El Papa Benedicto XVI y el Primer Ministro iraquí, Nuri al-Maliki, condenaron la violencia que golpea a Irak y defendieron el diálogo interreligioso para la paz, en su primera reunión.
Benedicto XVI, que en numerosas ocasiones ha clamado por la pacificación de Irak, había cancelado todas sus actividades esta semana para poder descansar del reciente viaje a Australia, pero ha hecho una excepción con Al Maliki, dada la importancia y las repercusiones internacionales del conflicto iraquí.
En el encuentro se examinaron “algunos aspectos fundamentales de la situación iraquí y se tomó en consideración también su contexto regional”, según informó la oficina de prensa del Vaticano.
Una reunión, añade el comunicado, en la que ambos expresaron su deseo que de Irak pueda “encontrar el camino de la paz y del desarrollo a través del diálogo y la colaboración de todos los grupos étnicos y religiosos, incluidas la minorías étnicas” que conviven en este país.
Además se hizo un llamamiento para que estos grupos, “con respeto a sus propias identidades, y con el espíritu de reconciliación y de búsqueda del bien, provean juntos a la reconstrucción moral y civil del país”, y se destacó “la importancia del diálogo interreligioso como vía para la comprensión religiosa y la convivencia civil”.
El coloquio sirvió, además, para que Benedicto XVI y Al-Maliki renovasen su condena “a la violencia que casi todos los días golpea las diferentes partes del país”.
El Papa expresó a Al Maliki su preocupación por los cristianos de Irak, que son cerca de 600,000, y que “sienten —según el Vaticano— la necesidad de una mayor seguridad”.
Según explicó a los medios italianos el embajador iraquí ante la Santa Sede, Albert Eduard Ismail Yelda, el Primer Ministro iraquí aseguró al Papa que pondrá su empeño para ayudar y proteger a las comunidades cristianas.
En el encuentro se prestó además particular atención a los refugiados iraquíes, que necesitan asistencia, sobre todo en espera de su vuelta al país.
El embajador añadió que el Gobierno iraquí está trabajando para “facilitar la vuelta de los cristianos que huyeron del país debido a la violencia y a las persecuciones, para evitar nuevos éxodos, y que les sean restituidas sus propiedades”.