- Hay que pensar en ciclos. Comenta que “muchas veces no pensamos que estos fenómenos son cíclicos, a veces el ciclo dura mucho tiempo, pero eventualmente el ciclo va a declinar. Tenemos una demanda enorme, maravilloso porque eso aumenta los precios para los agricultores, significa mejores precios y mejor calidad de vida” en el campo
Nicaragua tiene que aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado actualmente, como parte de ciclos económicos. Sin embargo, se corre el riesgo de dejarlas pasar, tal y como sucedió en el pasado, según afirma el economista Silvio De Franco, presidente de la Universidad Thomas More y ex Ministro de Educación del gobierno de Enrique Bolaños.
Según afirma, el país ya vivió una época similar con el impulso que tuvo el algodón durante las décadas del cincuenta y sesenta. El problema es que el país quedó como exportador de materias primas y no pudo industrializar el producto, de forma que cuando se acabó la producción todo terminó.
Pero este es un error que puede evitarse, si tanto el Gobierno como el sector privado logran articular una política de agroindustrialización por medio de la cual la economía enfrente los denominados ciclos, que consisten en tiempos de precios altos y crecimiento, y tiempos en que los precios caen.
El escenario es favorable para el país y lo que queda por hacer es aumentar la producción, la oferta exportable, aprovechando los buenos precios.
Hay un ambiente favorable en los mercados de productos que el país produce. ¿Cómo aprovecharlos al máximo?
Como en todas las cosas hay un lado de oferta y un lado de demanda. Si analizamos por el lado de la demanda, lo que vemos es un boom, un alza impresionante en la demanda, debido a los países que están tomando un liderazgo considerable en la demanda, como el caso de China y la India que tienen demanda fuerte.
También hay presión de los biocombustibles.
También están los biocombustibles, los cuales le ponen presión enorme a los precios de los alimentos, ya que tienen la misma materia prima como el maíz, el azúcar… Los biocombustibles son un fenómeno un poco artificial porque hay restricciones enormes que se le están poniendo por el lado de la oferta a la alternativa del biocombustible. Hay países donde eso no sucede como en Francia, donde el 80 por ciento de la energía es producida con plantas nucleares; allí no están hablando de un problema de ese tipo porque han sustituido una fuente importante de energía. También está el potencial geotérmico que es brutal, y en Nicaragua no se diga. Hay una serie de fuentes alternativas que no se están utilizando y una salida fácil y medio artificial han sido los biocombustibles.
De forma que es bien difícil predecir qué va a suceder, por un lado la demanda es alta pero si la economía china tuviera una recesión y se viera afectada por lo que sucede en Estados Unidos, en el mercado de la vivienda con la recesión, y si por otro lado los chinos tienen problemas políticos serios que pueden interrumpir la economía, entonces, en ese caso vamos a ver el fenómeno de la caída de los precios internacionales de los commodities, como la soya, el maíz, el arroz. Todo esto nos lleva a una conclusión interesante y es que hay que pensar en el ciclo (de la economía).
¿Cuánto tiempo se mantendrá esta situación?
Muchas veces no pensamos que estos fenómenos son cíclicos. A veces el ciclo dura mucho tiempo, pero eventualmente el ciclo va a declinar y la razón por la que va declinar es bien sencilla. Con precios de este tipo, lo que va a suceder es que la demanda aumentará tremendamente con una capacidad enorme en el crecimiento de la oferta. No se queda estático, siempre que no se empiecen a poner controles de precios y cosas de ese tipo que impiden que reaccione la oferta. Eso, y si a los agricultores se les comienza a poner restricciones de adónde exportar, y todo lo que afecta esa actividad.
Aquí el problema es cuáles son las reglas del juego que enfrentan los agroexportadores. Por ejemplo, en Argentina se le puso una restricción enorme a la exportación de carne, bajo la excusa de que el pueblo tenía que seguir comiendo carne barata. ¿Qué sucedió? Que los grandes productores de carne se pasaron a (sembrar) soya, inclusive están sacrificando vientres porque no les interesa a ellos producir carne, porque el precio que se les impuso al prohibir la exportación y que sólo podían vender en Argentina bajó tremendamente, pero como la soya no tiene restricción entonces se están pasando a la soya. Ése es el caso donde artificialmente se quiere controlar algo y la gente busca una solución fuera de ese control.
Aquí se está manejando la posibilidad de restringir las exportaciones de productos alimenticios.
El otro ángulo es por qué no aprovechar el momento y aumentar la capacidad productiva, por que tenemos una demanda enorme, maravilloso, porque eso aumenta los precios para los agricultores, significa mejores precios y mejor calidad de vida para los que están en el campo. Entonces, en lugar de decir que vamos a ver sólo el lado de la demanda, veamos el de la oferta, qué se puede hacer para aumentar la capacidad exportadora. De forma que está todo el asunto de la semilla mejorada, el estímulo que se puede dar a nivel de familia. Nosotros intentamos montar… Cuando pasé por el Ministerio de Educación, tratamos de impulsar un programa de huertos escolares para enseñar las cosas básicas y aumentar la oferta, mejorar hábitos de alimentación, que los alumnos aprendan a hacer cambios cuando los precios de algo suben. Ese tipo de cosas se pueden trabajar perfectamente y la otra cosa importante es trabajar en la infraestructura. Aquí los grandes villanos en todas estas películas son como siempre los intermediarios, que compran barato y venden caro, que son los que ganan. Pero cada vez que uno ve ese fenómeno en el que hay una diferencia enorme de precios entre el que se paga al productor y el que se paga en el mercado, lo único que indica eso es que la infraestructura es bien pobre. No hay infraestructura de transporte, no hay infraestructura de apoyo tecnológico. Imagine alguien que se mete a la montaña a sacar cinco quintales de frijol. Esa persona pasa por una pésima infraestructura, le toma tiempo, le toma esfuerzo, riesgos; eso significa que cada vez que hay situaciones de ese tipo, vamos a ver diferencias enormes de precios entre el productor y el acopiador, y por supuesto para el consumidor final. Pero también hay que ver cómo le llega a los agricultores, sobre todo a los más pequeños la información de mercados, sobre qué sembrar, qué no sembrar, cómo tiene acceso a tecnología aunque sea en forma de semilla. Ésas son las cosas en lo que se tiene que trabajar. Yo pienso que se le pone demasiado énfasis sólo al lado de la demanda y no se le pone énfasis al lado de subir la oferta.
Nicaragua es un país eminentemente agrícola. ¿Por qué seguimos como estamos, en qué han fallado los últimos gobiernos?
Creo que hay una razón bien fundamental que tiene que ver con la economía política. La gente en el campo no se puede manifestar fácilmente, la pobreza en el campo que es la pobreza más extrema, es más “invisible”, entre comillas, no se mira. En cambio, en las ciudades es mucho más fácil manifestarse, es mucho más fácil presionar a los gobiernos que en el campo. Eso influye mucho en la manera en cómo se hacen las políticas. No quiero decir que sea justo, sino que estoy señalando una parte importante de la realidad y luego también porque aquí tenemos el mito de que Nicaragua es un país agrícola; pero realmente si uno mira la mayor parte de la vocación de la tierra de Nicaragua debería ser de agroforestería. Es decir más bien la vocación es forestal en la mayor parte del territorio y las bandas que hay detrás de la parte agrícola realmente necesitan más infraestructura de penetración, no solamente son las grandes carreteras. Un ejemplo sencillo: fíjense en los problemas que se presentan cada año cuando viene la cosecha de café. Creo que es una historia que ustedes ya la tienen escrita y solamente le cambian el año. Siempre se ha dado la misma historia, que los caminos de penetración están malos, la inseguridad para transitar por allí… Son problema recurrentes que se presentan cada año, ese tipo de cosas que se presentan, es allí donde hacen falta las políticas de largo plazo y allí es donde volvemos a los problemas políticos, a la agenda mínima nacional de qué se trata este juego, independientemente de quién ejerce el Ejecutivo.
¿Falta un diálogo económico?
Tengo la impresión de que en la medida que sólo se toma un punto de vista, y en la medida que no hay diálogo y no se entiende la lógica de los productores, ni se entiende la lógica de los intermediarios ni de los consumidores, en esa medida no hay posibilidad de solución. Vamos a estar dando bandazos y vamos a perder una oportunidad. Es una oportunidad tremenda. Ya la perdimos en los años cincuenta y sesenta, con el algodón. Nunca pudimos procesar el algodón.
¿Ha habido política industrial en algún momento?
Han habido intentos de crear como los famosos clúster o conglomerados, que se han trabajado bastante y de los que se tiene información. Por ejemplo, veamos el cultivo del plátano en Rivas, eso se hizo bajo la tónica de los conglomerados agroindustriales donde se siembra, se transporta y se procesa. Había lógica, donde se puede integrar todo, eso hay que hacerlo regionalmente. Donde me refería a la falla empresarial es cuando los algodoneros se concebían como algodoneros nada más, los cafetaleros como tal nada más. Lo único que tenían que hacer era sembrar, cosecha y vender. Y lo mismo los cafetaleros, es decir nunca se vieron como empresarios. Recientemente comenzaron a aparecer empresarios con otra mentalidad, como el que siembra café y está pensando en el mercado internacional y ve cómo tiene que sembrar el café, qué pide el mercado, si es café orgánico, cómo tengo que empacar y cómo lo tengo que procesar. Interesante ese progreso. En el del algodón no se llegó a eso, en la caña de azúcar hemos visto progresos bien interesantes, ya se da la producción de energía, como usar el bagazo, vemos la transformación en alcohol etanol y otros productos para combustibles. Uno ve una atención empresarial diferentes a la tradicional, aquí el problema es cómo se integra a pequeños productores en todo esto.
El boom del algodón fue un gran impulso para la economía nicaragüense de la década del cincuenta, sin embargo no fue suficiente para establecer bases sólidas para los tiempos en que los precios de este producto cayeron.
¿Qué pasó con el algodón, por qué no se aprovechó esta oportunidad?
Porque nunca se creó el incentivo adecuado, ni nunca se preocuparon los gobiernos por inducir a que invirtieran en industrializar el algodón. El Gobierno actuó en ese sentido pero quedó corto, se estableció un centro de investigación del algodón, de control integrado de plagas, y fue bueno. ¿Pero qué sucede? Aquí viene la parte del espíritu empresarial y viene el de los incentivos. ¿Qué hicieron muchos empresarios? Simplemente consumieron. Hubo unos que invirtieron, un señor en León que invirtió en la educación de sus hijos, ese invirtió muy sabiamente, hizo que todos sus hijos estudiaran; pero hubo otros que no hicieron eso, simplemente hacían viajes a Europa, Mercedes Benz y cosas de ese tipo. Tampoco nunca existió una política clara de industrialización, una política que dijera que aquí te damos 10 años de exoneración si ponés esto y lo otro. Nunca se dijo aquí trajimos estos expertos para organizar el sector algodonero, para que se industrialice, nunca hubo ni la información ni los incentivos, ni siquiera la presión para que se hiciera.
Eso desapareció totalmente.
Lo que quiero decir es que esto pudo ser una industria muy sostenible, aún cuando el precio del algodón hubiera sido caro producirlo, hubiéramos tenido una industria textil. El Salvador la tiene y fuerte y ellos no producen algodón. Aquí me refiero a la capacidad de integrar la cadena.
¿Aquí es donde entran las políticas públicas, el Estado?
Entra el papel del Estado a través de la infraestructura de información, transporte, comunicación y de facilitación tecnológica.
Está el caso del maní, plátano, son varios sectores que han salido adelante. Lo que falta es integrar a los empresarios, pequeños, medianos. Yo soy del criterio de que hay que integrar mesas de diálogo. Mesas de diálogo, pero no para discutir cuestiones de politiquería. Sentarnos y decir éstos son los problemas que existen aquí, sentar varios ministerios del sector privado, y decir que éstos son los problema reales que tenemos que resolver.