La armadora Venirán nació de la relación entre Caracas y Teherán. ()

Promesas iraníes

Ahmadineyad se transforma en el mayor benefactor de la Revolución Bolivariana En uno de sus programas “Aló, Presidente”, Hugo Chávez habla por teléfono con Daniel Ortega y le dice: “Enséñanos a hacer tortillas, que nosotros te enseñaremos a hacer arepas”. El Presidente venezolano hizo el comentario con motivo del estreno del último chiche bolivariano: la […]

  • Ahmadineyad se transforma en el mayor benefactor de la Revolución Bolivariana

En uno de sus programas “Aló, Presidente”, Hugo Chávez habla por teléfono con Daniel Ortega y le dice: “Enséñanos a hacer tortillas, que nosotros te enseñaremos a hacer arepas”. El Presidente venezolano hizo el comentario con motivo del estreno del último chiche bolivariano: la Revolución del Maíz. Esta nueva revolución comenzó con la inauguración de una fábrica de harina precocida con capacidad para procesar 72 toneladas diarias del cereal, cifra que equivale al 1 por ciento de todo el consumo nacional, y cuya tecnología no proviene de los grandes países productores, como Estados Unidos o China, sino del mucho menos maicero Irán.

No es la primera vez que Venezuela apuesta por el desarrollo tecnológico iraní. De hecho, Chávez ha firmado más de 100 convenios con el presidente Mahmoud Ahmadineyad para establecer empresas de capital mixto en las más diversas industrias: desde tractores hasta lácteos, pasando por refrigeradores, automóviles y viviendas. Incluso, ha ofrecido financiar el aprendizaje del idioma persa para facilitar el intercambio con los empresarios que están llegando a Caracas desde Teherán, en un vuelo directo operado por Iran Air. Y pretende adoptar un huso horario fraccional, retrasando la hora 30 minutos, para estar alineado con Irán, Afganistán y Myanmar, entre otros.

Enmascarada como una relación comercial, la nueva amistad es fructífera para los intereses políticos tanto de Chávez como de Ahmadineyad. “A Chávez lo que le interesa es demostrar que no necesita a EE.UU.”, dice Robert Bottome, editor de VenEconomía. “Lejos de ser una cuestión de vínculos económicos, es una cuestión de poder”. Y, en este sentido, Irán asoma como el aliado ideal, no por los bienes y servicios que puedan intercambiar, sino porque es el país más “anti-yankee” del momento. “Chávez está buscando recrear la guerra fría, pero con un conflicto ya no entre Este y Oeste, sino entre Norte y Sur”, dice Bottome. “Y que el líder del Sur sea él”. Una idea con la que concuerda José Cordeiro, de la World Future Society de Venezuela. “Al igual que sucede con el Alba, Venezuela está firmando convenios comerciales sin comercio”, dice.

Por eso, es difícil estimar a cuánto asciende realmente la inversión de Irán en el país bolivariano, aunque según la información difundida por el Gobierno iraní, el monto ronda los US$11,000 millones. De ser así, Irán se ha convertido en uno de los mayores inversionistas en Venezuela, aún por debajo de Estados Unidos, pero por encima de Panamá y Colombia, sus socios comerciales tradicionales.

Uno de los emprendimientos nacidos de la alianza Venezuela-Irán y que más orgulloso ha puesto a Chávez, es Veniran, especializada en el ensamblaje de tractores iraníes. Chávez ha dicho en “Aló, Presidente” que los tractores venezolano-iraníes tienen un costo de US$ 18,000, muy por debajo de los US$25,000 que cuestan los tractores de otro origen. Así, la guerra que Teherán está librando con Washington tiene un capítulo en los sembradíos venezolanos. “Irán busca contrarrestar lo que Estados Unidos ha logrado en el Medio Oriente. Al mostrarse como un amigo de Chávez, Ahmadineyad busca equilibrar la balanza geopolítica y ganar defensores de sus proyectos nucleares”, dice Abbas William Samii, experto en temas iraníes del Centro Naval de Análisis, en Virginia. “No importa si estos defensores tienen o no peso ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”.

La oportunidad para este acercamiento se explica en parte por el vacío que dejó Estados Unidos en el campo de las relaciones con América Latina. “En la política, como en todos los ámbitos, los vacíos se llenan rápido”, dice Riordan Roett, director del Programa de Estudios Latinoamericanos en Johns Hopkins University, en Washington.

El avance iraní podría convertirse en un nuevo dolor de cabeza para la Casa Blanca. La sola idea de un eje compuesto por dos de los líderes más antiamericanos del mundo, que además son el 5° y 11° productores de petróleo, puede ser considerada un riesgo más allá de lo tolerable. “Podemos imaginar un escenario extremo, en el que Ahmadineyad pretenda ganar poder de negociación con las exportaciones de petróleo a Japón y Europa Occidental”, detalla Samii. “Pero como EE.UU. utiliza petróleo doméstico, mexicano o venezolano, el mandatario iraní también necesita amigos en la región para constituir una verdadera amenaza”.

El CLUB DE LA PELEA

Ahmadineyad ha logrado extender su círculo de influencia más allá de Venezuela. Durante su reciente visita a Bolivia, en septiembre pasado, el mandatario iraní afirmó que se sentía “como en casa” y, junto a Evo Morales, cerró acuerdos de cooperación que alcanzan los US$1,100 millones. Algo similar ocurrió en Managua con Daniel Ortega, quien a su vez se convirtió en el más entusiasta defensor del programa nuclear iraní en la última Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. En el estrado, el líder sandinista acusó a Estados Unidos de hipócrita y defendió el programa de enriquecimiento de uranio impulsado por Ahmadineyad. “Incluso si tuviera fines militares”, dijo. La arenga fue seguida por el ofrecimiento conjunto de Caracas y Teherán de construir un puerto en el Caribe nicaragüense por US$350 millones.

Fuera de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, Irán no ha podido avanzar con la misma soltura. Pese al crecimiento en el intercambio comercial entre Brasil e Irán, el gigante latinoamericano se ha movido con cautela en el terreno diplomático. “Brasil ha sido más pragmático”, dice Faro Jadan, vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria Brasil-Irán, en São Paulo. “Los iraníes quieren salir de su aislamiento y buscan apoyo en América Latina, pero Brasil tiene una relación política y comercial con EE.UU. que podría verse afectada frente a una aproximación con Irán”. Aun así, a finales de septiembre, el Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió el derecho de Irán para mantener y desarrollar su programa nuclear. “Si Irán maneja el asunto de una forma pacífica como lo está haciendo Brasil, está en todo su derecho”, dijo Lula a los medios locales.

En Argentina, las posibilidades de un acercamiento con Ahmadineyad son prácticamente nulas. Y las razones están teñidas de sangre. En 2005 se conoció la participación de oficiales iraníes en dos ataques terroristas, ocurridos en 1992 y 1994, contra la Embajada de Israel y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), respectivamente. Los ataques cobraron en total más de un centenar de víctimas fatales y de paso pusieron a Teherán al fondo de la lista de prioridades de la Cancillería argentina. A la vez, para algunos analistas la distancia de Néstor Kirchner con Irán refleja también el interés del Presidente argentino por mejorar sus relaciones con Washington.

De ahí que el acercamiento de Irán con la región tenga un límite muy definido. Si lo único que une a Ahmadineyad con sus nuevos amigos latinos es el sentimiento antiestadounidense, la relación estará cargada de política contingente, el peor enemigo de las relaciones de largo aliento que deben caracterizar a los acuerdos comerciales. Sin importar que su tecnología sirva para hacer tortillas o arepas.

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