Vista aérea del poblado de San Juan de Grijalva, Chiapas, destruido por un deslizamiento de lodo que dejó veinte heridos y 28 desparecidos. El Ejército mexicano busca más víctimas. (LA PRENSA/AFP)

Difícil recuperar zona del Golfo

Drásticos cambios climáticos y falta de obras hidráulicas hacen crítica la situación en Tabasco y Chiapas Autoridades admiten más de un millón de damnificados; derrame de petróleo aún fuera de control MÉXICO/EFE El sureste mexicano sufre lo que algunos consideran los efectos del cambio climático y otros la falta de infraestructura adecuada, lo que se […]

  • Drásticos cambios climáticos y falta de obras hidráulicas hacen crítica la situación en Tabasco y Chiapas
Autoridades admiten más de un millón de damnificados; derrame de petróleo aún fuera de control

MÉXICO/EFE

El sureste mexicano sufre lo que algunos consideran los efectos del cambio climático y otros la falta de infraestructura adecuada, lo que se ha traducido en la inundación completa de un estado, más de un millón de damnificados y un pueblo sepultado bajo una ola de lodo.

En los últimos días las tragedias se han encadenado una tras otra en el margen sur del Golfo de México, un área altamente vulnerable a las inundaciones, lo que ha tenido como efecto severas pérdidas económicas, muertes, poblaciones arrasadas y daños ambientales.

El Gobierno del Presidente, Felipe Calderón, culpa principalmente a los efectos del cambio climático, mientras que el gobernador del estado de Tabasco, Andrés Granier, exige al Ejecutivo nuevas obras hidráulicas y planes de ordenamiento territorial para amainar los efectos futuros de las lluvias.

Una baja presión en Guatemala, dos frentes fríos seguidos, lluvias extraordinarias de 1,200 milímetros en tres días, y un plenilunio que evitó que los ríos descargaran en el Golfo de México desataron una de las mayores contingencias en el sureste, según la gubernamental Comisión Nacional del Agua.

TRAS CUERNOS, PALOS

“Nos fueron ganando las propias circunstancias”, insistió hoy el secretario de Gobernación (Ministro de Interior) de México, Francisco Ramírez, en una entrevista con el canal Televisa.

El primero de estos sucesos tuvo lugar el pasado 23 de octubre, cuando 21 empleados petroleros perdieron la vida, después de que una plataforma marítima golpeó un pozo de la estatal Pemex en medio de un fuerte oleaje en el Golfo de México.

Además, el percance produjo una fuga de crudo que después de 14 días aún no ha sido controlada y vierte al mar entre 400 y 450 barriles diarios, confirmaron fuentes de Pemex.

Las fuertes precipitaciones llevaron exceso de agua al estado de Tabasco, el más rico en recursos hidrológicos y por donde cruzan dos de los mayores ríos de México: Grijalva y Usumacinta.

Esas lluvias inundaron el 70 por ciento de Tabasco y dejaron damnificadas a más de un millón de personas después de que varios ríos se desbordaron y anegaron varias poblaciones, especialmente Villahermosa, la capital.

Durante las precipitaciones, el Gobierno tuvo que descargar agua de la presa Peñitas, lo que agravó el caudal de los ríos tabasqueños en medio de las inundaciones.

Lo sucedido demuestra la necesidad urgente de nuevas obras hidráulicas, según Granier.

Las últimas víctimas son los pobladores de una aldea indígena del vecino estado de Chiapas, que quedó sepultada el domingo por una inmensa ola de agua y lodo, después de que se derrumbó un cerro sobre el río Grijalva.

El saldo de la tragedia es de una veintena de heridos y entre 16 y 28 desaparecidos, según las versiones del Gobierno y de los rescatistas.

El investigador Alejandro Toledo, del Instituto Nacional de Ecología de México, explica en un estudio que las condiciones de los márgenes de los ríos y de los suelos, la sinuosidad de los cauces y las grandes descargas de sedimentos de las cuencas altas hacen de Tabasco y Chiapas un área erosionable.

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