Luis Pastor y Juan Solórzano, dos jóvenes exponentes de nuestro son nica. (LA PRENSA/MARLON ESQUIVEL)

La picardía del son nica

El rico sabor de la música nicaragüense en manos de Juancho y Lucho Cada vez que asisto a un concierto donde el plato fuerte es el son nica, termino de convencerme de que más allá de una excelente voz, una bella canción y el acompañamiento de un buen grupo, se necesita un ingrediente esencial: la […]

  • El rico sabor de la música nicaragüense en manos de Juancho y Lucho

Cada vez que asisto a un concierto donde el plato fuerte es el son nica, termino de convencerme de que más allá de una excelente voz, una bella canción y el acompañamiento de un buen grupo, se necesita un ingrediente esencial: la picardía.

En ocasiones anteriores he tenido oportunidad de ver a Juan Solórzano cantando con su grupo Macua y a Luis Pastor con su grupo Tierra Fértil, pero el jueves se juntaron en el escenario de la Ruta Maya con la idea de demostrar que tenemos son nica para rato.

Sin lugar a duda, son dos excelentes artistas. Ambos tienen más de diez años de bregar en el ambiente musical, cargando una alforja de canciones nicaragüenses e interpretándolas con mucho orgullo. Me arrepiento cuando hace unos años le dije a Solórzano que dejara de cantar son nica, que definitivamente eso era para Carlos y Luis Enrique Mejía. Hoy sé que estaba completamente en un error. Juancho es indudablemente, hoy por hoy, el “Príncipe del son nica”.

Luis Pastor, por su parte, escribe ricas canciones, tiene una voz que le da ese toque romántico al son nica. Su estilo me recuerda al maestro Camilo Zapata (creador del son nica), pero le falta “bandidencia”, irreverencia y picardía. ¡No tengás miedo, Luis!

Claro que esas carencias Luis Pastor las compensa con su presencia poética. Es el típico chavalo enamorado de esa mujer llamada Nicaragua, de la Palomita guasiruca.

Entonces, los que asistimos el jueves al concierto de Juancho y Lucho nos encontramos con un buen muchacho llamado Luis Pastor y con el bandidazo de Juan Solórzano, quien alcahueteado por del maestro Milciades Herrera, toda una leyenda dentro del pentagrama nacional, no pasó la oportunidad de decir a grito partido sus coplas de doble sentido.

Pero lo más importante del concierto de Juancho y Lucho es que ellos nos demuestran que canciones tan viejitas como La sierra de mi tierra (1938), de Erwin Krüger, interpretadas por ellos suenan mejores que muchas de las de Sin Bandera o Enrique Iglesias, por mencionar algunos artistas del momento. Sin lugar a dudas, hay son nica para rato.

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