Aún cuando existen métodos avanzados de medición de estadísticas, que permiten evaluar el pasado y proyectar el futuro con rigor científico, sigue siendo un riesgo determinar cuánto tiempo le tomará a un prospecto llegar a las Mayores.
Quizá porque esos métodos valoran herramientas, habilidades, pero no pueden medir variables intangibles como deseo, compromiso y, sobre todo, el corazón del joven.
Hay otro inconveniente. No siempre se puede anticipar cómo va a reaccionar un chavalo en su adaptación a un sistema, cultura e idioma diferente. Hay muchos que se acoplan sin problemas, a otros les toma un poco más de tiempo ese proceso, pero muchos no lo consiguen nunca.
José Ariel Contreras no desconocía el mundo cuando se introdujo en la caseta de los Yanquis, sin embargo pasó trabajo para adaptarse a un estilo de vida y sistema de trabajo muy distinto al que había tenido en Cuba.
El mejor prospecto aquí ha sido David Green, pero tuvo dificultades para sobreponerse a una serie de eventos que ocurrieron en su entorno y no pudo salir a flote, pese a que parecía un cheque al portador.
Gonzalo López fue muy valorado. Se pensó que en tres años subiría, pero perdió entusiasmo cuando el bono de 725 mil dólares le resolvió necesidades y caprichos. Y se estancó.
¿Cómo le irá a José Francisco Valdivia, el prospecto firmado por Seattle? Bien. Eso dice el diagnóstico elaborado en torno a su potencial. Desde el punto de vista físico tiene todo para llegar a brillar, y mentalmente, parece un joven de más edad. Sólo queda esperar cómo reacciona ya insertado en el sistema.
Pero vale la pena apostar a él. Este tipo no dará problemas. No diré que va directo a Grandes Ligas, pero tiene el material y sé que se esforzará todo lo necesario para alcanzar la meta.
Al momento de ser firmado, Gonzalo estaba más construido que él y Juan Carlos Ramírez disponía de mejor físico, pero ninguno tiene el afán de superación y el deseo de “Chico”, quien tampoco tiene nada que envidiarles respecto al talento de estos dos.