Año nefasto, pero ¡Feliz Año Nuevo!

Los antiguos romanos llamaban días nefastos a aquellos en los que ocurría alguna gran desgracia, por ejemplo, la muerte de un personaje ilustre, un fenómeno natural, el desencadenamiento de una guerra o la pérdida de una batalla importante, etc. Por extensión, andando el tiempo se calificó como nefastos no sólo a los días, sino también a las semanas, los meses y los años funestos y detestables, así como a las personas y los acontecimientos en general, que tuvieran un carácter triste, desgraciado y odioso. Y en ese sentido, no cabe ninguna duda de que el 2007 que hoy termina ha sido un año nefasto para la gran mayoría de los nicaragüenses.

Ciertamente, nefasto ha sido el Gobierno —o más bien dicho, el desgobierno— de Daniel Ortega, porque disminuyó el crecimiento económico; porque ahora hay más pobres que el año pasado; porque la inflación ha sido la más alta de los últimos 15 años; porque se redujeron las inversiones y el comercio, pero aumentó el desempleo; porque miles de empleados del Estado, capaces y experimentados, fueron despedidos y sustituidos con miembros y simpatizantes del FSLN, incapaces e ineficientes; porque la seguridad jurídica y el Estado de Derecho fueron gravemente quebrantados; porque la libertad de prensa ha sido ferozmente atacada y menoscabada; porque la institucionalidad democrática fue atropellada, la independencia y separación de poderes violada y la justicia prostituida, mucho más que nunca antes; porque la ineficiencia gubernamental y la corrupción han sido manifiestas y descaradas; porque la política exterior del país fue comprometida con estrategias de enfrentamientos internacionales, etc.

El gobierno de Daniel Ortega confirmó este año todos los temores que él mismo había inspirado por sus malos antecedentes políticos y su pésimo comportamiento gubernamental de los años ochenta. De manera que si se tratara de celebrar en el sentido de festejar un buen acontecimiento, la mayoría de los nicaragüenses no tiene nada que celebrar por el año 2007. En todo caso, lo único que valdría la pena festejar es que está concluyendo el primer año del desgobierno de Daniel Ortega y que sólo quedan cuatro por delante.

Lo que vale la pena celebrar es el advenimiento del Año Nuevo, 2008, porque este podría ser mejor que el anterior. Como hemos dicho en otras ocasiones, Daniel Ortega sólo podrá avanzar en sus pretensiones de restaurar su dictadura, hasta donde la oposición política y la población democrática le permitan llegar. Al respecto es esperanzador el hecho de que ya algunos partidos de oposición y centrales sindicales se han unido en la así llamada “gran unidad de fuerzas democráticas”. Es cierto que le falta dinamismo, que no tiene un programa de acción y que es más una reacción a los atropellos de Daniel Ortega que un propósito unitario con un claro objetivo programático. Pero ha sido un buen paso hacia adelante. Por su parte, las bancadas parlamentarias de oposición formaron, al terminar la legislatura de este año, el Bloque contra la Dictadura, que también es poco consistente todavía. Sin embargo, representa otro meritorio esfuerzo en la búsqueda de la verdadera gran unidad en la acción, en la que se deben involucrar todas las fuerzas democráticas del país.

El 2008 es un año de elecciones municipales. Las encuestas indican que si los partidos políticos democráticos se unieran, podrían barrer fácilmente al FSLN de las alcaldías de casi todo el país y reducirlo a la fuerza minoritaria que realmente es. Incluso las plazas municipales más fuertes, como Managua, Matagalpa, León, Granada y Chinandega, que ahora están en poder del Frente Sandinista, las ganarían los liberales unificados, y con mucha mayor razón una alianza electoral de todas las fuerzas democráticas.

Pero la defensa de la libertad y la democracia no le corresponde sólo a los políticos. Las organizaciones democráticas e independientes de la sociedad civil, los gremios laborales y empresariales y los medios de comunicación independientes pueden y tienen que contribuir con sus esfuerzos a frenar a Daniel Ortega en sus intentos de volver a imponer la dictadura en Nicaragua. Todo eso es lo que haría del 2008 un año pródigo en buenos acontecimientos y logros democráticos. Y por eso hay suficiente razón para desearles y desearnos un ¡Feliz Año Nuevo 2008 para todos!

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