- Corea estrecha sus lazos con Latinoamérica para encontrar nuevos destinos a sus exportaciones
SEÚL / COREA
Durante el 17 y 18 de septiembre el argentino Nicolás Belgorosky casi no se levantó de un sillón en el lobby del Hotel Sheraton en Seúl. Allí, el ejecutivo del University Language Center de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se dedicó a atender a casi una docena de ejecutivos coreanos de universidades e institutos de idiomas interesados en hacer alianzas, para ofrecer a sus compatriotas los cursos de español que su organización dicta en Argentina.
“El interés de los coreanos por aprender español es creciente y Buenos Aires tiene muchas fortalezas: es barata y entretenida”, dice entusiasmado. Junto a él, otros empresarios latinos copaban las mesas del lugar mientras conversaban con sus pares coreanos sobre diversas oportunidades de negocios.
Basura reciclada panameña, café orgánico colombiano, zapatos para diabéticos mexicanos, cosméticos argentinos, eran algunos de los productos que una armada de pequeños y medianos hombres y mujeres de negocios de América Latina buscaban colocar en ese mercado asiático.
La visita de más de un centenar de emprendedores latinos a la capital coreana no fue casual. Habían cruzado el Pacífico invitados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para participar en el Korea-Lac, Trade and Investment Forum, una iniciativa con la que el organismo quiso comenzar a sacar punta a la incorporación de Corea como socio, que se hizo parte del organismo a fines del 2005, tras adquirir 184 acciones.
La llegada de Corea al BID es la mejor prueba del interés de ese país por estrechar lazos con América Latina.
Para la 12ª economía del mundo construir vínculos cada vez más fuertes con la región se ha transformado en una de sus prioridades por tres razones. Primero, la necesidad de encontrar nuevos destinos para sus exportaciones. Segundo, el interés por participar en los proyectos que el BID financia. Y tercero, como una forma de asegurarse en mejor forma el suministro de commodities que requiere su veloz industria tecnológica y automotriz.
Con relación a la búsqueda de nuevos destinos para sus exportaciones, la necesidad parece obvia. Inserto en Asia, rivalizando con las economías más competitivas del mundo, su capacidad para seguir creciendo parece estar llegando a su límite.
REGIÓN DE OPORTUNIDADES
“Corea tiene que buscar nuevos mercados. El 70 por ciento de nuestras exportaciones tiene como destino Asia, donde la competencia es muy fuerte. América Latina es una oportunidad de diversificar esos destinos”, dice Sung-Kyu Choi, alto funcionario de préstamos de Korea Eximbank para América Latina.
Además, poder acceder a los proyectos que el BID lidera fue razón de peso a la hora de decidir convertirse en uno de sus socios. “A partir de su incorporación, cualquier empresa coreana que desee participar en una licitación de un proyecto financiado por el BID podrá hacerlo, algo que no está permitido para firmas cuyos Estados no son accionistas”, dice Luis Alberto Moreno, presidente del organismo. “Además, esta incorporación es una forma de hacer uso de todo el conocimiento que el BID tiene sobre la región”, añade.
Algo que Corea necesita para mejorar su relación con los países latinos y asegurarse el suministro de materias primas.
El trabajo de los coreanos con el BID ya está en plena marcha. El país asiático constituyó con su aporte tres fondos que totalizan US$150 millones para trabajar en tres de las áreas donde el BID es más activo: reducción de pobreza, pequeña y mediana empresa y ciencia y tecnología. Del total de los fondos, ya han sido utilizados US$15 millones en una cincuentena de proyectos hoy en ejecución.
TERCERO EN ASIA
Detrás de China y Japón, Corea se ha consolidado como el tercer destino de las exportaciones latinas, seguida a una distancia considerable de India.
Según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), durante 2005 los envíos totales a ese país ascendieron a US$5,262 millones (ver gráfico). De estos, la mayor proporción correspondió a las exportaciones chilenas, con el que se firmó un TLC en 2004, que totalizaron US$2,214 millones, y brasileñas, que sumaron US$1,896 millones.
A la vez, sólo durante los últimos cuatro años las exportaciones coreanas a la región han crecido 16 por ciento y la Inversión Extranjera Directa (IED) se disparó 34 por ciento.
De hecho, la intensidad alcanzada en el intercambio comercial entre Brasil y Corea llevó a uno de los mayores actores de esta escena, la minera Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), a abrir una oficina comercial en Seúl recientemente.
La iniciativa —la primera de una empresa brasileña en ese país— busca poner un pie con fuerza en uno de los mercados que más han crecido para la minera.
De acuerdo con cifras de CVRD, la participación de sus exportaciones en el total de los envíos de Brasil a Corea crecieron desde 15 por ciento a 24 por ciento entre 2003 y 2005. Pero este es sólo un paso más en la relación coreano-brasileña que ha liderado CVRD.
La compañía posee junto a Posco, la mayor productora de acero de ese país, la planta de pellet de Kobrasco, un joint venture en Vitória, en el Estado de Espírito Santo, con una producción anual de cinco millones de toneladas.
Además, con la también coreana Dongkuk Steel, CVRD comparte el proyecto de acero de Ceará, otra planta de acero ubicada en ese Estado y que se espera produzca 1.5 millones de toneladas cuando sea inaugurada en 2009.
Para seguir intensificando el intercambio entre ambas regiones habrá que derribar algunas trabas. Entre ellas, las barreras arancelarias que países como Brasil imponen, por ejemplo, a la industria automotriz, una de las más importantes para los coreanos.
Al mismo tiempo, “toda Asia es muy defensiva de su industria alimenticia, lo que dificulta las negociaciones de otros TLC distintos de Chile”, dice Mauricio Mesquita, economista del BID. Pero algunos pasos ya comenzaron a darse para mejorar la relación.
Al menos el argentino Belgorosky se está ocupando de enseñarles español.