- ¿Cómo es hacer humor político en un Gobierno intolerante con la crítica? Manuel Guillén, Pedro Molina y Luis Enrique Calderón dan la receta para mantener la risa en tiempos cuando los políticos parecen haber perdido el sentido del humor
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La Chamuca y El Bachi gobiernan el Paisito. Ella viste estrafalaria, corona en la cabeza, vestidos llamativos y cargada de bisuterías. Él con camisa china, de ralo bigote, siempre a la par de ella, sentado en su trono, dicta las proclamaciones hechas por aquélla, como la de cambiar los Mercedes Benz de palacio por vehículos Hummer como solución a los baches y calles destruidas del reino.
Son los “pensamientos monarcales” de la pareja presidencial, compuesta por Daniel Ortega y Rosario Murillo, interpretados por el caricaturista de La Prensa, Manuel Guillén. Es la visión del país que cada domingo Guillén presenta a los lectores de El Azote, el suplemento de humor político que él dirige.
“Me es fácil hacer humor de este gobierno, porque es un gobierno estrafalario, con una primera dama que sólo ella es la fiesta”, dice Guillén, 42 años, regordete y de baja estatura.
En las páginas de El Azote ha sido retratada toda la clase política nicaragüense. Las mentiras, ocurrencias, metidas de pata, los dimes y pleitos, los escándalos de corrupción, las transformaciones políticas, las traiciones. Del puño de Guillén han salido personajes como Gordomán (Arnoldo Alemán), El Bachi (Daniel Ortega), El Churri (Enrique Bolaños), La Chamuca (Rosario Murillo) y un tal Fermín, flaco como espárrago, que desde su casa destartalada de tablas viejas y plástico ve cómo se desarrollan las intrigas políticas en ese mundo de papel bautizado por Guillén como el “Paisito”.
“En un país como Nicaragua, que parece de mentiras, es mucho más fácil hacer humor político”, dice Guillén. “Pareciera que la clase política no toma en serio su responsabilidad”, afirma en la terraza de su casa, ubicada un cómodo barrio de las afueras de Managua. “Aquí cualquier cosa puede ocurrir”, agrega.
¿Qué tan fácil es hacer humor político en un país donde esa forma de crítica parece no caer del todo bien a políticos y gobierno? Los humoristas coinciden en que la administración actual es un manjar para su trabajo. Y el éxito ha sido tal que el humor político ha ganado terreno en los medios nacionales. La Prensa, El Nuevo Diario, Canal 2 y el programa televisivo Esta Semana, del periodista Carlos Fernando Chamorro, han apostado por esta forma de humor.
Pedro Molina es el caricaturista de la sección de Opinión de El Nuevo Diario. También dirige El Alacrán, un suplemento de humor político dominical, que “desnuda” de manera mordaz a los políticos y sus andanzas. Molina dice que más allá de lo pintorescos que pueden ser los personajes del Gobierno, lo que más alimenta sus dibujos “es la concentración ilegitima del poder” que la pareja presidencial representa. Menciona además la “alergia” a la crítica y diversidad de pensamiento que tiene el “danielismo”.
“¡Ni quiera Dios que se te ocurra sugerir que cometen algún error! Ellos están en una “misión pura”, con “inspiración divina”, son “absolutamente infalibles”, y claro, con semejante alucín en la cabeza, cualquiera que critique o siquiera comente algo, por leve, verdadero o inteligente que sea, es inmediatamente enviado al rincón de los traidores, peleles, oligarcas y títeres del “Imperio”, afirma en una entrevista por correo electrónico.
Una opinión similar expresa Guillén, que tilda de “sumamente belicoso” al gobierno de Daniel Ortega, característica que lo hace más blanco de las críticas y la sátira.
“En la medida en que el Gobierno se extralimita y en la medida en que el Gobierno de Daniel Ortega va aflorando su naturaleza, abre más flancos y es más blanco de los humoristas. Claro que es más fácil hacer humor cuando tenés un loco como Daniel Ortega en el poder, es sumamente fácil. La misma gente hace chistes de él día a día”, afirma.
El humorista Luis Enrique Calderón ve la política nacional como un circo, donde todos los políticos son los payasos y los “domadores” son los caudillos. Y hasta existe fauna circense, afirma Calderón, que cataloga de “perico” al presidente Ortega, “porque repite todo lo que le dicen”.
Hacer mofa de las actitudes y decisiones del Gobierno y sus miembros tiene sus consecuencias. Y el humorista que lo ha vivido en carne propia es Luis Enrique Calderón, quien dirige “El pueblo presidente”, una sección de humor político que se presenta cada domingo en el programa Esta Semana. La sección está compuesta por cortos humorísticos en los que Calderón aparece imitando a Ortega, ridiculizando las decisiones del mandatario.
Debido a esas críticas, muchas empresas han dejado de contratar los espectáculos de Calderón, acostumbrado a hacer presentaciones en restaurantes y centros nocturnos de la capital. Además, le suspendieron su programa de radio “Esperando la noche”. Además Calderón dice que no le han dado espacios en otros medios.
“Es una situación difícil. Este gobierno no es como los demás, no aguanta la crítica. Le da alergia que al pueblo se le informe por medio de la sátira”, afirma Calderón.
Guillén y Molina no han sufrido presiones similares, porque ambos tienen un trabajo fijo en medios críticos a la administración actual. Pero eso no los hace inmunes a los insultos y las amenazas. Molina dice que ha recibido “alguna que otra correspondencia hostil”, gente que critica su trabajo y defiende las medidas impulsadas por el Gobierno.
“Una persona “conmocionadísima” me envió un correo con los más coloridos epítetos por un cartón sobre la pareja presidencial, haciéndome saber que había enviado copia de dicho correo al e-mail personal de Rosario Murillo, supongo que con la esperanza que la primera dama me jale las orejas, o al leerlo diga: “¡Oh! ¡Qué valiente elemento defendiéndonos de tan peligroso enemigo!” Y en recompensa le tirara algún huesito del Estado… Es triste, pero existe gente así de patética”, dice el artista.
Molina dice que en otra ocasión una persona le mandó un dibujo de él siendo sodomizado por el presidente Ortega; y hasta un ministro se dio el trabajo de responderle por una de sus caricaturas: “Se enojó tanto con una caricatura en la que destacaba sus metidas de pata, que me mandó su currículum completo para demostrarme que estaba apto para el puesto que le habían dado”, dice.
Esa postura intolerante del Gobierno actual y el temor a un regreso a la vieja forma de actuar del sandinismo en la década de 1980, durante la guerra, llevó a Manuel Guillén a tomar la decisión de vivir fuera del país “por temporadas”.
Él tiene una visión negativa del futuro de Nicaragua con el gobierno sandinista, por lo que está tomando sus “medidas”. “No estoy residiendo todo el tiempo en el país. Quiero aprovechar que estos cinco años van a ser de mucho desgaste para el país, yo lo veo así, para prepararme y establecer contactos profesionales. Si el país se desmorona, tener una opción para mantener a mi familia”, dice.
¿Ha sido siempre difícil hacer humor político en Nicaragua? Los artistas consultados tienen bien marcadas las diferencias de cómo reaccionaban los gobiernos anteriores a las críticas hechas con humor político.
Luis Enrique Calderón y Manuel Guillén catalogan al ex presidente Arnoldo Alemán como “audaz” y “pragmático”. Calderón dice que Alemán parecía tomar en serio aquel refrán que afirma que el que se enoja, pierde. Durante su administración, el ex presidente contrató y patrocinó los eventos de Calderón. Una forma de garantizarse que el humorista bajara el tono de sus sátiras.
Guillén dice que Alemán es un líder populista que “se dedicó a robar”, pero a pesar de las fuertes críticas sobre la corrupción en su administración -que le acarreó una condena de 20 años de cárcel por fraude al Estado-, el ex mandatario “no era el tipo de matón que te iba a intimidar, que te iba a mandar a pegar.”
Pedro Molina opina que cada administración es un circo que trae su repertorio y su personal, para hacer las delicias de los caricaturistas y humoristas: “Arnoldo trajo sus huacas, sus “raterías”, sus helipuertos, su (Byron) Jerez…”, dice.
La era de Enrique Bolaños era más austera para el humor, afirman los artistas. Bolaños es visto por ellos como un hombre sin gracia, “lento”, en palabras de Calderón.
“Con Bolaños, el humor no fue tan fluido, no habían condiciones para hacer humor. Lo único que se pudo explotar fue la lucha contra la corrupción y la atracción por los casinos de la primera dama”, afirma.
“Bolaños trajo su “Nueva Era”, su adoquinómetro, su Pedro Solórzano, su Fausto Carcabelos”, afirma por su parte Molina.
¿Qué opinan los políticos de ser la “materia prima” de la mofa y sátira de los artistas del humor político? Algunos de ellos no lo reconocen, pero es seguro que no les cae bien verse ridiculizados a tal extremo por estos humoristas.
En una de las últimas ediciones de El Azote, aparecía un dibujo que mostraba a una china con traje rojo de luchadora de artes marciales, empuñando cuchillos. La mujer estaba sobre una mesa donde se desarrolla una reunión entre políticos, todos con un puñal clavado a sus espaldas.
La imagen satiriza a Jamileth Bonilla, quien en las últimas semanas acaparó la atención de los medios por su decisión de apartase de la bancada de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), en la Asamblea Nacional, para formar su propia bancada “independiente”. Bonilla ha sido criticada por cambiar constantemente de bandera política: fue comunista, luego liberal en tiempos de Arnoldo Alemán, se pasó a ALN y hoy se declara independiente.
La diputada dice que no le molestan las críticas y los dibujos que le dedican Guillén y Molina.
“Me río y me ayudan a salir de lo amargo de la política”, dijo en entrevista con Domingo. “Algunas veces se pasan y caen en el irrespeto y la vulgaridad, pero no me siento ofendida”, afirma.
Leonel Teller, vocero del Partido Liberal Constitucionalista (PCL), dice que “lo primero” que hace los domingos es revisar El Azote y El Alacrán, y que “nunca” ha perdido la cabeza por una caricatura que lo ridiculiza a él a algún miembro del PLC.
“El político que pierde los estribos no es político”, dice, “las caricaturas hay que disfrutarlas”.
Sin embargo, Guillermo Rothschuh Villanueva afirma que hay políticos que reaccionan de manera visceral ante la crítica humorística, porque “el humor deja desnudo al poder y muestra sus miserias”.
El experto en comunicación dice que el humor es necesario, pero afirma que los artistas muchas veces caen en el mal gusto, “son panfletarios”, hacen escarnio de situaciones de las que no deberían o dejan a un lado de sus críticas a sectores como las iglesias o empresa privada.
“El humor tiene que ser gracioso sin dejar de hacer sangrar al adversario. Al humorista fiel a sí mismo, nada de lo que es humano le es ajeno. El verdadero humorista es el que confronta al poder”, afirma Rothschuh, para quien “podemos perder todo, menos el humor”.
Mientras tanto, las intrigas en Paisito continúan: se desarrolla una reunión en palacio. La Chamuca, con todas sus bisuterías, alzando su mano izquierda, ordena a sus súbditos “bajarle el gas al panzón ese de Nicho (Dionisio Marenco)”. Afuera de la sala, escondido, con cara de preocupación, y hablando bajito, El Bachi dice: “Aló… Ve Nicho, no le hagás caso a la loca de mi mujer, aquí el de los disparates soy yo”.