Michael Chu: Los pobres sí que valen. ()

Con el ojo en lo micro

Con un fondo de US$ 75 millones un empresario quiere ir un paso más allá de las microfinanzas La visión pragmática de Michael Chu al hablar de los negocios relacionados con la base de la pirámide llama la atención. En un área en la que los proyectos se confunden con la responsabilidad social y las […]

  • Con un fondo de US$ 75 millones un empresario quiere ir un paso más allá de las microfinanzas

La visión pragmática de Michael Chu al hablar de los negocios relacionados con la base de la pirámide llama la atención. En un área en la que los proyectos se confunden con la responsabilidad social y las fundaciones sin fines de lucro, el empresario chino-uruguayo sabe de lo que habla. “Toda la gente pobre paga por lo que tiene”, dice. “Y es un segmento muy grande”.

Claro, fue cofundador de Profund, uno de los primeros fondos de inversión de la industria, y es codirector académico del programa ejecutivo Liderazgo Estratégico para las Microfinanzas, de Harvard Business School. Junto a los argentinos Mario Quintana y Woods Staton fundó en los noventa el fondo Pegasus.

Chu se autodefine como un veterano de las microfinanzas. Y como tal quiere dar un paso adelante. En junio de este año creó junto a Álvaro Rodríguez —miembro del Consejo de Administración de Acción Internacional y del directorio del banco Compartamo— el fondo Ignia, en Monterrey, México. La idea es levantar inicialmente US$75 millones para meterse en negocios con la base de la pirámide, pero con un foco comercial.

“Hoy, hay otros jugadores y va a haber muchos más en el mundo de las microfinanzas. Nosotros queremos ocupar un espacio en otras áreas, como educación, vivienda, etc.”, dice. “La oportunidad viene de un vacío en soluciones para la gente pobre”, añade. Sobre todo en México, donde el 70 por ciento de la población es parte de su público objetivo.

IDEAS A FLOTE

Las ideas están. Uno de sus primeros proyectos es el de una cadena logística para pequeños comercios de las zonas rurales del país. “Los comerciantes tienen que cubrir largas distancias y comprar lotes poco económicos”, dice. “Por ejemplo, un tendero que precisa cuatro latas de sardinas, acaba comprando una caja enorme de latas que tendrá en inventario 12 meses”. ¿La solución? Un depósito central y rutas diseñadas según sus necesidades. “Puede ser comercialmente atractivo y va a redundar en beneficios para los comerciantes y sus clientes”.

El objetivo de Ignia es abordar proyectos desde cero, explorar negocios maduros —donde Chu no descarta el trabajo conjunto con entidades bien insertas en su sector— o buscar emprendimientos básicos a los cuales hacer crecer, como el ejemplo de las sardinas. “El asunto es llevar negocios con un concepto poderoso y un raciocinio económico desde una escala de uno o dos, a una de mil”, dice.

La vida de Ignia puede ser mucho más larga que la de un fondo convencional. La idea es invertir los US$75 millones en seis años o menos, pero definir la vida del fondo en unos 12 años o más. El tiempo que permanecerán en cada proyecto se verá caso a caso, pero Chu afirma que no tendrán ninguna presión para salirse en un plazo muy corto. “Seguramente, vamos a tener algunos proyectos con una vida de 5 ó 6 años, pero otros van a ser de unos 10 años”, dice. “Entre la creación y la salida a bolsa del Banco Compartamos, por ejemplo, pasaron 10 años”.

El comienzo por México tiene sus razones: además del tema demográfico, el país tiene infraestructura e instituciones adecuadas para desarrollar estos negocios. Pero el espíritu de Ignia es ser latinoamericano. “México sirve para desarrollar conceptos poderosos para la base de la pirámide que luego pueden ser llevados a otros lugares”, dice Chu.

Y ya está pensando en más. Chu asegura que una vez que tengan el 75 por ciento del fondo desembolsado, comenzarán a levantar otro. Y así, de paso, ayudarán a derrotar la pobreza, un tema que se preocupa de no dejar en el tintero.

“Una de las pocas maneras de hacerlo es tomando ideas de alto impacto y convertirlas en negocios exitosos”, dice. “La competencia es lo que realmente asegura que los beneficios de esa actividad no sólo se queden con los inversionistas, sino también con la gente de bajos recursos”.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí