- Experto asegura que La Haya no desconocerá su competencia en disputa de Nicaragua y Colombia
Es impensable que la Corte Internacional de Justicia niegue su competencia en el fallo que dictará el jueves próximo referido a objeciones preliminares presentadas por Colombia, con relación a la disputa mantenida con Nicaragua por la frontera en el Mar Caribe, pronosticó el experto en derecho internacional, Mauricio Herdocia.
Aunque la Corte no se referirá a asuntos de fondo en el fallo, Herdocia está convencido que el proceso de fondo que estaba suspendido será reanudado a partir de esta semana.
Nicaragua había presentado su Memoria en el 2003 y a Colombia le tocaba presentar su Contramemoria en el 2004 y ese proceso es el que estaba detenido por las objeciones presentadas por Colombia, que no reconoce la competencia del máximo órgano judicial de las Naciones Unidas en este caso.
Si como se espera, La Haya confirma su jurisdicción, Colombia deberá presentar su Contramemoria en el 2008, después de eso Nicaragua presentará su réplica y consecuentemente Colombia presentará su dúplica, luego vendrán los alegatos orales y se puede calcular que para el 2010 ya podría estar listo el fallo de fondo sobre la delimitación fronteriza en el Mar Caribe.
Desde Perú se ha conocido que el gobierno de Alan García está a la expectativa de este fallo, debido a que este país tiene una disputa con Chile sobre lo que para Perú es solamente un tratado pesquero y no de límites.
¿Desde qué perspectiva se puede esperar que la Corte se inmole diciendo que no tiene jurisdicción frente a cualquier demanda de justicia en el mundo?
En el caso particular de la disputa territorial y marítima que enfrenta a Nicaragua y a Colombia, eso es prácticamente imposible, no sólo porque Nicaragua tiene dos títulos sólidos que fundamentan y sustentan la jurisdicción de la Corte, como son el artículo 31 del Tratado Americano de Soluciones Pacíficas y la propia aceptación de la jurisdicción de la Corte tanto de Nicaragua como de Colombia de 1929 a 1937. Pero además hay un hecho decisivo y es que la Corte no puede dejar ningún conflicto sin resolver, y entre Colombia y Nicaragua hay una disputa terrible en el Mar Caribe, que tiene que encontrar una vía de solución pacífica y por eso es precisamente que el argumento de Colombia que le pide a la Corte no sólo declinar su jurisdicción, sino además declarar que la controversia ha terminado es absurda porque eso sería dejar en manos de los Estados más poderosos la solución de las controversias. Entonces, imaginémonos el caos mundial que significaría eso, sería desgastar el orden jurídico internacional, minarlo y socavarlo.
Bajo esos argumentos lo previsible es que la Corte acepte su jurisdicción.
Creo que la Corte va a establecer que tiene jurisdicción para conocer el caso planteado por Nicaragua y en este sentido hay dos grandes escenarios: el primero es que la Corte diga que las objeciones planteadas por Colombia no son admisibles y las rechace de plano y un segundo escenario, que también es previsible, es que la Corte diga que las objeciones preliminares planteadas por Colombia están contaminadas con asuntos de fondo, de mérito y que estas solamente pueden resolverse en la etapa siguiente del proceso judicial, es decir en la parte de fondo. En ambos casos la Corte preserva su jurisdicción y va a decidir sobre el fondo de lo planteado por Nicaragua.
¿Bajo qué argumentos jurídicos puede un país, en este caso Colombia, pedir a la Corte que se exima de conocer el caso?
Colombia tiene dos argumentos frágiles. El primero consiste en afirmar que Colombia se retiró de la aceptación de la jurisdicción de la Corte, sin embargo esto lo hizo el 5 de diciembre de 2001, es decir un día antes que Nicaragua entablara su demanda ante la Corte y hay jurisprudencia de la Corte muy clara, sobre todo en el caso de Nicaragua, en donde la Corte ha indicado que el retiro de la aceptación de la jurisdicción de la Corte, para que tenga validez y vigencia debe tener un plazo razonable y un día entre la demanda y el retiro de la aceptación no es jamás un plazo razonable, de otra forma el orden internacional estaría en serio riesgo porque bastaría que un Estado se dé cuenta de que lo van a demandar para correr a la Corte y retirar la aceptación de la jurisdicción, por eso es que la Corte ha dicho que se necesita un plazo razonable, plazo que algunos expertos lo estiman en un año.
El otro argumento de Colombia, igualmente insostenible, es que el nulo e inválido Tratado Bárcenas-Meneses-Esguerra resolvió definitivamente toda controversia, que ya no existe ninguna disputa entre Nicaragua y Colombia, cuando está más que demostrado que ese Tratado inválido no resolvió, por ejemplo, el tema de la delimitación marítima, sino que fue Colombia quien 41 años después de la firma del Tratado pretendió transformar ese nulo Tratado en un Tratado de límites e imponerle a Nicaragua un muro de contención, una frontera arbitraria en el meridiano 82 a escasas 66 millas náuticas de la costa, entonces eso es imposible de sostener ante una Corte, hay una disputa, es innegable que entre Nicaragua y Colombia no existe una delimitación, inclusive, jamás se pudo haber hecho una delimitación en 1928 porque en ese año el mar territorial moría a escasas tres o seis millas de la Costa y las islas de San Andrés y Providencia están a 106 y 123 millas náuticas de la costa, están en alta mar, es decir ¿cómo iban dos Estados a delimitar en 1928 territorios marítimos en alta mar? Esta es una pretensión absolutamente insostenible, hay una controversia entre Nicaragua y Colombia y por supuesto que la Corte, siguiendo su tradición va a conocer del asunto de fondo que tiene que ver con un asunto tan trascendental como la supervivencia del Estado, ya que involucra un patrimonio territorial expresado en su zona económicamente exclusiva y en su plataforma continental, Nicaragua está perdiendo otra Nicaragua en el mar. Si estamos hablando de una zona económicamente exclusiva de 200 millas y el meridiano 82 llega a 66 millas ¿dónde está el resto del territorio nicaragüense, la plataforma continental? Eso es lo que Nicaragua va a recuperar en el juicio planteado ante la Corte Internacional de Justicia.