Camino a Suiza

[email protected] Mi primera parada hacia Suiza fue Panamá. Allí la presencia de europeos fue notoria. El vuelo 711 de KLM que me trasladaría a Ámsterdam, Holanda, llevaba una mezcla cultural interesante, y pese al idioma, la necesidad de hablar de algo durante 10 horas de vuelo, obligaba a conversar de cualquier tema con la persona […]

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Mi primera parada hacia Suiza fue Panamá. Allí la presencia de europeos fue notoria. El vuelo 711 de KLM que me trasladaría a Ámsterdam, Holanda, llevaba una mezcla cultural interesante, y pese al idioma, la necesidad de hablar de algo durante 10 horas de vuelo, obligaba a conversar de cualquier tema con la persona que estaba al lado.

Sofía, una española de 30 años, me hizo compañía del trayecto de Panamá a Holanda. Ella hablaba muy rápido y con la “s” demasiado pronunciada. De lo que habló en todo el viaje no logré entender casi nada, sólo movía mi cabeza y decía: “Sí, tenés razón”.

La española estaba enojada porque en Panamá le quitaron su perfume, que según ella le había costado 80 euros (alrededor de 140 dólares), es decir, el salario básico de un persona en Nicaragua.

Para cambiar los ánimos, le pregunté a Sofía si estaba emocionada por la Euro. “Pues no soy muy deportiva, pero bueno, debo admitir que soy fanática del Real Madrid, no existe mejor equipo, pero aunque no voy a Suiza en mi país será una locura, porque España ya hace tiempo que no gana la Eurocopa y es tiempo que hagan algo”, confesó.

MI LLEGADA A GINEBRA

Aterrice en Ámsterdam a la 1:05 p.m. del jueves, la última conexión que me llevaría a Suiza. Pensé que en el aeropuerto vería fanáticos, pero fue todo lo contrario.

La azafata de la línea aérea en que me fui a Ginebra me comentó que la semana pasada hubo muchos holandeses que viajaron a Suiza para la Eurocopa, la mayoría dirigiéndose hacía Zurich. Se dieron las 3:05 p.m. era hora de partir, Suiza estaba a la vista. Desde el avión se miraban las montañas de Ginebra.

Al entrar en el Aeroport Cointrin todo es alusivo a la competencia europea. Los muros están adornados de vistosos colores, y las tiendas comercializan todos los productos del campeonato.

Sin embargo, noté que los suizos no son de los fanáticos pasionales, de ésos que expresan sus emociones por el futbol, son poco expresivos.

Sin embargo, esto puede cambiar esta tarde que inicia el torneo. La afluencia de turistas le pondrá ritmo, vida y color a las calles y contagiará a los suizos que aún no se unen a celebrar.

SUIZOS HOSPITALARIOS

En la ciudad de Ginebra me esperaba Florence Gerber, una suiza que me consiguió albergue con su amiga Cosette.

Alquilan un apartamento en el barrio Saint Jean. Cosette es centrada, inteligente, prefiere ver el futbol sentada desde una banca o que le hablen al respecto o ella hablar de la cultura de su país.

Con ellos viviré durante mis primeros 10 días en Suiza, hasta entonces seguiré disfrutando del campeonato en todos sus aspectos, tanto deportivos como culturales, desde el estadio hasta en los barrios.

Esto apenas es el comienzo de mi gran aventura en el país de la Eurocopa.

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