Modelos: Luz María Sánchez y sus Hijos, Rafael Ernesto, Sebastián y José Pablo lacayo Sánchez.LA PRENSA/M. LAGUNA

¿Qué madre quiere ser?

En el afán por darle amor y protección a sus hijos, algunas madres se vuelven controladoras. Conozca los límites entre una buena relación entre madres e hijos y una actitud equivocada [doap_box title=»El papel del padre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Cuando las madres dan manifestaciones de ser posesivas, es decir, que quieren que los hijos hagan todo […]

  • En el afán por darle amor y protección a sus hijos, algunas madres se vuelven controladoras. Conozca los límites entre una buena relación entre madres e hijos y una actitud equivocada
[doap_box title=»El papel del padre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Cuando las madres dan manifestaciones de ser posesivas, es decir, que quieren que los hijos hagan todo lo que ellas quieren es importante que el padre actúe.

Es importante que el padre se interponga para que no solamente se haga la voluntad de la madre. Donde hay un padre equilibrado la situación se normaliza y no permitirá que la situación siga, señala la sicóloga, María Lourdes Ruiz.

Desplazado. Si el padre no logra imponerse, terminará en un rincón porque las madres posesivas son consentidoras y apapachadoras, crean un vínculo directo y estrecho con el hijo, haciendo a un lado la relación del padre.

Los padres deben tener claro que los hijos no les pertenecen sino que serán personas independientes.

Formando autoestima. El establecimiento de una relación sana con los padres es determinante en la formación de la autoestima en los hijos.

[/doap_box]

No hay ninguna universidad en el mundo que brinde un título o conocimientos para ser buenas madres y padres, ni tampoco hay una receta para alcanzar con éxito uno de los papeles más importante del ser humano si no, el máximo. Lo que sí encontramos en la vida son tipos de madres. La que nos ocupa en esta ocasión es la madre posesiva, la que exagera en la protección de los hijos, al grado de convertirlo en una relación insana.

Para muchos como Alfred Hitchcock (Londres 1899/ Los Ángeles 1980), maestro del suspenso, éstas son madres de terror y otros como los sicólogos las clasifican como absorbentes o controladoras, que trastornan las personalidades y las vidas de sus hijos.

Y es que el gran cineasta británico recreó con maestría a este tipo de madres en películas como Encadenados (1946), una joven se casa por despecho con otro hombre sin saber que más que cargar con un matrimonio sin amor, debería vivir con una suegra que lo controla todo. Aunque la película es de espionaje, el suspenso lo produce la lucha de esta madre “encadenada” a su hijo.

Cómo se forman

Según la sicóloga clínica familiar, María Lourdes Ruiz, la madre juega un papel importante en el desarrollo de la personalidad de sus hijos. “Es la que enseña hábitos a sus hijos desde que nacen, es decir que son las encargadas de formarlos para una vida futura en la que tendrán sus propias familias y ser capaces de resolver sus propios problemas”, expresa.

Para esta especialista en sicología, la madre posesiva desarrolla un comportamiento de co-dependencia que se forma desde su niñez y ese patrón lo repite con sus hijos.

Este tipo de madre se caracteriza por ser controladora, autosuficiente. “Es la persona que impone su voluntad a los hijos. Lo peor de esta situación es que nunca acepta que está haciendo daño a sus hijos, por el contrario, cree que los hijos son ingratos y que no reconocen su sacrificio. Por eso también son chantajistas”.

Explica que este patrón de comportamiento muchas veces se forma con las niñas a las que les dan todos los gustos y que no se les deja realizar el menor esfuerzo hasta que crean una personalidad dependiente de sus padres.

“De adultas sus frustraciones de pareja son ahogadas con la compensación de los hijos. Es decir que compensan su deficiencia emocional con los menores”.

Consecuencias

Para esta sicóloga, el comportamiento posesivo de algunas madres se da con más frecuencia en la crianza de los hijos únicos. “Esto es muy peligroso porque al final, el hijo no hace nada sin la aprobación de su madre, tampoco nadie se compara con su madre”.

Precisa que estos hijos se quedan fijados en la etapa edíptica y desarrollan el Complejo de Edipo y para ellos nunca hay una persona como su madre.

En ese sentido, al llegar a la adultez se les hace difícil encontrar la pareja ideal porque tienen la imagen de esa madre perfecta. Si estos hijos establecen una relación de pareja, la suegra anula la presencia de la nuera o el yerno porque los cree poca cosa para sus hijos, creando conflictos severos entre la pareja porque son el prototipo de suegra metiche .

“Muchas veces se trastoca tanto la personalidad del hijo, que de manera inconsciente se enamora de la figura materna y no halla mujer para él hasta el punto de caer en la homosexualidad”, dice Ruiz.

Asegura que hay una identificación tal con su madre que no les permite enamorarse de una mujer porque no es la sombra de su madre y hasta creen que es sacrilegio pensar que pueden igualar a su progenitora, negándose la posibilidad de enamorarse de otra mujer.

Estos hijos también copian comportamientos de las madres como gestos, formas de hablar y otros.

Según Ruiz, los hijos luchan por salir de esa situación primero en la niñez mostrando rasgos de independencia, queriendo hacer actividades propias de su edad pero son agobiados por su madre.

Al llegar a la adolescencia, luchan nuevamente por su necesidad de independencia pero les crea conflicto entre luchar por lo que quieren u obedecer ciegamente a su mami. “El problema es que a esas alturas ya se ha vuelto una dependencia como el alcohol y la droga y es difícil salir sin ayuda profesional”.

El comportamiento de los hijos será arrogante y prepotente con la gente humilde o de menos cargo y sumisos con las personas que tienen el poder o que son más fuertes de carácter que ellos.

La sicóloga recomienda buscar ayuda terapéutica y de sicoanálisis para encontrar la raíz del problema.

Independencia

La sicóloga María Lourdes Ruiz señala que los hijos desde corta edad denotan una necesidad de independencia.

“Desde las primeras manifestaciones de balbucear sus propias palabras y querer caminar, se crea la necesidad de independencia de los individuos”, precisa Ruiz. Añade que en esa etapa ya no se hace necesario andar a lo niños cargados ni tampoco interpretar sus necesidades básicas de alimentación o de ir al baño.

Nosotras

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí