La increíble y triste historia del “Poli”

[email protected] Cuando aprendí a jugar baloncesto en la década de los setenta, creo que la única cancha que existía para practicar ese deporte era la de Los Marañones en la Colonia Centroamérica. Era el año 1975. Un año después el general Anastasio Somoza inauguró con gran pompa, lo que sigue siendo el gimnasio de baloncesto […]

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Cuando aprendí a jugar baloncesto en la década de los setenta, creo que la única cancha que existía para practicar ese deporte era la de Los Marañones en la Colonia Centroamérica. Era el año 1975. Un año después el general Anastasio Somoza inauguró con gran pompa, lo que sigue siendo el gimnasio de baloncesto más grande del país, el Polideportivo España. El mismo donde hace poco se desarrolló un tope internacional entre equipos de Nicaragua y México como parte del Centroamericano de clubes de baloncesto.

Una inauguración fuertemente cuestionada porque los fondos para su construcción no se utilizaron para ello, y el general Somoza los utilizó para “otros fines”. En realidad el robo era evidente. Los tableros eran de madera de la peor calidad, casi de ripios que distaban de estar a la altura del baloncesto nacional de primera división y menos de nivel internacional.

Estaban soportados por unos tubos pegados en una base de metal sostenida por, si mal no recuerdo, ocho piedras canteras. Obviamente cuando hablo de tubos me refiero a tubos delgados que con cada tiro se movían terriblemente. Era demasiado evidente y descarado el timo al deporte nacional. Además los asientos fueron traídos del estadio de beisbol y el piso de la cancha era de cemento. Las paredes todas de metal y supongo que del más barato. Creo que es el único gimnasio en el mundo que puede ser vendido entero, como chatarra. Pero era una situación insostenible y se hicieron algunos ajustes. Se cambiaron los tableros y aros, y se pegaron a una de las paredes del Poli a través de una viga de metal apoyada por unas varillas. El problema era que de repente del tablero estaba de lado. Lo peor era que se trataba de un sistema frágil que cada vez que alguien se colgaba del tablero éste se caía.

Al llegar los años ochenta llegó también el tabloncillo. Rústico, pero tabloncillo al fin y al cabo. Si se lo imagina como los de otros gimnasios que se ven en televisión, olvídese. Nada que ver. Pero ese tabloncillo vio el mejor torneo que quizás se ha desarrollado en la región centroamericana, los Carlos Ulloa in Memoriam, que aunque he sido crítico con la forma en cómo se manejaron, reconozco la calidad de los equipos que vinieron.

Pero bueno, el tabloncillo sobrevivió los años ochenta, aunque no me olvido cuando un jugador panameño en uno de los Ulloa después de un salto triple le hizo un hoyo al tabloncillo aunque no pasó a más. El juego se retrasó, pero se solucionó el problema. Esto dejó en claro que en los Ulloa no habían doctores, salvo el presidente de la Federación, pero sí había carpinteros.

Llegó a los años noventa y el Polideportivo siguió siendo el mismo, aunque descansó por un buen tiempo pues la liga se dividió y la mayor parte de los equipos se fueron a la Liga del Parque Luis Alfonso Velásquez Flores. De hecho, salvo algunos arreglos obligados el Polideportivo España, nunca tuvo ninguna inversión. Es el mismo que dejó el finado general Somoza Debayle, porque incluso ahora ya le quitaron el tabloncillo y volvió a ser de cemento. Y allí se desarrolló el tope con México hace dos semanas, en el marco del Centroamericano de baloncesto, en un ambiente de penumbras, con luces que suben y bajan de intensidad, asientos y graderías extremadamente polvosas. Durante más de 30 años el tiempo se detuvo en el baloncesto y es la fecha y no contamos con un gimnasio para baloncesto. Esto parece ser una crítica de forma, pero no, el baloncesto necesita tener una identidad y eso se lo da la infraestructura. Y no es un problema de dinero, sino que el dinero que se ha logrado obtener como resultado de la actividad siempre se ha diluido en el camino. La triste historia de lo que ocurre con nuestras instituciones.

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