“El día que Ofilio Castro batee de forma consistente, las Ligas Mayores serán su destino”, afirmó el año pasado Tim Raines, otrora electrizante corredor de los Expos, convertido ahora en entrenador de los Nacionales.
“Claro que voy a batear. Esa ha sido una de mis más grandes debilidades, pero sé que he mejorado y lo voy a probar”, dijo Castro al partir hacia Estados Unidos en marzo. Venía de ganar el título de bateo en la Liga Profesional de Nicaragua, y más que eso, dio la impresión de haber fortalecido la confianza en sus habilidades ofensivas.
Pero al principio las cosas no salieron como Ofilio las deseaba. No sólo no fue ascendido. Tampoco se le dejó en el mismo nivel del año pasado (AA), sino que lo enviaron a Clase A, debido a la enorme presencia de figuras experimentadas en los circuitos superiores.
Para remate no comenzó bateando bien en Clase A, donde resumió 236 (55-13), pero se mantuvo batallando y fue nuevamente insertado en el equipo de Harrisburg en AA, donde luego de un despegue lento, se ha calentado, al extremo de batear para 500 puntos en sus últimos 10 partidos.
De forma global, Ofilio tiene promedio de .348 tras actuar en 20 juegos con los Senadores en AA. Ha conectado 23 hits en 66 turnos, con 5 dobles y un triple, mientras anota 10 carreras y remolca 7.
¿Qué le espera a Ofilio? Eso tendremos que descubrirlo, pero como decía el ex big leaguer Raines, necesita batear de forma consistente, y en su caso, eso es urgente, unido a su carencia de poder, factor indispensable cuando se juega en una posición de esquina.
Castro puede jugar en la segunda, short y tercera. Su defensa es de alto nivel, su brazo es un cañón y corre al promedio, pero su bate no ha sido regular hasta ahora.
Sin embargo, si lo que vemos en este momento se convierte en algo consistente, no nos asustemos si para septiembre llega a la cima, ahí donde sólo nueve nicas han llegado en la historia.