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MIAMI/AP
Los expertos dicen que el intento de Nora Sándigo por conseguir que la Corte Suprema detenga la deportación de inmigrantes ilegales con hijos nacidos en Estados Unidos, no tiene futuro.
No obstante, Sándigo no se inmuta. Después de todo, no hay nada que no haya escuchado antes.
Los opositores se mofaron cuando la activista de Miami y ex partidaria de los rebeldes nicaragüenses (“contras”) se movilizó para tratar de detener la deportación de miles de inmigrantes centroamericanos que habían huido de las guerras civiles de la región en la década del ochenta.
Después la mujer colaboró para interponer una demanda colectiva en su nombre, lo que hizo que el Congreso aprobara una ley que les proporcionó protección en 1997. Los expertos dijeron lo mismo antes de que ella ayudara a otros miles de centroamericanos a conseguir protección temporal cuando se desencadenaron desastres naturales varios años después.
“Tenemos que intentarlo. Todavía no hemos librado la batalla más dura”, dijo Sándigo, una mujer de baja estatura y madre soltera de dos hijos.
Inmigrantes indocumentados que viven en Florida, Nueva York, California e Illinois ya le han pedido a Sándigo que sea la guardiana legal de sus 600 hijos a fin de que ayude a éstos si los padres son deportados.
Unos 100 niños han sido incorporados a la demanda, que podría abarcar a unos 4 millones de inmigrantes ilegales sin antecedentes delictivos.
Los niños nacidos en Estados Unidos son ciudadanos automáticamente, aunque sus padres sean inmigrantes ilegales. Si estos son deportados, a los hijos se les permite quedarse, pero la cuestión es con quién. La mayoría tiene que regresar con sus padres a un país y a una cultura que nunca conocieron, dice Sándigo.
Su demanda busca permitir a los padres permanecer en Estados Unidos hasta que el Congreso apruebe una ley de inmigración que les conceda permanencia legal o hasta que el Departamento de Seguridad Interna les brinde otra posibilidad de quedarse.
Sándigo dijo que la demanda era la única opción después que fracasó el miércoles en el Senado un proyecto para dar a algunos hijos de inmigrantes ilegales una posibilidad de residencia, lo que probablemente condenó cualquier otro proyecto sobre el tema este año.
Sándigo, de 42 años, es una activista de inmigración poco común. No está vinculada con los grupos defensores de los derechos de los trabajadores ni grupos izquierdistas. Aunque ha trabajado en cuestión inmigratoria con demócratas como el senador Edward Kennedy, su virulenta oposición al Gobierno sandinista de Nicaragua le ha valido el respeto de los republicanos conservadores en el Congreso, como también su apoyo al libre comercio. Ha visitado la Casa Blanca al menos cinco veces en el último año.
“Es muy bueno tener a Nora tan involucrada en la reforma inmigratoria a nivel local, estatal y federal, porque equilibra el espectro ideológico”, dijo la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, que conoce a Sándigo desde hace más de una década.
Sándigo huyó de Nicaragua siendo adolescente, dejando atrás a sus padres, después que el Gobierno sandinista confiscó la finca de su familia. Durante la década del ochenta suministró a la contrarrevolución ropa y “todo lo que fuera necesario” y más adelante sacó a su hermano de 16 años del país antes de que fuera enrolado en el ejército sandinista.