y le dejó mal sabor por los altos intereses. “Con otro banco, yo dije que nunca iba a volver, el último préstamo fue de 600 dólares, hace como cinco años, pero no me gusta, mucho interés y grupos de mucha gente”, declaró.
Efrén Sánchez, gerente regional de Fundeser, hace énfasis en que la sucursal La Fuente ha crecido mucho en menos de un año. Comenzaron con tres oficiales de crédito y ahora tienen cinco. En poco tiempo han conseguido casi mil clientes.
“Esta gente trabaja en lugares que todos los días salen en el periódico y la televisión. Nos metemos a los barrios, esos barrios de expendios, de pandillas, de pobreza, y damos créditos a negocios que están a la orilla de los cauces, con todo y el riesgo que significa”, dice Sánchez haciendo referencia a lo que significa trabajar en zonas de riesgo.
“Aquí se metieron a robar una vez, hace como dos meses y medio. Se llevaron como 60 mil córdobas en efectivo”, continúa.
Sin embargo, dado el éxito de la sucursal La Fuente, en octubre abrirán otra sucursal en el Distrito Seis, en Villa Venezuela. Asimismo, el próximo año abrirán cuatro sucursales más de grupos solidarios, dos en Managua, y otras dos en otros departamentos del país, anunció Sánchez.
TRABAJO DE RIESGO
Trabajar en barrios pobres representa para los oficiales de crédito mucho riesgo, según cuentan ellos mismos.
Léster Rodríguez, quien trabaja en Fundeser-La Fuente desde que inició, cuenta que hace cinco meses en el barrio Isaías Gómez, mientras andaba evaluando a un nuevo grupo, lo interceptaron en un callejón tres hombres con cuchillo en mano, quitándole sus objetos de valor.
“Me pusieron un cuchillo en el cuello, desde ese entonces ando con más cuidado en las calles”, cuenta.
Igual situación tuvo que enfrentar la hoy gerente de la sucursal, Karla Blandón, cuando era oficial de crédito. “Me asaltaron en el barrio Milagro de Dios. Andaba visitando clientes, andaba un celular en la bolsa, me metí a un callejón para hablar con un cliente, salí, y de repente salieron cuatro tipos y me pusieron un cuchillo y me sacaron el celular”, recuerda.
Para no verse afectados por la delincuencia, los oficiales de crédito han optado por hacer las visitas a los barrios en horas de la mañana. “Desde las ocho de la mañana andamos en los barrios, hasta las 1:00 de la tarde”, dice Blandón.