Del Valle: gastará 300 millones de dólares en compras ()

Invisibles y globales

La brasileña Braskem y la mexicana Mexichem, empresas latinoamericanas, se fortalecen en el mercado de la industria petroquímica global con agresivos proyectos SAO PAULO/CIUDAD DE MÉXICO Aunque son componentes esenciales de muchos objetos cotidianos, los productos químicos y petroquímicos escapan fácilmente a la vista. Están en todos lados, pero no se ven. Lo mismo se […]

  • La brasileña Braskem y la mexicana Mexichem, empresas latinoamericanas, se fortalecen en el mercado de la industria petroquímica global con agresivos proyectos

SAO PAULO/CIUDAD DE MÉXICO

Aunque son componentes esenciales de muchos objetos cotidianos, los productos químicos y petroquímicos escapan fácilmente a la vista. Están en todos lados, pero no se ven. Lo mismo se podría decir de dos empresas latinoamericanas que participan en esta industria: la brasileña Braskem y la mexicana Mexichem.

A diferencia de otras compañías de sus respectivos países de origen, ambas tienen un perfil relativamente bajo y, sin embargo, durante los últimos años han realizado agresivos proyectos de expansión territorial, especialmente a lo largo de la región.

En marzo de 2007, Braskem —en alianza con Petrobras y Grupo Ultra— adquirió los activos petroquímicos de Grupo Ipiranga (una operación valuada en US$4,000 millones). Está invirtiendo US$3,500 millones en Venezuela —vía un joint venture con la estatal Pequiven— en la construcción de una planta que producirá 450,000 toneladas de polipropileno, y continúa abriendo filiales en Argentina, Europa y América del Norte. Como si fuera poco, cerró 2007 con la apertura de una sede en Shanghai.

Por su parte, la mexicana Mexichem, presidida por Antonio del Valle, sólo el año pasado adquirió a la brasileña Amanco (por US$500 millones) y el 50 por ciento de la colombiana Geon Andina (por un monto no revelado). Arrancó 2008 con la compra de la colombiana Podesal y la argentina Dripsa, así como 70 por ciento de la brasileña DVG Plastubos.

Y aunque el monto de estas operaciones no fue difundido (se habla de unos US$110 millones), Mexichem ha declarado a la comunidad inversionista que en 2008 gastará US$300 millones en la compra de compañías.

Gracias a eso, Mexichem ha pasado de tener ventas por US$300 millones en 2003 —según datos de la Bolsa Mexicana de Valores— a US$2,141 millones en 2007 (un incremento de 122 por ciento con respecto al año previo). Hoy posee las plantas de cloro, sosa y PVC más importantes de América Latina, y se ha transformado en el mayor proveedor de ácido fluorhídrico integrado en la región y el principal productor de tubería de PVC en Latinoamérica.

Braskem, por su lado, se ha convertido en la tercera productora de resinas en el continente americano (3.3 millones de toneladas anuales), la undécima petroquímica del mundo en términos de valor empresarial, y en la segunda en rentabilidad. El año pasado la brasileña registró un ingreso bruto de US$12,300 millones —lo que representa un incremento anual de 24 por ciento—, con un aumento de 12 por ciento en las exportaciones (US$2,300 millones).

MÁS ALLÁ DE LA MATERIA

Para la brasileña y la mexicana, el camino hacia la aventura extraterritorial está impulsado por ampliar el mercado de sus materias primas, y al mismo tiempo, añadir valor agregado y fortalecer su presencia en la cadena de valor que entregan los productos terminados.

En ese sentido, Braskem, por ejemplo, espera que su coinversión en Venezuela (con Pequiven) le permitirá colocarse en el mercado del polipropileno —el plástico cuya demanda más crece en el mundo—, así como producir 1.3 millón de toneladas de etileno integrado en la elaboración de polietileno para 2011.

La compañía ha logrado desarrollar el primer polietileno “ciento por ciento verde” con certificación internacional. Esta innovación, por sí sola, le podría aportar buenas oportunidades de negocios en Europa, una región que aprecia los materiales con vocación ecológica, incluso a pesar de los costos. “Es un producto con sobreprecio, pero Europa lo paga”, dice Douglas Abreu, de la consultora Gas Energy, en Porto Alegre.

En un esfuerzo paralelo, la expectativa es que Braskem siga acercándose a los principales compradores de sus productos, en Estados Unidos y Asia. Y está desarrollando esta estrategia con su inversión en Venezuela, la cual le facilita la exportación a dichas regiones.

Sin embargo, para mantener este plan, la brasileña tendrá que buscar aliados que potencien su producción, y en ese ámbito Perú —con el campo de gas de Camise— y Bolivia son objetivos posibles. En esta última nación, sin embargo, los brasileños estancaron las negociaciones por considerar que el Gobierno no ofrecía garantías, pero mantienen en mente el proyecto de una o dos plantas de US$1,500 millones.

“El país tiene que arreglarse, hablamos de una nación y no de una persona”, dice Otávio Carvalho, director de la consultora Maxiquim en Porto Alegre, Brasil, recordando que Braskem, por ejemplo, considera sus inversiones, en Venezuela, de largo plazo, independientemente de los líos políticos.

Asimismo, los analistas no descartan que Braskem ponga el ojo en África, aprovechando que el gobierno brasileño está impulsando las relaciones con este continente, especialmente con Angola. En realidad, Braskem irá donde haga falta, con tal de cumplir con una de las máximas de su industria y sus clientes: materias primas a bajos precios.

En el caso de Mexichem, es imposible determinar el nombre de las compañías que adquirirá, pero su expansión continuará, dicen los analistas. Por lo menos durante el primer semestre de 2008.

Pero es sencillo prever el perfil de las transacciones: blindar a la compañía ante los vaivenes en los precios de las materias primas (tanto de los insumos con que elabora sus productos, como de las mercancías que fabrica y son usadas en otras industrias), especialmente, a través de aumentar la presencia de Mexichem en la cadena de valor de los mercados que atiende.

“La empresa ha desarrollado una estrategia de expansión que se integra vertical y horizontalmente a su operación”, dice Luis Vallerino, analista de Accival-Citi en Ciudad de México. “Y uno de los puntos positivos es que aleja a Mexichem de los riesgos de los commodities”.

Este plan es el que ha guiado las compras y la expansión de la compañía. La adquisición de la colombiana Prodesal, por ejemplo, implicó fortalecer el abastecimiento de derivados de sal, desde sal para consumo humano e industrial hasta derivados clorados como cloro, sosa y ácido clorhídrico.

Con ellos se fabrican compuestos que Mexichem puede producir en sus plantas de México (Tlaxcala, Tamaulipas), Estados Unidos (la compañía Bayshore, en Nueva Jersey) o Colombia (Geon Andina, en Cartagena). Y con PVC es posible construir tuberías y conexiones plásticas para el transporte de fluidos, gas y electricidad, tal como lo hace Amanco en Sur y Centroamérica.

DEMANDA ALZA

Lo bueno es que esta expansión de Mexichem se hace cuando los sectores de infraestructura y construcción —ámbitos consumidores de sus productos— auguran buen crecimiento para los próximos años, sobre todo en Latinoamérica.

“En la región hay un déficit de infraestructura tremendo, en algunos países también hay déficit de viviendas”, comenta Raquel Moscoso, analista de la entidad financiera IXE, en Ciudad de México. “En vivienda, por ejemplo, muchos constructores están descartando el cobre para tuberías y optando por el PVC”, dice.

En el terreno de infraestructura, por mencionar otro ejemplo, la adquisición de la argentina Dripsa, especializada en el diseño y venta de soluciones de riego agrícola, permitirá que Mexichem entre de lleno a un mercado agrícola que está mayoritariamente basado en las temporadas de lluvia, por lo que los productos de Dripsa podrían encontrar buenas oportunidades de negocios.

Hay que ver cómo se da el impacto de estos planes con la desaceleración de la economía mundial. Se espera que no sea grave. Más inquietante resulta el esperado aumento en la producción de petroquímicos.

Este año muchas compañías de Medio Oriente entrarán de lleno a competir, lo que conducirá a presiones de precios. “El precio podrá estar determinado globalmente, pero tiene a su favor que habrá demanda local”, dice Vallerino, de Accival-Citi en México.

Así, parece que en 2008 las cosas no cambiarán tanto para Braskem y Mexichem: aunque no las veamos, ahí estarán, no importa el país donde estemos.

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