Los héroes y mártires de abril

Ahora que se cierne sobre Nicaragua la sombría amenaza de restauración de la dictadura de Daniel Ortega y el Frente Sandinista, es muy importante recordar a los héroes y mártires que lucharon y dieron su vida, no para sustituir un régimen de opresión con otro igual o peor, sino por la libertad y la democracia para todos los nicaragüenses.

Al respecto cabe recordar que precisamente hoy se cumple el 54 aniversario de la rebelión del 4 de abril de 1954, cuando un puñado de hombres heroicos se rebeló contra la dictadura del general Anastasio Somoza García. Lamentablemente, aquel alzamiento fracasó y los rebeldes vencidos fueron asesinados, unos en los cafetales de Carazo y otros en la cárcel.

Los héroes y mártires de abril de 1954 no se alzaron contra el régimen somocista porque querían conseguir un cargo público, ni para obtener una prebenda o cualquier otro beneficio a cuenta del Estado. Tampoco se rebelaron para que el poder público fuera repartido entre determinados partidos y caudillos, ni por ninguna de las tantas mezquindades políticas que abundan en nuestros días. Por el contrario, los héroes y mártires de abril de 1954 dieron su vida porque querían que Nicaragua volviera a ser república.

Ellos soñaban con una sociedad en la que cada nicaragüense fuese una persona libre y responsable, titular de una dignidad inalienable, sujeto de derechos naturales y fundamentales que no se le deben a nadie sino que son inherentes a la condición humana y por lo tanto anteriores a cualquier sistema político y gobierno. Ellos querían un Gobierno auténticamente democrático, que hiciera prevalecer el Estado de Derecho y respetara los derechos humanos y las libertades individuales, que son los fundamentos de la convivencia civilizada, pacífica y digna de la sociedad.

Eso en términos generales. En lo particular, la rebelión del 4 de abril de 1954 fue motivada porque el general Anastasio Somoza García, entonces presidente dictatorial de Nicaragua, estaba empeñado en reelegirse a cualquier costo en las siguientes elecciones presidenciales. A pesar de que en 1950 el general Somoza García suscribió un pacto con el líder del Partido Conservador, general Emiliano Chamorro, mediante el cual —Somoza— renunciaba a su pretensión reeleccionista, el empecinado dictador anunció a fines de 1953 que iba a impulsar una nueva reforma constitucional que le permitiría aspirar legalmente a la reelección presidencial.

En la historia de Nicaragua, el reeleccionismo y en general el continuismo en el poder de un caudillo o partido cualquiera, ha sido siempre causa y motivo de las grandes desgracias nacionales causadas por el hombre: guerras civiles e intervenciones extranjeras, dictaduras políticas, tiranías militares, autoritarismos personales y partidistas, violaciones masivas de los derechos humanos, atropellos a la Constitución y las leyes, censura de prensa y supresión de las libertades y derechos de las personas, desmantelamiento de las instituciones públicas, corrupción gubernamental, pactos perversos contra la democracia, etc.

Pero esas lacras sociales y aberraciones políticas no son sólo cuestiones del pasado y de la historia. Son o podrían volver a ser hechos y desgracias actuales. Pueden renacer en el poder autocrático de Daniel Ortega, que ha devenido en una especie de neosomocismo de izquierda con la malsana intención de perpetuarse en el poder a cualquier precio.

Es lamentable que todavía haya en Nicaragua personas y partidos sin escrúpulos, que rechazan los valores y los principios de la dignidad humana, de la libertad y la democracia por los que lucharon y murieron los héroes y mártires de abril; y que por lo tanto quieren acabar con esos principios y valores actuando de la misma manera que lo hicieron la dictadura somocista y la dictadura sandinista de los años ochenta.

Por eso, en las nuevas condiciones históricas de Nicaragua, la lucha sigue siendo la misma que aquélla por la que ofrendaron sus vidas los héroes y mártires de abril de 1954. Es la misma lucha contra el continuismo gubernamental, contra la reelección presidencial, contra el autoritarismo y la corrupción gubernamental. Es la misma lucha por la libertad de prensa, por el sufragio efectivo, por la democracia verdadera y el respeto incondicional a los derechos humanos. Y es la misma lucha, auténticamente democrática, por un desarrollo económico en beneficio de todos los nicaragüenses, no sólo de los miembros y simpatizantes de un partido y una determinada clase social.

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