(FOTOS LA PRENSA/G. MIRANDA)

“La familia es clave para el éxito de un atleta”

A propósito del debate sobre el viaje a las olimpiadas de Beijing, el polémico regreso de los futbolistas que habían viajado becados a Brasil y el papel del padre en el respaldo a sus hijos deportistas, Frank Richardson, destacado hombre de negocios y apasionado del deporte, comparte algunas reflexiones Frank richardson, empresario y deportista Cuando […]

  • A propósito del debate sobre el viaje a las olimpiadas de Beijing, el polémico regreso de los futbolistas que habían viajado becados a Brasil y el papel del padre en el respaldo a sus hijos deportistas, Frank Richardson, destacado hombre de negocios y apasionado del deporte, comparte algunas reflexiones

Frank richardson, empresario y deportista

Cuando los padres de Olga Bunge, decidieron que lo mejor para que su hija concentrara todos sus esfuerzos en su formación profesional y evitara las distracciones propias de la juventud, era enviarla a estudiar a California, no imaginaron que con el pasar de los años, terminaría casada con un joven estadounidense.

Pero así fue. Olga se casó en 1937 y dos años más tarde, después de varios días de viaje por el mar, volvió a Nicaragua con su esposo Larry Richardson, a través del puerto de Corinto. La pareja se estableció en Nicaragua y se dedicó al negocio de la ferretería. Nació la Ferretería Bunge que aún existe en León, y también vinieron los hijos.

“Yo nací aquí en Nicaragua, en 1940”, revela Frank, primogénito de la familia Richardson-Bunge. Frank, o don Frank como se le llama por respeto, está detrás de un escritorio en una cómoda oficina adornada con fotografías familiares, reconocimientos recibidos y uno que otro recorte de periódico con las hazañas de sus hijos.

Además de ser un reconocido empresario, Frank es padre de Michele Richardson, la más brillante nadadora que ha producido Nicaragua, a quien por la miopía política de ciertos dirigentes nacionales, se le privó de competir por nuestro país en las Olimpiadas de Los Ángeles 84 y ganó medalla de plata para Estados Unidos.

Richardson, quien fácilmente entra en diálogo y a menudo está sonriendo, fue además miembro del Comité Olímpico Nicaragüense y en varias ocasiones ha sido Jefe de Misión de las delegaciones deportivas que han viajado a participar en eventos de envergadura como Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos.

“No me echés a pelear con nadie, jodido”, establece de entrada. Dice eso después que lo he convencido de esta entrevista, que a su juicio no merece. “Es que yo no he hecho mucho por el deporte y eso me da pena”, justifica. Pero además del aporte económico que Richardson proporcionó, su sola presencia en el Comité Olímpico, inspiró siempre confianza y respeto.

LA PRENSA decidió conversar con Frank, a la luz del discutido viaje a las olimpiadas de Beijing, del repentino retorno de los futbolistas que viajaron becados a Brasil y la importancia del entusiasmo de los padres, cuando sus hijos son deportistas y destacan.

LA NATACIÓN FUE EL NEXO

¿Su vínculo con el deporte, se inicia a través de su papá ?

No hombré. Mi papá no practicaba ningún deporte. Imaginate que se vestía de blanco, como la mayoría de viejos de su época. Jugaba un poco de golf, pero no era muy bueno. Mi vínculo con el deporte se da más bien a través de mis hijos.

¿Con Michele?

No, con Frank, el varón. Resulta que él estudiaba en el Colegio Centro América y venían unas olimpiadas de estos colegios a nivel centroamericano en El Salvador. Y como Frank había ganado en una competencia en la piscina de Las Colinas, le dijeron “vos vas”. Yo me entusiasmé y me fui con él. En El Salvador, quedó de tercero. Lishette mi otra hija también se metió a la natación, pero impulsada por ese entusiasmo que yo tenía.

¿Ahí despertó su pasión por la natación?

Me volví un experto en natación. Compré libros y todo. Vos sabés como somos los papás con los hijos, nos estusiasmamos y a veces demasiado. Entonces, yo levantaba a Frank todos los días para ir nadar a las cinco de la mañana, y al final terminó odiándome, de acuerdo con lo que me confesó más tarde, cuando había crecido. Lo mismo pasó con Lishette. Ambos estaban con los Tiburones de Nejapa.

¿Los presionaba demasiado?

Sí, y eso es algo con lo que uno tiene que tener cuidado. No podés presionarlos mucho. La clave con los hijos es apoyarlos en las áreas en las que ellos muestran mayor interés. Ahora, yo los metí a nadar por salud, pero también para que se mantuvieran ocupados y no fueran atraídos por otras actividades que hasta afectaran su salud, como el licor. La droga quizá no tenía la incidencia de ahora. Pero admito que me metí demasiado.

Su reflexión es oportuna ahora que se habla sobre el rol de los padres con esto de los chavalos que se devolvieron de la academia de futbol en Brasil…

No conozco mucho del tema y no voy a poder opinar, pero la familia es clave para el éxito o fracaso de un atleta. El papá de uno de ellos me dijo que su hijo estaba con homesick (mal de patria) desde que llegó a Brasil, así que quizá ahí no se había definido bien el propósito.

¿Un papá percibe, se da cuenta cuando se mete demasiado?

Probablemente uno no lo ve, pero los demás lo notan. Por ejemplo, cuando el papá grita más que el hijo o se pelea con los jueces, es un padre que está viviendo la vida de los hijos y está equivocado. Eso pasa, es normal. Pero se le hace daño al hijo. Yo he oído papás que le dicen a su hijo “cuidado no pegás un jonrón o no anotás un gol”. Ahí lo que están haciendo es presionándolo.

¿Qué debería hacer un papá con un hijo deportista?

Estimularlo, motivarlo, pero no ponerle demasiada presión. Es importante, hacerle conciencia al hijo sobre lo beneficioso que es el deporte y lo determinante que es la disciplina. Un buen deportista es candidato a buen ciudadano. El deporte tiene muchos valores que sirven para vivir de una manera correcta en una sociedad. Pero se trata de alentar al hijo. Hay papás que se enfadan si el hijo falla y lo maltratan. Eso no es correcto.

¿Con Michele, que fue un fenómeno, usted fue como había sido con Frank Jr.?

No. A Michele no le gustaba la natación, ni siquiera quería meterse al agua. Entonces buscamos a Enrique Mencías para que le enseñara a nadar, pero sin otro propósito que ese, y así comenzó. Pero la situación del país se complicó con el asunto de las huelgas y la guerra, y mi suegra (q.e.p.d.) nos pidió que le mandáramos los niños a EE.UU. Así que Michele siguió nadando en la Universidad de Miami. Y un día que llegué a verla, la entrenadora me dijo que en mi hija había un tesoro para la natación.

¿Ahí se metió usted?

No. Ya para entonces, estábamos en EE.UU. y vos sabés que allá se trabaja duro y no da tiempo para andar detrás de los hijos, como hacíamos aquí, que todas las actividades que planeábamos, giraban en torno a los chavalos y su natación. Pero además, Michele adquirió otros niveles y a mí me apartaron. Ya la mandaron a Rusia, Francia y otros países. Me la quitaron. A sus 12 años, ya tenía una calidad extraordinaria.

Michele habla, sin embargo, de su apoyo y su compañía…

Pues sí, se dio, pero era un apoyo con palabras, alentándola, y con dinero, porque la natación cuesta, es cara. Y nosotros nos sacrificamos porque ella se fue a nadar a Boca Ratón y yo la llevaba y la traía. Pero el mayor sacrificio fue de ella porque no tuvo una infancia o adolescencia de andar en fiestas, pero conoció muchos países, se hizo un nombre y la respetan. Es decir, el deporte, siempre te da una recompensa si te dedicás con disciplina y pasión. Michele lo hizo.

“El deporte necesita de una inversión muy seria”

Frank Richardson fue Jefe de Misión de la delegación deportiva nicaragüense durante los Juegos Panamericanos de Winipeg en 1999. Antes había asumido esa misma responsabilidad en los olimpiadas de Montreal en 1976.

“Hay cosas que me dan pena, como ese viaje que hicimos a Montreal. Es que, no creás, el problema de la improvisación ha sido un mal de siempre en el deporte, y en aquel momento era peor. A Montreal fuimos sin ninguna preparación”, señala Richardson.

¿Qué recuerda de aquel viaje?

Primero que fue un honor para mí izar la bandera nica a la par de todos los países grandotes en Montreal. Recuerdo que estaba como a diez pies de la Reina Isabel. Estaba de igual a igual como todos los Jefes de Misión.

¿Y los atletas?

Ahí estuvo la falla. Recuerdo que fuimos con un grupo de boxeadores, muchachos humildes, que desde que subieron al avión aquí en Nicaragua, se dedicaron a comer. Y allá en Montreal fue peor. Ninguno dio el peso.

¿Y los demás?

Los ciclistas corrieron un poco, luego se salieron y se fueron a comer. El pesista que era nuestro Neftaly Parrales, se lastimó la rodilla en el primer intento que hizo de levantar las pesas, y el saltador largo, que era Carlos Abaunza, no hacía ni la marca mínima. Yo recuerdo que le dije, “tratá” de hacer algo ahí, no fregués’, pero qué va ser. Eso me da mucha pena.

El problema es que no se ha avanzado mucho desde entonces…

En realidad, ahora no manejo cómo está ese asunto, pero mientras estuve en el CON en los últimos años, sé que se chequeaban marcas mínimas, pero aún así, quedamos al fondo.

¿Se debería ir a Beijing?

Esa es una pregunta incómoda para mí porque yo ya estuve en la silla del CON y era de los que impulsaba esos viajes, pero pensándolo bien, lo mejor sería ir con una delegación pequeña, a lo mejor unos tres o cinco atletas, y quizá algunos delegados que puedan establecer relaciones. Pero si se habla de ir y que se requieren siete millones de córdobas, es un gasto muy alto.

¿Cómo ve el deporte actualmente?

Muy mal. Nunca ha sido bueno, pero esta es una de sus peores épocas. Hasta los campos deportivos han desaparecido.

¿Qué se debería hacer?

Habría que correr a la mitad de los diputados, a la mitad de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, y toda esa plata que se ahorre, invertirla en deportes. El día que el gobierno se meta seriamente a apoyar el deporte, también lo hará la empresa privada. Hay que hacer un Instituto de Deportes fuerte. Ahí está un buen muchacho (Marlon Torres) pero no tiene dinero.

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