James Joseph aparece surfeando una de las olas más grandes de Nicaragua en la playa El Popoyo, en Tola, municipio de Rivas. (LA PRENSA/ DONALD STONE/ CORTESÍA)

La ola celestial

James Joseph, el predicador del surf en Tola [doap_box title=»El valiente norteamericano» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En las playas de Tola, Rivas, aparecen las olas más grandes de la costa pacífica en Nicaragua que pueden llegar a medir hasta 30 pies de altura. James lleva ocho años surfeando esa ola, pero “aún existe un poco de temor” […]

  • James Joseph, el predicador del surf en Tola
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En las playas de Tola, Rivas, aparecen las olas más grandes de la costa pacífica en Nicaragua que pueden llegar a medir hasta 30 pies de altura.

James lleva ocho años surfeando esa ola, pero “aún existe un poco de temor” cada vez que la mira.

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“El surf no sólo se practica, también se predica”, es un dicho popular que comúnmente se conoce entre los surfistas. Y es que el surf para James Joseph es más que un deporte, es algo así como una especie de religión que lo une a Dios a través de las olas.

James es toda una personalidad en Tola, Rivas y no sólo por que es uno de los mejores surfistas en esta región, sino también por su carisma, humildad y solidaridad que transmite a los habitantes de la comunidad.

“Viajé a muchos lugares del mundo, buscando un lugar, pero me quedé en Nicaragua, nunca he mirado mejores olas como las que tiene este país. La gente es muy amable y yo los quiero mucho, Dios me trajo a este lugar ”, explica James.

Este hombre tiene casi ocho años de vivir en la playa el Popoyo, en Rivas. Desde los 20 años se vino de su natal Estados Unidos hacia el país pinolero, empujado por la inquietud jovial de conocer el mundo, pero lo que fue una aventura terminó convirtiéndose en su hogar.

“Cuando llegué al Popoyo, Tola no existía nada, ni hospedajes, no había fuentes de trabajo, pero las olas eran perfectas, me enamoré del lugar y de la gente que fue muy amable conmigo desde la primera vez”, expresa.

James es miembro de la congregación “Club de Sion” y también predica la palabra de Dios. Ahora James surfea una ola más complicada, la ola divina que lo ha llevado a la paz y control entre su vida y el surf.

“Yo conocí al señor hace cinco años y desde entonces me siento en paz conmigo mismo y voy a la iglesia los miércoles y domingos, agarro mi guitarra y le canto a Dios, eso es muy lindo, sentirse bien con nuestro Cristo, él le dio un sentido real a mi vida”, comenta James.

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