El arma perversa del miedo

El caricaturista de LA PRENSA, Manuel Guillén, denunció públicamente y ante la autoridad de Policía una amenaza muy grave contra su familia. Según la denuncia de Guillén, su esposa Milagros Sánchez recibió el domingo recién pasado, en su teléfono celular, un mensaje de texto en el que se le decía lo siguiente: “Cuidá bien tu casa, que en cualquier momento los ojos de tu hija los tendrás en tus manos”. Por supuesto que el remitente no se identificó pero es importante destacar que la hija del matrimonio Guillén-Sánchez es una niña de corta edad, lo que hace la amenaza más perversa, cruel y cobarde.

Aunque esta amenaza sea anónima y no se pueda acusar por ella a nadie en particular, es fácil sospechar de dónde puede provenir. Por eso Manuel Guillén responsabilizó al Gobierno de turno por lo que le pueda ocurrir a él o a su familia. Guillén aclaró que “sería muy irresponsable de mi parte decir que Daniel Ortega está tramando un plan para matarme, pero sí creo que sería el responsable de cualquier cosa que me ocurra”. Y al respecto recordó que ya en junio del 2005 había sido amenazado de muerte a través de un correo electrónico que le hicieron llegar diez veces. En esa ocasión, el remitente del correo se identificó como miembro o simpatizante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), hoy en el poder.

La inevitable vinculación de esta amenaza con el Gobierno se debe a que Daniel Ortega es un individuo intolerante y agresivo contra los medios de comunicación independientes y críticos. Por su investidura de jefe de Estado y de Gobierno y por lo tanto Presidente de todos los nicaragüenses, aunque sólo una minoría del 38 por ciento de los electores votó por él en la elección presidencial del año pasado, Daniel Ortega debería ser una persona sosegada y tolerante con la oposición, la disidencia y la crítica. Pero en vez de comportarse como un servidor público respetuoso y magnánimo, cual es su obligación, Ortega ataca vulgarmente a sus opositores y a los medios de comunicación independientes, e insulta a los periodistas críticos de su desgobierno a quienes llama venaderos, vendidos al imperio, discípulos de Goebbels, etc. De manera que, como muy bien lo advirtió Manuel Guillén, un atentado contra alguien de los muchos a quienes Ortega ataca e injuria constantemente, “lo puede hacer cualquier persona en el nivel más bajo por quedar bien con el jefe o el amigo del jefe”.

Cabe señalar que también Jaime Arellano, conductor de programas de radio y televisión en los que se critica fuertemente al Gobierno de Daniel Ortega, y a éste personalmente, denunció ante las autoridades de Policía y organismos de derechos humanos que ha sido amenazado de muerte. Igualmente es oportuno recordar que el periodista y disidente sandinista, Carlos Guadamuz, fue asesinado por un antiguo sicario de los cuerpos represivos de la dictadura de Daniel Ortega de los años ochenta. Y el asesino declaró que nadie le había ordenado matar a su antiguo camarada de partido, pero como militante o simpatizante del Frente Sandinista se había sentido obligado a matar a Guadamuz por sus críticas a altos dirigentes del FSLN, particularmente a Daniel Ortega.

De modo que no hay que desestimar las amenazas contra Manuel Guillén y su familia, ni las que asegura Jaime Arellano haber recibido. Quizás no se van a ejecutar, pues por lo general cuando alguien va a cometer un asesinato no lo anuncia previamente ni pone en estado de alerta a su víctima. Pero de aquellos que justifican el crimen político cuando se comete contra sus enemigos y le rinden culto de héroes a quienes lo han practicado, cualquier cosa se puede esperar, incluso lo peor.

Tal vez con estas amenazas sólo se pretende atemorizar a los periodistas y demás personas que critican. Quizás únicamente quieren callarlos por miedo, que siempre ha sido una perversa arma de dominación de los que tratan de imponerse a cualquier precio y desprecian los derechos de los demás, incluso el sacrosanto derecho a la vida. Sin embargo, la autoridad correspondiente debe investigar a fondo estas denuncias y esclarecer si se trata sólo de amenazas o es parte de una estrategia criminal de dominación política.

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