- Basilea y Ginebra vivirán la copa de un modo distinto
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Una ligera brisa caía sobre Ginebra el jueves. La temperatura estaba a 16 grados.
¿Y no es que era verano? pregunté. “Es raro que ocurra esto”, contestó Florence Gerber, una amable suiza.
La selección que dirige Felipe Scolari se concentra a las fueras de Ginebra desde hace una semana. Miles de fanáticos portugueses asistieron a la bienvenida del equipo. Es interesante ver las banderas de Portugal en las ventanas de los apartamentos.
En el caso de Ginebra, existe una significativa emigración de portugueses e italianos y por lo tanto más que celebración de suizos, habrá una fiesta interminable para los lusos hoy que arranque el campeonato.
Ginebra está dividida en varios sectores de fanáticos. Primero los portugueses que radican en esta ciudad y contagian de su pasión a los ginebrinos, la otra parte son los suizos que se apasionan más con la pelota de tenis de Roger Federer que por la de la Eurocopa y la tercera son los fanáticos discretos y críticos de su selección que la apoyan, pero que no ambicionan a llegar muy lejos en este torneo.
En Basilea la realidad es otra, juega Suiza, allí hay más confianza en la selección, pero en Ginebra jugará el favorito del campeonato. Sea cuál fuese el resultado, desde hoy los días en Suiza serán eternos, la noche no será pretexto para descansar.
Sólo bastará que el árbitro central vea su cronómetro a las 4:00 p.m. hora de Suiza y así el balón empezará a rodar en busca del nuevo campeón europeo.
¿Quién debutará con el triunfo? “Dudo que le ganemos a los checos”, expresó un suizo.