Ernesto González Valdés

La problemática se centrará en “acostumbrarnos” a esperar La paciencia Hija, ¡apurate que se te va el bus! Una y otra vez… y nada. Sin embargo, en el momento exacto, en el tiempo justo, sale y como una carrera de relevo llegando a la esquina de la casa, aparece el transporte amarillo, abre la puerta, […]

La problemática se centrará en “acostumbrarnos” a esperar

La paciencia

Hija, ¡apurate que se te va el bus! Una y otra vez… y nada. Sin embargo, en el momento exacto, en el tiempo justo, sale y como una carrera de relevo llegando a la esquina de la casa, aparece el transporte amarillo, abre la puerta, entra ella, cierra la puerta y una mano que se despide, con una sonrisa de ¿burla?, ¿de cariño? Nadie sabe, ya que la escena se repite uno y otro día, excepto cuando va a una fiesta con sus amigas, se alista en un dos por tres y se va a la fiesta.

¿Pudiéramos pensar que la actual juventud es así? No lo creo, aunque posiblemente me haya tocado la excepción, como relataba en el primer párrafo, pero a veces la paciencia (o impaciencia) viene derivado por tomar las cosas al “suave”.

En muchas ocasiones, reiteradas, vemos actividades públicas, privadas, que comienzan tranquilamente una o dos horas después y obviamente ¿quien puede mantener paciencia, ante la pérdida increíble?, enfatizado por la frase “El tiempo es oro”, Edward George Bulwer-Lytton, persona a la que se le atribuye la misma, sumándole a ésta la señalada por Benjamín Franklin “Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”.

La problemática se centrará ¿en “acostumbrarnos” a esperar”?, ¿en convertirse en una cultura?, ¿en no transmitir a nuestros hijos el valor de ser pacientes, pero también puntuales?, ¿en exigirse a sí mismo y al resto de las personas en su entorno?

Es cierto que debemos tomar las cosas con calma, pero una persona responsable debe cumplir en tiempo y forma con lo acordado, con sus compromisos: estudios, realización de las tareas a casa, cumplir con los deberes del hogar. También el factor paciencia va ligado a no confundir una actitud pacífica y tolerante con la pasividad, la sumisión y el temor.

Una nota incorrecta ante una evaluación realizada y otorgada por un docente, debe ser reclamada de forma correcta, sin tener temor a su solicitud, siempre que sea de la forma más respetuosa.

¿Cómo lograr el ser lo debidamente paciente, sin caer en el extremo de ser irresponsables e incumplir?

Se requiere de un serio trabajo personal dirigido a balancear nuestras emociones y a relajar y soltar las tensiones y el estrés que nos producen las ocupaciones de la vida diaria, por ejemplo: considerar todos los aspectos involucrados. Preguntarte qué puedes hacer para cambiarla. Si la respuesta es positiva, ponte a hacer lo necesario para mejorarla; pero si es negativa, trabaja la aceptación para que no te desequilibre.

En ocasiones esperamos más de lo que los demás nos pueden dar, lo que nos hace correr el riesgo de dañar nuestras relaciones con ellos.

Otras veces nos exigimos a nosotros mismos demasiado. ¿Fórmula? Ser paciente y tomar el tiempo para descansar y recuperar la energía y la claridad que necesitas.

Sólo una persona madura emocionalmente, consciente y equilibrada puede hacer uso de una actitud paciente en el momento en que lo considere necesario. ¡Cuánta paciencia debemos tener los padres!

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí