En uno de sus más recientes artículos que se publican en varios idiomas y periódicos de diversos países del mundo, incluyendo al Diario LA PRENSA de Nicaragua, el escritor italiano Humberto Eco se refirió al “complejo del complot” que sufren por lo general las personas autoritarias, particularmente los políticos. Son aquellos que en todo lo que hacen los demás, si no les satisface o simplemente no lo entienden ven un complot o temen una mala intención oculta contra ellos y sus intereses.
Humberto Eco menciona, a propósito del síndrome del complot, un libro de Daniel Pipes titulado El lado oscuro de la historia, el cual “se abre con una cita de Metternich (Klemens Wenzel, 1773-1858, eminente político y diplomático austríaco del siglo XIX) que habría dicho, al enterarse de la muerte del embajador ruso: “¿Cuáles habrán sido sus motivaciones?” Así es el síndrome del complot —asegura Eco—, sustituye los accidentes y las casualidades de la historia por un proyecto malvado y siempre oculto”.
En el ámbito de las ideas, este síndrome se puede caracterizar como una manifestación de subdesarrollo ideológico de personas cuyas mentes atrasadas ven o sospechan, en todos “los accidentes y las casualidades” de la vida cotidiana, “un proyecto malvado y siempre oculto”, para decirlo con palabras de Eco.
Decimos lo anterior a propósito de que hoy en la noche, el también eminente escritor cubano- español, Carlos Alberto Montaner, dictará una conferencia en el Hotel Crowne Plaza de Managua, sobre el tema: “Cómo un país subdesarrollado puede dar un salto al primer mundo en el curso de dos generaciones: Siglo y medio de experiencias”. Montaner, además de prominente escritor es ideólogo liberal, defensor apasionado de los derechos y libertades individuales y promotor de la economía de libre mercado. También es un crítico beligerante y muy bien documentado del régimen comunista de Cuba. Por eso se ha hecho acreedor al odio mortal de los gobernantes comunistas cubanos y de toda la izquierda castrista latinoamericana y mundial. Pero como les resulta imposible refutar sus ilustradas y contundentes argumentaciones, los enemigos de Montaner lo difaman de todas maneras y lo acusan de los peores crímenes políticos, entre otros los de ser terrorista de derecha y “agente de la CIA yanqui” .
De allí que mentes ideológicamente subdesarrolladas de Nicaragua hayan expresado públicamente su sospecha, de que tras esta nueva visita de Carlos Alberto Montaner auspiciada, por reconocidas empresas privadas nicaragüenses, para dictar su conferencia sobre cómo salir del subdesarrollo, tiene que haber algún complot o una misteriosa intención oculta, tal vez para “enturbiar y enrarecer el clima del proceso electoral municipal”.
Investigadores de las causas del subdesarrollo que sufren muchos países del mundo, entre ellos Nicaragua, aseguran que a este fenómeno no hay que verlo sólo como una situación económica y social, sino también como un problema mental. Por ejemplo, el empresario y escritor nicaragüense Alfredo González Holmann dice en su libro ¡La gran pregunta! ¿Qué debemos hacer para salir de la pobreza?: “Podemos trabajar arduamente toda una vida, pero si trabajamos en el rumbo equivocado puede que no logremos lo que deseamos, aunque luchemos y batallemos. La cultura general y el desconocimiento de la misma pueden mantener al ser humano atado impidiéndole el logro de sus objetivos, aun cuando se tengan las mejores intenciones de superación”. Y más adelante González Holmann señala: “¡Lo que los latinoamericanos debemos hacer en el futuro es sencillamente lo opuesto a lo que hemos hecho! Es desenredarnos de igual manera que nos enredamos…”, es construir “un sistema de convivencia con libertades aptas para generar prosperidad; tarea muy difícil, pero no imposible. Es concluir que tenemos que reeducarnos en muchos aspectos”.
En realidad, el primer paso que hay que dar para comenzar a salir del subdesarrollo consiste en romper las cadenas mentales que nos atan al caudillismo político, social y cultural; al revolucionarismo, el populismo y el estatismo; al complejo de inferioridad de culpar a los demás por los propios males; al síndrome del complot y a tantos otros vicios ideológicos que alimentan la condición del subdesarrollo.