(LA PRENSA/J. GARTH)

“El proceso de integración no es más que un medio”

Antes de conseguir la integración los países centroamericanos necesitan tener claro a dónde quieren llegar. William Pleitez, economista salvadoreño, sugiere a los gobiernos definir la visión conjunta del futuro y dentro de ella precisar la función de la integración para conseguir las metas de Centroamérica Según William Pleitez, en ninguno de los países centroamericanos se […]

  • Antes de conseguir la integración los países centroamericanos necesitan tener claro a dónde quieren llegar. William Pleitez, economista salvadoreño, sugiere a los gobiernos definir la visión conjunta del futuro y dentro de ella precisar la función de la integración para conseguir las metas de Centroamérica

Según William Pleitez, en ninguno de los países centroamericanos se ha mostrado hasta hoy un interés genuino por la integración del istmo.

“Se ha imitado a la Unión Europea en crear un montón de organismos, pero no en términos de la responsabilidad regional”, afirmó el economista salvadoreño.

Los presidentes centroamericanos se reúnen hoy miércoles en Guatemala para firmar el convenio de la Unión Aduanera, un paso que fortalecerá el comercio intrarregional y permitirá el avance de las negociaciones de un acuerdo de asociación con la Unión Europea.

“Lo económico es esencial, pero no lo único”, opina Pleitez, quien hace énfasis en que la solidaridad entre estas naciones será garantía de equidad.

Sin embargo, lamenta que hasta hoy “tenemos una integración de guayabera”, porque los presidentes “se reúnen en la playa, preferiblemente, y hacen declaraciones”.

Mientras, las economías de los países del istmo están creciendo menos de lo deseado, explica Pleitez al conversar con LA PRENSA.

¿A qué se debe que El Salvador está dejando de crecer, si era una de las economías en ascenso?

A un agotamiento del marco de políticas públicas que se adoptaron básicamente a finales de los años ochenta. El diagnóstico que se tenía era que el país podía crecer de forma sostenida, si había la posibilidad de poder ampliar y diversificar las exportaciones intensivas en el uso de mano de obra; de tal manera, se creía que era la agricultura de exportación y el sector industrial los principales sectores que iban a liderar el crecimiento de la economía. En ese momento, lo que no se pudo apreciar claramente era que Centroamérica iba a ser fuertemente influenciada por las migraciones, las remesas y el impacto que este flujo creciente de migraciones y remesas iba a tener, sobre todo en los principales macroprecios y en especial en el tipo de cambio. El tipo de cambio, por ejemplo, que se consideraba a finales de los años ochenta, que era un obstáculo al crecimiento porque estaba sobrevaluado.

¿Cuál es el efecto, en ese caso del flujo de remesas, en el tipo de cambio?

Al liberalizarse, lejos de depreciarse se apreció; creció todavía más y esto ha traído como consecuencia que la apertura comercial haya sido acompañada, fundamentalmente, por una ampliación de la brecha comercial y, adicionalmente, por una fuerte apreciación del tipo de cambio que le ha restado competitividad a las exportaciones, al mismo tiempo que las importaciones han aumentado.

Hay una cosa que llama poderosamente la atención y no es sólo exclusiva de El Salvador, es algo que cada vez más tiende a parecerse en Guatemala, Honduras y en Nicaragua, y es que los sectores que más están creciendo no son los orientados a la exportación, sino que el crecimiento de los últimos años está liderado por el comercio, por los servicios, es decir por los bienes que no son comercializables internacionalmente. Le hemos apostado a la apertura comercial en un momento en que justamente, como consecuencia de ese fuerte crecimiento de la demanda interna, propiciado por la remesa, en realidad los sectores más dinámicos serían comercio, servicios, bienes raíces, construcción…

¿Existe el peligro de que Centroamérica empiece a resbalar y se estanque?

En realidad la región ha estado creciendo menos de lo que han crecido otras regiones. El punto fundamental, me parece a mí, es que el impacto de las remesas y las migraciones es demasiado fuerte como para ignorarlo en términos de la orientación de las políticas públicas. Las políticas económicas no son buenas ni malas, simplemente son oportunas o inoportunas, simplemente se ajustan a la realidad, son eficaces o no se ajustan. Es importante modificarlas.

Creo que a Centroamérica está llegando la hora de la necesidad de un nuevo consenso. Hemos estado por más de 15 años creyendo que el desarrollo va a venir si exportamos más, si crecemos más, si atraemos más inversión extranjera, cuando en realidad lo que la región necesita son crecientes empleos dignos, empleos decentes. Creo que eso es parte del giro que necesita la región: colocar al empleo en el lugar que le corresponde, como prioridad dentro de los objetivos de las políticas públicas, empleo decente.

¿Cómo conseguirlo?

Eso significa que hay que comenzar a planificar el desarrollo del país, a elaborar una política educativa, una política de capacitación, una política de ciencia y tecnología, una política de desarrollo regional en función del empleo. Es distinto a estar esperando que, si las otras variables se modifican automáticamente, nuestros países van a tener mayor generación de empleo.

¿Por qué la inversión extranjera crece menos que las remesas?

Por dos razones. En primer lugar porque, aún con los mejoramientos que ha experimentado la región en términos de años de escolaridad, en términos de cobertura educativa, hay otras regiones del mundo, hay otros países que también están buscando atraer inversión extranjera y han progresado con mayor rapidez; que están ofreciendo a los inversionistas extranjeros, por ejemplo, una población, llamémosle así, más versátil, más educada; adicionalmente que tal vez, pudiera ser, que tengan mayores ventajas en términos de fortaleza de las instituciones, de capacidad de cumplimiento de las reglas del juego y en algunos casos también mejor infraestructura.

No hay que olvidar que las empresas transnacionales andan buscando cómo reducir costos unitarios de operación y eso es una conjugación de tres factores: la productividad de la mano de obra, la productividad del trabajo que tiene mucho que ver con la educación y la capacitación; en segundo lugar, todo lo relacionado a la posibilidad de encontrarse con reglas del juego que se respetan y eso tiene mucho que ver con la fortaleza del sistema jurídico, tiene que ver con el hecho de saber de que los conflictos se resuelven con relativa facilidad y con el nivel de estabilidad sociopolítica que existe en un país o en una región; y tiene mucho que ver con la dotación de infraestructura, fundamentalmente en áreas clave, como son caminos, carreteras, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, energía eléctrica, agua potable, sistema financiero; la posibilidad de que exista esa infraestructura y que los servicios que se proporcionen sean de calidad y a tarifas internacionalmente competitivas.

¿Acelerar la integración centroamericana significaría acelerar la atracción de inversión extranjera?

No necesariamente. Lo primero, me parece a mí, es definir si en realidad Centroamérica tiene posibilidades de construir un futuro de manera conjunta, o qué aspectos… Primero hay que definir una visión de futuro y dentro de ese futuro plantear, por ejemplo, qué rol o qué papel le puede corresponder a la integración centroamericana. De nada sirve profundizar un proceso de integración, si no tenemos claro cuál es el papel que le vamos a asignar al proceso de integración. En los años sesenta eso era muy claro, en los años sesenta la integración era un medio que tenía como propósito fundamental crearle mercados semicautivos a las industrias nacientes, para poder impulsar el proceso de industrialización que entonces se estaba impulsando bajo el modelo de sustitución de importaciones. Ahora, por eso digo que, como ya no se tiene muy claro cuál es el modelo de desarrollo, el modelo de crecimiento, el modelo económico que se quiere impulsar, obviamente uno no puede poner, me parece a mí, la carreta delante de los bueyes. Es importante que primero definamos a dónde queremos llegar y sólo después empezar a cuestionarnos sobre el papel que le corresponde a las diferentes estrategias o instrumentos, como en este caso sería el de la integración centroamericana.

¿En qué medida un proceso de integración centroamericano puede contribuir a reducir la migración hacia otras regiones?

Si las políticas de integración van a contribuir a que Centroamérica se convierta en una zona de prosperidad compartida… En la medida en que en el ámbito económico, por ejemplo, haya la posibilidad, a partir de armonización de políticas o políticas comunes, de que se amplíe la capacidad de generar empleos decentes; en esa medida obviamente va a haber menos incentivos para emigrar. España, por ejemplo, era un país que expulsaba mano de obra hasta antes del ingreso a la Unión Europea. Ahora se ha convertido en, justamente como consecuencia de los efectos que ha tenido su integración a la Unión Europea, en un lugar de destino de las migraciones.

El Gobierno de Nicaragua se ha empeñado en apoyar el proyecto del Alba, que impulsa Venezuela, por encima del DR-Cafta. ¿Puede el Alba ser una opción para Centroamérica?

Con mucha frecuencia se han confundido los medios con los fines. Cualquier proceso de integración no es más que un medio. Hay que clarificar primero los fines para poder determinar qué rol pueden jugar los diferentes instrumentos. En principio, la integración, cualquier proyecto de integración, cualquier acuerdo comercial puede ser compatible con el desarrollo de una determinada visión de futuro, pero primero hay que definir esa visión de futuro.

Hay más de 50 mil nicaragüenses trabajando en El Salvador. ¿Cómo serán afectados los migrantes nicas si persiste el bajo crecimiento económico salvadoreño?

Creo que la dinámica de las migraciones, de Nicaragua, Honduras, ha tenido poco que ver con el crecimiento económico. Ha tenido muchísimo más que ver con procesos de migraciones salvadoreños que inician mucho antes que migraciones en los otros países centroamericanos.

Las migraciones de hondureños y nicaragüenses hacia El Salvador tienen como principal factor el hecho de que la población trabajadora de El Salvador en una inmensa mayoría se ha globalizado… Es gente que sabe, por ejemplo, cuanto se paga de salarios en El Salvador por cierto tipo de actividades y cuanto se paga en los principales lugares de destino, por ejemplo de la población salvadoreña en el exterior y principalmente en Estados Unidos.

Lo que ha ocurrido es que, pese a que en el país, existe un alto porcentaje de población subempleada o desempleada, no le interesa las oportunidades de empleo que ofrecen en El Salvador en algunas actividades, como la zafra o recolección de café. Veinte años atrás eran actividades que atraían mucha mano de obra del interior del país, sobre todo de la zona norte y de la zona oriental, y servía básicamente para que los hogares de estos departamentos, que han sido tradicionalmente los más pobres, hicieran economías familiares para su sostenibilidad en el resto del año.

Pero ahora resulta que los salarios que se pagan en esas actividades ya no le resultan atractivos a mucha de esa población, porque también coinciden con las zonas donde la emigración ha sido mayor y ahora es donde hay mayor porcentaje de hogares que reciben remesas y donde, adicionalmente, han crecido más las expectativas en términos de poder emigrar.

MIGRACIÓN CAMBIA SOCIEDAD

El economista William Pleitez fue galardonado este año con el Premio Visionario, otorgado por el Centro de Recursos Centroamericanos (Carecen), en California, por su trabajo a favor de los inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos.

En marzo un equipo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), encabezado por William Pleitez, presentó en Washington DC y Nueva York el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2005: “Una mirada al nuevo Nosotros. El impacto de las migraciones”.

El informe salvadoreño sostiene que las migraciones, más allá de la importancia de las remesas de dinero, que para el 2004 superaron los 2,500 millones de dólares (16.1 por ciento del PIB), están cambiando profundamente la sociedad de este país en los ámbitos cultural, político y familiar.

Pleitez coordina el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador, que cada dos años publica en ese país el PNUD. También es director de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (Fusai).

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