- La guerra estalló en los medios. Las salas de redacción, los diarios, los programas de televisión y radio se están convirtiendo en campos de batalla donde se pelea por consignas, posturas políticas, militancia y defensa de posiciones. “Nos han dividido en bandos”, dice una periodista que cubre el área política. ¿Hacia dónde va el periodismo? Periodistas, expertos y estudiantes hacen un análisis de esta profesión en el nuevo contexto político
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Notas Relacionadas > Los medios se están atrincherando. El periodismo nicaragüense parece estar volviendo sobre sus mismos pasos, hacia el punto del que una vez quiso huir, el periodismo de trinchera, si es que se le puede llamar periodismo a esta práctica. Los medios se han dividido entre oficialistas y opositores y con ellos han arrastrado a los periodistas. Propaganda, militancia, consignas y un duro enfrentamiento ocupan espacios en las notas, reportes y programas de debate.
“Nos han dividido en dos bandos… los medios oligarcas y peleles. El principal problema es que hemos llegado a un punto en el que es difícil estar ajeno a este pleito entre el Gobierno y los opositores”, dice una periodista que cubre el área política.
“Ese es el gran peligro, que podemos caer en un periodismo de trinchera y en algunos casos ya hemos caído, pero es por la cerrazón (del Gobierno). Cuando nosotros tenemos una información buscamos que sea corroborada, ampliada, y lo hacemos a través de fuentes, que hablan porque tienen un interés. Si el Gobierno tuviera mayor apertura, ese sesgo negativo que se percibe en algunas noticias no sería tan fuerte”, dice Eduardo Enríquez, jefe de Redacción de LA PRENSA.
Basta encender el televisor antes de las siete de la mañana para conocer dos realidades distintas de un solo país. A esa hora aparece en uno de los canales un hombre gordo, embutido en saco y corbata y la mayor parte del tiempo con el ceño fruncido. Sonríe poco. Jaime Arellano aparece frente a las cámaras con la visión negativa del gobierno sandinista, al que acusa de llevar al país hacia una nueva dictadura. Sus temas frecuentes son el secretismo, el cierre de espacios políticos, el despilfarro de fondos públicos, el rezago económico, la inflación insufrible, el desempleo, la opresión… Un panorama desalentador.
A esa misma hora y en otro canal, Alberto Mora da los buenos días a sus televidentes con una sonrisa. Para ponerse a tono, abandonó el saco y corbata que le gustaba tanto. Es la otra cara de la moneda. Es la defensa del gobierno sandinista, de sus proyectos, de su trabajo por el pueblo, con entrevistas a funcionarios de Gobierno dispuestos a ensalzar la figura del “compañero presidente” y por supuesto, atacar despiadadamente a los medios que critican esta Administración.
¿Cómo se produjo este cambio en la forma de informar de los medios? Eduardo Enríquez lo achaca a la actitud del Gobierno hacia los medios, con una política de comunicación diseñada por la Primera Dama, Rosario Murillo, que consiste en darle información a los medios allegados al Gobierno.
La declaración de guerra llegó directamente del presidente Ortega, quien comenzó su discurso duro contra los medios de comunicación a partir de los primeros cien días de su mandato –que inició el 10 de enero de 2007– por las fuertes críticas que los medios hacían de su gestión, basadas en el secretismo, en la dificultad de obtener información pública y en el manejo discrecional de los fondos del Estado y de la cooperación de Venezuela, que el mismo Ortega no ha especificado a cuánto asciende.
A los ya mencionados adjetivos de “oligarcas” y “peleles”, el Presidente sumó las acusaciones de “nazis”, “vendepatrias”, “traidores”, “mentirosos”, “cizañeros”. El Presidente dice que los medios de comunicación opositores “están al servicio de los grandes capitales” y los acusa de “tenerle odio a los pobres”. El 5 de julio pasado, en un discurso en el Mercado Roberto Huembes, el Presidente hizo la que ha sido una de sus principales amenazas, contra la oposición política y los medios de comunicación que según él quieren derribarlos: “Somos amantes de la paz, pero también estamos dispuestos a levantar el acero de la guerra si intentan derribar el poder del pueblo”, dijo Ortega.
El mandatario cuenta a su servicio con un amplio grupo de comunicación que incluye radios, canales y sitios de Internet que reproducen el discurso del mandatario, las consignas del partido y recogen el discurso confrontativo, en un claro ejercicio de polarización política. Del otro lado de la acera están los medios que se han adjudicado el papel de opositores, a falta de una oposición política fuerte, y han basado sus coberturas de la gestión gubernamental en la crítica, el ataque y la confrontación. El Diario LA PRENSA, por ejemplo, ha acusado en un titular al Presidente de “cenar alacranes” y calificó de “dictadura” su gestión.
“Los periodistas y medios que están tratando de hacer un periodismo independiente y crítico, se están encontrando con una reacción violenta del Gobierno. Esta es una cuestión provocada por el Gobierno”, dice Eduardo Enríquez.
En este fuego cruzado los periodistas reciben la peor parte. Así le ocurrió el 19 de diciembre pasado al periodista Jorge Loáisiga, que en aquel entonces cubría una actividad oficial para LA PRENSA, cuando miembros del grupo de seguridad que rodea al Presidente le dieron una golpiza. “Corría hacia Trivelli para no perder sus declaraciones cuando me agredieron”, dijo en aquella ocasión el periodista.
Tras la agresión LA PRENSA tituló: “CPC con licencia para dar golpizas”, tituló que le valió una demanda por parte de miembros del Consejo del Poder Ciudadano, proyecto político del Gobierno, en un proceso donde quedó clara la posición partidaria de la justicia nicaragüense, que tramitó la demanda pero que dejó en la impunidad la agresión contra Loáisiga.
La violencia contra los periodistas continúo el 16 de julio pasado, cuando el cantautor nicaragüense y miembro del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), Carlos Mejía Godoy, golpeó al periodista del oficialista Canal 4, Nelson Hurtado, luego de una discusión en la que Mejía reclamaba por la cobertura de ese canal.
El incidente más fuerte contra un periodista se produjo el 30 de julio, cuando el también periodista de Canal 4, Antenor Peña, resultó herido de bala en la pierna derecha durante la cobertura de un enfrentamiento entre simpatizantes del FSLN y la Policía. Domingo trató de conseguir una entrevista con el periodista para hablar de ese hecho y sobre la situación del periodismo en el contexto actual, y a pesar de que en un inicio Peña había accedido, más tarde no contestó las llamadas.
¿Cómo afectan las posiciones políticas y la violencia al periodismo? Matilde Córdoba, redactora de política de El Nuevo Diario, dice que la situación actual ha aumentado el riesgo del ejercicio de la profesión.
“Existe cierto peligro. Es lógico pensar que si el líder de un grupo político con la trayectoria e influencia del presidente Daniel Ortega dice que tal medio de comunicación actúa en su contra o sabotea su gobierno, la gente haga algo, se enoje, golpee”, dice Córdoba.
La periodista dice que “se ha ido perdiendo” el respeto a los periodistas por parte de la población, que mira en los medios como trincheras políticas. “Nos han dividido en dos bandos… La gente que le cree al mandatario considera que esos medios no tienen legitimidad y viceversa”, dice Córdoba.
Mercedes Rivas, presidenta del Colegio de Periodistas, dice que el periodismo nacional atraviesa por una “situación única”, en la que las agresiones contra los periodistas vienen de la calle, de la misma sociedad. Una situación que Rivas califica de incomprensible en tiempos de democracia.
¿Han caído los medios en la misma forma de actuar del Gobierno? Cristiana Chamorro, presidenta de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dice que hay preocupación de que aumente la confrontación entre medios y gobiernos y llama a una moderación en esa lucha entre ambos bandos.
“Los medios no deben caer en el mismo lenguaje que nos hablan enfrente, un lenguaje de guerra. Los medios deben responder con información precisa y respetuosa, ajustada a lo que el público merece recibir“, agrega.
Para Eduardo Enríquez, sin embargo, es el Gobierno el primero que tiene que bajar el tono de sus ataques. “Estoy seguro”, dice, “que el día que doña Rosario Murillo decida abrir la información, el día que se baje el tono de los ataques del Presidente, esta situación se acaba”.
Pero esas posiciones combativas de los medios ya están teniendo un efecto negativo en la información que se presenta a los lectores. Cristiana Chamorro dice que ve una disminución del periodismo investigativo, uno de los géneros en los que más se venían centrando principalmente los periódicos. Chamorro advierte, sin embargo, que este fenómeno puede ser causa de la política de Gobierno, del miedo que genera a los funcionarios y las fuentes dar información o hacer denuncia de anomalías dentro de la administración pública.
“El periodismo nacional ha hecho un esfuerzo por ser investigativo, más preciso, por tener valores éticos en los que se rigen, por respetar a su fuente, al público. Sí le falta todavía mucho”, explica Chamorro.
Para José Buendía Hegewisch, director de la fundación mexicana Periodismo y Democracia, la sobrevivencia del buen periodismo se basa en una sola palabra: “profesionalización”, que no es más que “dar a la población la información que necesita para poder ejercer sus derechos, para ser más libres y para poder decidir. Nunca deben perder de vista la necesidad de mantenerse como los delegados de la sociedad, los representantes informales de la sociedad para buscar la información que los ciudadanos necesitan y de la cual son propietarios”.
Buendía Hegewisch visitó la semana pasada el país invitado por la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para realizar una exposición sobre periodismo de calidad y hablar de la experiencia de los medios de comunicación mexicanos. En entrevista con Domingo, Buendía Hegewisch dijo que que no es sano en países que poseen democracias débiles como Nicaragua, los medios ocupen posiciones políticas definidas, que entorpezcan su labor informativa.
“Los medios de comunicación también están aprendiendo a vivir en un sistema democrático, se ven a veces llamados a ocupar roles que no les corresponden como el de la oposición política y a veces ellos mismos pueden tener la inquietud de convertirse en oposición política“, dice. “Los medios de comunicación no deben dejar de ser la arena o el espacio público dentro del cual se da el debate y la competencia y la lucha política, pero no son actores políticos y no deben de caer nunca en la tentación de convertirse en eso; son el espacio privilegiado del debate”, explica el experto.
Buendía Hegewisch cataloga de vicios el deseo del poder político de controlar a los medios de comunicación. La respuesta a estos “vicios”, explica el experto, es que las empresas periodísticas se conviertan en “verdaderas empresas que defienden bienes públicos como la información”, que al interior de éstas se establezcan derechos y obligaciones de los periodistas respecto de sus editores y los propietarios de las empresas. El experto explica que los medios deben dejar claro a la sociedad “cuáles son los valores y criterios a través de los que seleccionan la información y elaboran los contenidos del medio”.
“Los medios deben entender que si se han convertido en poderes fácticos, es necesario que cualquier poder encuentre algún balance, algún contrapoder. Si el medio es un poder debe tener un contrapeso respecto de los propios ciudadanos para que puedan corregir, revisar, evaluar el trabajo de sus propios medios”. Para ello, dice, los medios de comunicación deben incluir en sus redacciones figuras como los defensores del lector o el derecho de réplica.
Como respuesta a la situación política actual, el Colegio de Periodistas inició la semana pasada la que puede ser el primer autoanálisis importante que el gremio hace sobre la forma en que se ejerce el periodismo en el país. En esa discusión se habló de la necesidad de que se apruebe un Código de Ética que rija el ejercicio periodístico “con imparcialidad, sin que medien intereses partidarios o de otro nivel”, explica Mercedes Rivas, presidenta del Colegio de Periodistas.
Rivas dice que lo medios de comunicación y periodistas deben autorregularse, para evitar la imposición de regulaciones por parte del poder político. Tal vez la discusión se da en el momento oportuno o tal vez ya sea muy tarde para que los medios den marcha atrás en sus posiciones.
“Es fundamental que los periodistas no nos convirtamos en activistas políticos. Tampoco somos oposición”, dice la periodista Matilde Córdoba, quien teme un regreso al periodismo de trincheras.