En Nicaragua se observó con mucho interés el referendo constitucional del domingo recién pasado en Venezuela. No podía ser de otra manera, pues la situación de Venezuela toca muy de cerca los intereses, los sentimientos y las expectativas de los nicaragüenses. Primero, porque Daniel Ortega quiere imponer en Nicaragua el mismo modelo de socialismo cuartelario del que Hugo Chávez es abanderado. Segundo, porque Chávez ha utilizado los cuantiosos recursos económicos del petróleo venezolano, para erigirse en caudillo del socialismo del siglo XXI en América Latina, así como Fidel Castro lo fue del comunismo del siglo XX. De modo que cualquier triunfo o derrota de Chávez repercute en toda América Latina, pero particularmente en los países que han caído temporalmente en las redes del chavismo, como es el caso de Nicaragua. Y tercero, porque esta derrota de Chávez significa que él podría haber llegado al límite de su expansión y que ahora comienza a declinar. Ojalá que así sea.
La derrota de Chávez en el referendo del domingo pasado es más seria de lo que dicen las cifras y de lo que el autoritario gobernante militar venezolano quiere dar a creer. El mismo Chávez le dio a la votación del domingo pasado una sobredimensión especial, porque el referendo convocado para aceptar o rechazar una propuesta de reforma constitucional, él lo convirtió en consulta plebiscitaria sobre la aceptación o el rechazo popular de su liderazgo y en general del régimen chavista.
Apenas dos semanas antes del referendo, el viernes 23 de noviembre recién pasado, en un acto de masas chavistas celebrado en el Poliedro de Caracas, Hugo Chávez dijo lo siguiente: “En el supuesto de que no se reformara la Constitución, tenemos que ir pensando en quién me va a relevar a mí, porque yo tendría que irme”. “Ciertamente —agregó— de la reforma constitucional no depende que yo siga en el Gobierno por estos próximos cinco años, pero sí depende que Hugo Chávez pueda seguir dándole velocidad y rumbo firme a la revolución”. Y concluyó: “Ahora, el que diga que apoya a Chávez, pero va a votar por el No, es un traidor… ¡Mejor es que se quite la máscara! El que esté conmigo de verdad, vote por el Sí; el que vote por el No está contra mí, contra la revolución y contra el pueblo”.
Por otra parte, la abstención del 44 por ciento, que hubo en el referendo del domingo pasado, de ninguna manera se puede acreditar a favor de Chávez, ni en parte y mucho menos totalmente. Los partidarios de Chávez votaron de manera disciplinada. Quienes se abstuvieron fueron los que no apoyan a Chávez, pero no creyeron que era posible derrotarlo limpiamente en las urnas. O creían que el régimen de todas maneras se impondría por medio del fraude. O no les importa para nada la suerte de su propio país y de ellos mismos. Pero en la masa de abstención hay que incluir a muchísimos venezolanos que en siete votaciones anteriores sufragaron por Chávez y ahora no lo hicieron porque están hastiados o defraudados de él por múltiples razones. Tres millones de venezolanos, de los 7.3 millones que votaron por Hugo Chávez en la elección presidencial del año pasado, este domingo no le dieron el voto al megalómano gobernante, pero eso no significa que esos disidentes del voto chavista hubieran votado por el No. Lo más probable es que se abstuvieron.
También es importante considerar que si la abstención en el referendo del domingo pasado fue del 44 por ciento; y si Chávez obtuvo únicamente el 49 por ciento del total de 56 por ciento que votó, eso quiere decir simple y sencillamente que sólo el 27 por ciento de los ciudadanos venezolanos está de acuerdo con la pretensión de Hugo Chávez, de establecer constitucionalmente en Venezuela el socialismo autoritario.
Finalmente, es indispensable mencionar y destacar que el movimiento estudiantil desempeñó un rol determinante en este triunfo democrático. Y que esta clamorosa victoria de la democracia vino a levantar la moral de una oposición que estaba derrotada y fragmentada, pero que ahora continuará y mejorará la lucha contra la insidia totalitaria. Una lucha que apenas comienza pues el mismo Chávez dijo, al reconocer de mala gana su derrota, que no desistirá de tratar de imponer su proyecto totalitario a Venezuela.