- ¿Idealistas, oficialistas, danielistas? Simplemente sandinistas. Cuatro voces reconocidas contestan así la interrogante, en tiempos cuando el Gobierno es liderado por el partido que oficialmente impulsó el resurgir de los ideales del general Augusto C. Sandino, allá por los últimos años de la década de 1960: el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)
“Para mí ser sandinista no es mostrar un broche, lucir una escarapela, un carné o envolverte en una bandera roja y negra. Ser sandinista es ser fiel y coherente con principios y valores. Ser sandinista es ser sencillo, honrado, llevar una vida modesta”, describe el famoso cantautor Carlos Mejía Godoy.
Para Gloria Martínez, veterana militante del FSLN y representante de una organización de madres de héroes y mártires de la revolución, “ser sandinista es amar a su pueblo, ser sandinista es tener una fe en Dios y cumplir hasta donde uno pueda lo que Él manda. Sí yo soy sandinista, pase lo que pase a mí nada me hace tambalear, a mí no me hacen cambiar ni amenazas ni ofrendas”, enfatiza la popular “Cachorra”.
Y pasando a una versión desde el lado oficial, el comandante Tomás Borge, quien cumple funciones de embajador en Perú, conceptualiza el ser sandinista “en esencia”, como el “haber renunciado –así lo indicaba Carlos Fonseca– a los apetitos egoístas, es amar al pueblo cada minuto del día, es tener vocación de servicio y convertirse en activista, a tiempo completo, de la solidaridad. Ser sandinista es la decisión de inmolarse, sin titubear, por una causa justa, a como lo hicieran Julio Buitrago y Leonel Rugama, para citar apenas dos espejos de sangre”.
Pero ¿qué tan apegados están estos principios en los sandinistas de hoy? O más bien, ¿siguen siendo practicados por quienes se hacen llamar sandinistas? Sofía Montenegro, periodista, sandinista y crítica del gobierno del presidente Daniel Ortega, clasifica dos tipos de sandinistas existentes en la actualidad, partiendo de su propio concepto.
“El sandinismo es una lucha permanente por la libertad. Esa es la raíz profunda del sandinismo, (pero) que ha sido pervertida. Me parece que hoy hay gente que se dice sandinista y actúa como vasallo. Eso es un contrasentido”, sostiene Montenegro.
Entonces, logra discernir entre dos categorías. Una es “el sandinismo que fue consecuente con esta raíz de autonomía, soberanía, la lucha por la libertad, que es la condición fundamental para el desarrollo de una democracia, pero también está un pensamiento falsificado del sandinismo que tiene una ideología y actitud autoritaria”.
En esa última descripción, agrupa a la pareja presidencial, a quien acusa de haber usurpado el nombre del sandinismo y haber “privatizado” al FSLN.
“Para mí el Frente es un cadáver insepulto. Apesta. Si alguna vez fue una propuesta de cambio revolucionario, de gente que tenía esas ideas románticas y el deseo de cambio de la juventud, que empeñó una buena parte de sus vidas, de cara a eso, eso ya no existe. Existe una retórica que vive usurpando las glorias que ya no le pertenecen”, sostiene Montenegro.
“Como Frente Sandinista creo que el proceder de esa estructura que usurpa el nombre del sandinismo, sí afecta, se debilitan ellos. Cada día hay menos gente que les justifique el pactismo, la rapiña, el nepotismo, todos los vicios que estamos viendo como vitrina del comportamiento del gobierno de Ortega o de lo que han empezado a llamar el murillato, porque tiene todos los vicios de la pareja presidencial”, agrega.
La periodista, desde su análisis, afirma que el régimen que domina al partido que revivió los ideales del general Sandino hace más de cuatro décadas, es “un régimen muy personalizado que no respeta la Constitución, no respeta las promesas de campaña electoral, no respeta los estatutos que tuvo alguna vez el mismo Frente Sandinista, no respetan a nadie”.
“Las encuestas lo dicen”, enfatiza Sofía Montenegro. “Hay un montón de sandinistas que no votaron por Daniel Ortega. Yo supongo que en las filas de los danielistas hay un desencanto enorme. Eso está minando, esta gente que cría a ciegas, le dio ese 38 por ciento escuchando los cantos de sirena de reconciliación”.
Los resultados de una encuesta sobre gobernabilidad, realizada entre el 15 y 16 de diciembre pasado, y presentada por el Instituto Republicano Internacional (IRI), reflejan que el 17.9 por ciento de los encuestados que dijo haber votado por Daniel Ortega se declara insatisfecho con su Gobierno.
Además, el otro 43.4 por ciento que dijo no haber votado por Ortega, manifestó no estar satisfecho y tampoco votaría por el mismo, sumando así un 61.3 por ciento de los capitalinos que le negaría su voto al mandatario.
Esta encuesta del IRI fue aplicada por la empresa colombiana Datexco Company S.A., en un total de 1,005 capitalinos.
“No es fácil ser verdadero sandinista”, dice el embajador Tomás Borge. “Para lograrlo es necesario desafiar tentaciones, debilidades innatas, caer derribado por ellas y levantarse. Caer y ponerse de pie. Un sandinista en las actuales circunstancias, es un hombre o una mujer con capacidad para la crítica interna y constructiva, para defender el conjunto a pesar de los lunares, para no darle armas o pretextos al adversario, para defender la estrategia, para entender que a la luz siempre le acompaña la sombra”.
Sin embargo, Gloria Martínez, la “Cachorra”, es más tajante en su conceptualización. Para ella, sandinistas son los que están con el FSLN. Los demás son oportunistas.
“Dicen que nos traicionaron, pero a nosotros nadie nos ha traicionado. Simplemente los que se han apartado se han identificado con lo que siempre han sido, oportunistas. Los MRS nos dijeron cuando se apartaron que ellos eran la cremita y para mí son la podredumbre que tenía el Frente adentro”, afirma.
Para Montenegro, el utilizar epítetos para diferenciar a unos de otros es producto de un “analfabetismo moral”. Además, “cada vez que se usa el epíteto para descalificar, se demuestra esa mentalidad de cómo no te puedo desmentir entonces te insulto de traidor. Hay una mentalidad de mafia que exige lealtades políticas”.
Y argumenta que esos elementos provocan un “enorme escepticismo” entre los que conforman la fuerza sandinista del país, aún estando dentro o fuera de una organización política.
Tomando en cuenta el valor histórico que posee el FSLN, para Montenegro, si se quisiera rescatar esa figura, habría que hacer una limpieza de tal magnitud que no ve a nadie capaz de hacerla “porque todos están contaminados de la falta de ética compartida. ¿Quién lo va regenerar? Lo que hace falta es crear nuevas fuerzas políticas con la gente más sana que pueda sustituir a esa clase política pervertida, a ese parque jurásico capaz de venderse por un plato de frijoles”.
Y aquí entran a escena dos agrupaciones que para algunos son la esperanza del sandinismo: el Movimiento por el Rescate al Sandinismo y la Alianza MRS (Movimiento Renovador Sandinista). Ambas lideradas por viejos elementos revolucionarios, los llamados “intelectuales” sandinistas que se separaron del FSLN a mediados de 1990 y que dicen seguir los fundamentos del fundador del FSLN, el comandante Carlos Fonseca, entre los que decía “los momentos actuales con el pueblo martirizado y asediado son apropiados, no para bondadosas promesas, sino para valerosas acciones”.