Ladrones de elecciones

Los expertos en constitucionalismo han demostrado hasta la saciedad que sería ilegal suspender las elecciones municipales en los municipios de Bilwi o Puerto Cabezas, Waspam y Prinzapolka, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), y que para poder hacerlo legalmente primero habría que reformar la Constitución Política de la República y la Ley Electoral. Ciertamente, el inciso 4 del artículo 178 de la Constitución dice de manera tajante que: “El período de las autoridades municipales será de cuatro años, contados a partir de la toma de posesión del cargo ante el Consejo Supremo Electoral”. Y el artículo 3 de la Ley Electoral establece que la elección de autoridades municipales se debe celebrar “el primer domingo del mes de noviembre del año anterior a la fecha en que de acuerdo con la Ley comience el período de los que fueron electos”.

De manera que no hay cómo confundirse: si el presidente Daniel Ortega y sus colaboracionistas del Atlántico Norte quieren suspender las elecciones del próximo noviembre en esa región, primero tendrían que reformar la Constitución y la Ley Electoral en los artículos antes mencionados, por lo menos para adicionarles una disposición transitoria con el consabido, “por esta vez…” Pero ya no es posible reformar la Constitución antes de las elecciones municipales del próximo noviembre, porque para modificarla se requieren dos legislaturas, o sea que la reforma tendría que aprobarse hasta el año siguiente. En consecuencia, el Consejo Supremo Electoral violaría la Constitución y atropellaría el derecho humano fundamental de los ciudadanos costeños de Puerto Cabezas, Waspam y Prinzapolka, de elegir y ser elegidos, en el caso de que cumpliera el deseo o la orden de Daniel Ortega de suspender las elecciones en los lugares mencionados.

Estamos claros de que la sola celebración de elecciones no hace la democracia. Pero sin elecciones libres, competitivas y limpias no hay democracia. Ésta es la línea divisoria entre la democracia y la arbitrariedad, el totalitarismo y el autoritarismo encubierto o descarado. La celebración de elecciones libres es una “regla de oro” de la democracia, porque e son las que permiten construir las instituciones democráticas y sustentar los atributos de la ciudadanía.

El Director Mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal —cuyos escritos deberían ser materia de estudio y consulta permanentemente de todos los ciudadanos nicaragüenses, particularmente de los políticos— escribió que: “No puede haber respeto mutuo, ni puede haber tranquilidad verdadera y por lo tanto no habrá pleno desarrollo en Nicaragua, mientras no se establezca el sufragio libre y efectivo. Más aún —agregó el doctor Chamorro Cardenal—, la negación del sufragio puede conducir al país por los senderos de la violencia, y dejarnos saldos peores que los vistos hasta ahora, porque negar el sufragio, es igual a quitar la propiedad, a robar un derecho a los demás ciudadanos”. (La Patria de Pedro, página 156).

Esas palabras del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fueron proféticas. En realidad, la negación del sufragio libre y efectivo por parte del régimen somocista, condujo a la vorágine de la violencia revolucionaria que arrastró, derrocó y ahogó en sangre al mismo somocismo. Pero, además, la negación de elecciones libres, justas, competitivas y transparentes por parte del régimen sandinista, después de la revolución de 1979, arrastró al país a la guerra civil y a la intervención extranjera, hasta que después de hacer correr un río de sangre y dejar en el camino tendaladas de muertos y mutilados, Daniel Ortega y el FSLN se vieron obligados a realizar elecciones libres, competitivas y transparentes, así como a aceptar su derrota electoral y a entregar el poder en 1990, al menos formalmente porque de manera mañosa y perversa quedaron “gobernando desde abajo”.

Pero Daniel Ortega y el FSLN no aprenden las lecciones de la historia. Tampoco son verdaderos demócratas. Lo que hacen es aprovechar los generosos mecanismos de la democracia para sus fines dictatoriales y autoritarios. Y a la menor oportunidad que encuentran tratan de impedir o de menoscabar el sufragio libre, competitivo y transparente. Hacen toda clase de maniobras y fraguan cualquier tipo de conspiraciones para robarle al pueblo el derecho sacrosanto de elegir libremente a sus gobernantes. Eso es lo que están tratando de hacer ahora, con la pretensión de suspender arbitrariamente las elecciones en Bilwi, Waspam y Prinzapolka.

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