- Murió en el olvido, sin que autoridad alguna le hiciera un reconocimiento
Un trovador de la música campesina, Tranquilino Lanzas, murió este pasado lunes a los 98 años, 85 de los cuales combinó entre la agricultura y la ejecución de la mandolina, dejando más de 300 canciones como aporte a la música jinotegana. Falleció en San Marcos, 30 kilómetros al noroeste de Jinotega.
Alto, delgado, de presencia silenciosa y bien humilde. Así es descrito don Tranquilino, quien vivía en una vieja y deteriorada casa construida con taquezal y tejas de barro.
Luchó por la recopilación de la música jinotegana. Su cosecha musical incluye más de 300 canciones, entre valses, mazurcas, polkas y sobaqueados. Pinolera San Marqueña, La Nueva Ilusión, La Flor del Café, Panela Seca, Morir Soñando y Tranquilidad son algunas de sus canciones.
Murió sin un solo reconocimiento de parte de las autoridades, anteriores y actuales; dedicó una de sus canciones a la cususa, aguardiente casero, cuya cuna es su natal San Marcos, y sus “guaspirolazos” de este licor nunca le faltaron mientras tocaba en el silencioso valle donde nació, creció y murió.
LAMENTAN ABANDONO
El doctor Paco Montenegro, fundador del grupo Los Lambrizcos, lamentó que “uno de los pocos artistas de la Jinotega de antaño que nos quedaba jamás fue objeto de un reconocimiento en vida o una pensión para sortear la difícil situación económica en que vivía”.
El músico no vidente, Epifanio López Herrera, de Los Soñadores de Sarawaska, destacó que la riqueza musical de este personaje es grandísima, “un aporte a Jinotega que siempre lo tuvo en el olvido”.