Escándalo Irangate impidió la invasión

Sandinistas vieron con temor el despliegue de 50 mil marines, según documentos secretos Notas Relacionadas > Un documento amplio del Pentágono, elaborado desde 1984, explicaba que la invasión a Nicaragua se fundamentaría en provocar la entrada de tropas sandinistas en territorio hondureño y acudir a un llamado de auxilio, según consta en archivos desclasificados de […]

  • Sandinistas vieron con temor el despliegue de 50 mil marines, según documentos secretos
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    Un documento amplio del Pentágono, elaborado desde 1984, explicaba que la invasión a Nicaragua se fundamentaría en provocar la entrada de tropas sandinistas en territorio hondureño y acudir a un llamado de auxilio, según consta en archivos desclasificados de la Seguridad del Estado de Alemania oriental (Stasi) en poder de LA PRENSA.

    La operación “Escudo Sólido” tenía preparados a 50 mil soldados, incluyendo aquellos en las bases de Guantánamo en Cuba y la isla de Vieques en Puerto Rico.

    Según Tomás Borge, la invasión finalmente se canceló por la captura del colaborador de la CIA, Eugene Hasenfus, en territorio nacional en octubre de 1986, que dio las primeras pistas del escándalo Irán-Contras o Irangate que reventó un mes después y sacudió las entrañas del Gobierno de Ronald Reagan.

    A raíz de esto se investigaron las operaciones ilegales para suplir con armas a la oposición en Irán y a la vez financiar a la Contra en Nicaragua.

    Pese al escándalo, a lo interno de Washington la operación “Escudo Sólido” se efectuó entre abril y mayo de 1987, aunque sólo sirvió para apoyar una contraofensiva de la Resistencia, sostienen los documentos.

    Hasta esos momentos Estados Unidos centraba sus operaciones contra Nicaragua en el espionaje estratégico aéreo, teniendo como base central la base Havard A7B de Pennsylvania que enviaba permanentemente aviones estacionarios EC-130, RC-135 y U-2 que sobrevolaban las Regiones Militares I, II y IV.

    Igualmente mantenían su espionaje aéreo táctico desde la base de Palmerola en Honduras, donde salían los RU-21, RF 4E-40D que sobrevolaban la frontera norte, así también, la vigilancia marina en el Golfo de Fonseca con el ARL-24 Esfinge.

    El Pentágono desarrolló también otros ejercicios y operaciones entre 1985 y 1987, como la movilización de tropas “Lempira” en la frontera con Nicaragua, la operación de construcción Blazing Trails que unió las vías entre el Pacífico y Atlántico, la campaña de entrenamiento “Big Pine” y el movimiento de control aéreo y marítimo “King’s Guard”.

    GUERRA TOTAL

    El informe del Ejército Sandinista “The Defeat of the Counterrevolution”, publicado en 1988, encontrado entre los expedientes de la Stasi, explica entre otras cosas las maniobras desde diferentes puntos para preparar un eventual ataque a Nicaragua, que sería en todo caso, total, involucrando al portaaviones J.F. Kennedy, fragatas, destructores, unidades anfibias y los marines.

    Las tropas principales eran las del Comando Sur en Panamá y de Fort Braggs en Carolina del Norte, cuartel general de la División 82 de Aerotransportados, usadas en la invasión de la isla de Grenada en 1983.

    En algunas maniobras más discretas al Escudo Sólido, participaron 16 mil marines, que incluyeron un bloqueo naval y 6 mil soldados hondureños. La operación “Guardians of the Kings” incluyó a las Fuerzas Armadas de El Salvador. Todo esto sin contar las 18 principales bases de la Resistencia que hasta octubre de 1986 se habían identificado en Honduras y Costa Rica.

    ¿Y las conversaciones de paz? Un documento de 1987 de la Stasi sobre la política de Estados Unidos en Nicaragua mantenía la idea que Esquipulas II eran proyectos contra el FSLN y el FMLN. Los sandinistas temían que si no mostraban resultados en 90 días podrían recibir una intervención militar directa, por otro lado el Grupo Santa Fe tenía como ejes de ataque la guerra de baja intensidad y la modificación del Plan Baker para fortalecer la oposición política y financiarla.

    SECRETOS DE WASHINGTON

    El 12 de septiembre de 1984 la sede de la Stasi en Berlín Oriental recibió el “Informe Sobre la Preparación de una Invasión de USA en Nicaragua”. Se trataba de un reporte cuya fuente eran “círculos confiables del Congreso” y notifica que diferentes ministerios recibieron a través de la Casa Blanca la petición de trabajar rápidamente sobre el futuro proceder con Nicaragua en vista a una invasión.

    Desde entonces los sandinistas y sus aliados conocían la amenaza real del Pentágono que contaba con un documento bastante amplio sobre las políticas a seguir en Centroamérica.

    El uso de la fuerza militar había sido programado para los primeros meses del segundo periodo presidencial de Ronald Reagan, en 1985. Los militares consideraban ideal invadir Nicaragua en plena lucha de fracciones dentro de los republicanos para determinar al sucesor del Presidente y frente al debilitamiento de la posición demócrata sobre la región con los resultados de las elecciones en El Salvador, ganadas por el Gobierno.

    Reagan temía además que los sandinistas consolidaran su poder después de las elecciones de noviembre de 1984.

    APOYO SOVIÉTICO

    Yuri Andropov, en sus últimos años como director de la Seguridad del Estado de la Unión Soviética (KGB), le prometió al ministro del Interior, Tomás Borge, el apoyo condicionado de la superpotencia, pero “no al punto de una guerra nuclear”.

    La declaración se la dio a Borge en una gira a comienzo de los ochenta por los países socialistas y quedó archivada en su posterior conversación con el ministro de la Seguridad del Estado de la República Democrática Alemana (RDA), Erich Mielke.

    Las sospechas estadounidenses eran grandes porque tenían bien controlada la capacidad militar del Ejército Sandinista, pero “era impensable para nosotros que los soviéticos pusieran bases militares en Nicaragua, se lo dijimos a los Estados Unidos, les dijimos”, replica Borge vía telefónica. Incluso tuvieron que renunciar a los aviones caza Mig, porque Moscú les desaconsejó la compra, pues Estados Unidos inmediatamente los bombardearía.

    El mismo Borge reconocía en su momento que “no ha sido posible, liquidar a la contrarrevolución armada, ella existe dentro del país. Los contras mantienen sus posiciones, intentan expandir su territorio y posiciones políticas, aunque nosotros hemos podido neutralizar sus planes políticos”, según consta por la Stasi.

    PREPARARON RESISTENCIA

    En caso de una invasión estadounidense, las áreas de mayor resistencia sandinista estaban sobre todo en el centro del país, precisamente por eso concentraban ahí sus fuerzas los rebeldes.

    La región del Pacífico era considerada ligeramente vulnerable desde afuera, pero daba posibilidades ideales para retirar a las fuerzas sandinistas. Borge recuerda que estaban claros de una derrota militar convencional contra las tropas de Estados Unidos, sólo una “resistencia prolongada” podía aumentar la cantidad de bajas y disuadir a los invasores. “Yo fui asignado para resistir en Managua, por lo que organicé diferentes casas de seguridad (…), pero una invasión hubiera sido desastrosa para Nicaragua”, asegura vía telefónica desde Lima.

    El fantasma de la invasión no abandonó al Gobierno hasta que perdieron el poder. Sin embargo, en 1988 invadieron el sur de Honduras.

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