A sus 62 años, Elías Ruiz Rivas es una persona que considera su vida realizada. La conocida frase de Antonio Machado, hecha luego canción por Serrat, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, parece haber sido su norte, tanto en su vida personal como deportiva.
Ruiz se desempeña como gerente de una pequeña empresa en la región de Pacaya, comarca del municipio de Masaya, donde ha pasado casi toda su vida, luego de haber nacido en la cabecera, Masaya, en noviembre de 1945.
Es uno de los principales atletas que ha dado el departamento y quizá por haberse destacado en una época donde la televisión y los medios radiales y escritos no hacían el despliegue de hoy día a los deportistas, su figura no ha sido justamente dimensionada.
Su mayor mérito como atleta, como fondista, fue que durante compitió en nuestro país jamás perdió una carrera ante un nacional. Un invicto. Las dos veces que perdió fue fuera del país, en México, cuando quedó en ambas en el segundo lugar y fue en la disciplina de los 10 mil metros planos y la carrera de fondo de 42 kilómetros, donde hizo un tiempo de dos horas con 27 minutos. Esto le valió el derecho para poder competir en las Olimpíadas, pero por desgracia el Gobierno de entonces no procuró su pasaje y no pudo hacer el viaje.
Al preguntársele sobre cuál cree sea su mejor logro, cierra los ojos como para recordar y lo que expresa es con acento que no oculta orgullo: “Mi mayor logro es haberme coronado profesionalmente y sin ayuda de nadie, más que de mí mismo. Nunca recibí una beca por deportista, más bien me la gané por mis calificaciones”, dice alguien cuya humildad ha sido constante.
Ruiz es de esos personajes que forjaron su temple a fuego lento. Callado, disciplinado, responsable y, sobre todo, un verdadero caballero con una modestia que le admiran los que le conocen. Es una leyenda local. De él se dice que era bueno en el deporte porque se trasladaba corriendo todos los días desde su casa en Pacaya hasta el Instituto Nacional de Masaya.
“No hombre, eso es un mito. Ya lo he escuchado montones de veces y siempre hago la aclaración de que no es cierto. Cierto, venía a pie porque donde vivía no existía camino siquiera para vehículos y sí, en realidad, a veces lo hacía corriendo en raras ocasiones. ¡Pero quién le quita esa idea a la gente!”, comenta riéndose.
Sus prácticas las hacía bajando a la Laguna de Apoyo por el antiguo bajadero del pueblecito conocido como Valle de la Laguna, antes que se construyera la actual carretera pavimentada que conocemos, y luego subía por el lado del Diriá.
—Los triunfos que más recordás en Nicaragua.
No sabría decirte… fueron tantos… pero de los que mejor recuerdo sentirme satisfecho es de los dos años seguidos que gané el maratón San Jacinto-Managua.
—¿Cuándo fue tu retiro?
En los años setenta. Ya graduado tuve que dedicarme a trabajar y abandoné las carreras. En 1981 que hubo el maratón internacional Managua-Masaya (El Repliegue) que ganó el cubano Aldo Allen, decidí competir en la categoría especial de personas mayores. Salimos de la entrada a Ticuantepe y llegué de primero a Masaya. Fue mi última carrera.