14
días
han pasado desde el arresto de nuestro gerente Juan Lorenzo Holmann, y la toma de las instalaciones. Nuestra Redacción está hoy en el exilio. ¿Vas a permitir que la dictadura se salga con la suya?

El poema en prosa: Ernesto Mejía Sánchez

El principal aporte de Mejía Sánchez a la moderna poesía hispanoamericana es ejecutar el poema en prosa, que retóricamente debía de hacerse en versos La Generación del 40 se planteó la reinvención de Nicaragua, no a la manera de los modernistas ni los vanguardistas y sus motivaciones, sino más poética, más literaria y a su […]

  • El principal aporte de Mejía Sánchez a la moderna poesía hispanoamericana es ejecutar el poema en prosa, que retóricamente debía de hacerse en versos

La Generación del 40 se planteó la reinvención de Nicaragua, no a la manera de los modernistas ni los vanguardistas y sus motivaciones, sino más poética, más literaria y a su vez más moderna; ideologías, denuncias, proyectos políticos, contradicciones y subjetividad. La Nicaragua de Mejía Sánchez es la memoria infantil, la otredad, el paraíso perdido; pues según Ernesto Sábato, en epígrafe apropiado por Mejía Sánchez para su sección La Nueva Nicaragua (1980-1984), “la patria no es lescencia, un árbol o un barrio, una insignificante calle… el nuestro viejo motor en el molino”. De allí, el “retrato familiar”, el ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, El Coyotepe, La Barranca, la sopera, los aposentos de sombra familiar, los terremotos, las lagunas y volcanes, todo lo evocativo y recordatorio se le hace poesía o material poético.

Nicaragua en la memoria y a su vez, el mito de Nicaragua, la Nicaragua metaforizada, otra Nicaragua inmaterial e inalcanzable, pura, la única Nicaragua posible y habitable contra la dictadura, el colonialismo y los imperios, fuera de la historia, una Nicaragua mental, una Nicaragua celeste, como la Jerusalén celeste, aludida, citada, referida por los científicos y los creadores del mundo como Rafael Landívar, Thomas Belt, Julio Cortázar, Malcolm Lowry. Ciudad, astro o planeta orbitando fuera de la historia de la cosmografía.

El Mejía Sánchez primigenio proviene de Mallarmé, Baudelaire y algo de Rimbaud, los oficiantes de ritos inefables, los descubridores de las correspondencias o analogías del universo, los trasmutadores del verso en prosa y de nuevas formas de poemas. Es un poeta de la sugerencia, poeta del silencio, apunta Cardenal, descendiente del neosimbolismo, pero mago, encantador, brujo —no en vano sus compañeros poetas lo llamaban “El Brujito” — o hechicero verbal perteneciente a las culturas indígenas y populares de América; es uno de ésos que inadvertidamente encendían para sorpresa del conquistador “un tabaco oloroso de las Indias”, fabricaban tres anillos blancos con el humo, una columna y aherrojan al ángel que los asediaba, los acosaba o ya se les había metido en el cuerpo.

La poesía para este Mejía Sánchez es un conjuro, o sea, una oración y acción que exorcizan, adivinan, una fórmula mágica con la que realiza sus deseos, capaz de crear cuerpos y almas y de sanar el mismo cuerpo y el alma, invocación y hallazgo de la luna o de la mujer o de la luna que es la mujer o de la amada que es la luna. Por tanto, el poeta es una suerte de taumaturgo y de mago; de ángel y demonio; un ser peligroso por subversivo y gracioso por lúdico, que va por la tierra ensayando “la palabra, su medida (o sea, su métrica, su precisión o exactitud; he ahí al neoartista), / el espacio (o sea, su valor o calidad plástica) que ocupa”, la toma de los labios de la muchacha o de los espectadores y lectores, la pone con cuidado —léase con el esmero, el trabajo y la conciencia del neoartista—, en cualquier mano y aconseja empuñarla y contar hasta dos, lo más difícil (el pro~ dígio):

Ábrela ahora:
una estrella en tu mano.

No es gratuito que su poema, muy posterior a la década del cuarenta, sobre el maestro Coronel Urtecho se titule Arrepentimiento del mago. ¿Arrepentimiento de qué y por qué?, porque la creación del poeta-mago no es cierta, es mentira, fábula, ficción, no corresponde a la realidad, es impureza, tiene algo de maldad, y, sin embargo, una vez creada, se toma pureza, forma parte, enriquece la realidad y hace a la realidad proteica y elevada. Tampoco es gratuito que llame al pintor Carlos Mérida, brujo: “Viejo nuevo, viejo prodigioso, mago ilustre, Gran Mago Maestro Brujo del Popol Vuh”. Desde su juventud se confesó escéptico, dudoso y descreído, obedeciendo de esta manera al Maligno, lo dice él mismo:

Hay un demonio malo que te dice
al oído: mira, te engañan, duda
siempre, rompe el círculo.
El mejor amuleto está en tu mano.

Toda la poesía de Mejía Sánchez está recogida en un solo tomo bajo el título de Recolección a mediodía; pero se trata de un verdadero multilibro: uno que es vario; heterogéneo temática, formal e intencionalmente; conjunto de poemas con anversos: Ensalmos y conjuros (1947); La carne contigua (1948), poema versicular que inicia su poema en prosa; El retorno (1950), que aprovecha el estado de vigilia del surrealismo y lo somete a la forma en medio del informalismo; La impureza (1951) como su pureza y otra pureza poética; Contemplaciones europeas (1957), más que poemas itinerantes o viajeros, para ser consolaciones y reflexiones sobre el viejo mundo; Vela de la espada (1951-1960), epigramas literarios y políticos contra la dictadura somocista y la depravación moral de un sector de los nicaragüenses. Pero a partir de estos dos últimos títulos y de Poemas familiares (1955-1973), Historia natural (1968-1975) y Estelas/Homenajes (1947-1979) despliega una serie de motivos más concretos y recursos más experimentales y novedosos.

Sus Poemas dialectales (1977-1980) son los poemas del filólogo, más al servicio de la creación que de la lingüística, y por eso lo vemos sacar luminosas partidas de la semántica, del léxico y de las afinidades fonéticas: rimas perfectas e imperfectas, aliteraciones y aún rimas conceptuales.

Pero el principal aporte de Mejía Sánchez a la moderna poesía hispanoamericana es ejecutar el poema en prosa, que retóricamente debía de hacerse en versos, poema en prosa —prosema, bautizado por Pablo Antonio Cuadra— y acaso su herencia más personal y perdurable. Prosemas que hay que ubicar en su tradición y admirar en su conjunto: su primer y feliz intento fue La carne contigua, largo poema compuesto de tres partes y en versículos amplios. Sus poemas en prosa responden a los caracteres de esta forma novedosa, dúctil para expresar el complejo discurso de la modernidad; son, pues, breves, intensos, en cuya interioridad una fuerza anárquica y a su vez, otra, lúcida, mezclan géneros y formas elocutivas primarias y secundarias con acierto y libertinaje. Espacio verbal de convergencia de diversos discursos, así tenemos y reconocemos prosemasnovelas, prosemas-expropiaciones textuales o intertextuales, prosemas-medallones, prosemas en los que se entrecruza la lengua despierta y la escritura automática, o el catálogo herencia del surrealismo, y prosemas tramados con verso y prosa y prosemas-críticas de artes plásticas.

La Prensa Literaria
×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: